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CRÍTICA DE CINE / «Furia ciega»: Cage de serie B

Director: Patrick Lussier. Guión: Todd Farmer y P. Lussier. Protagonistas: Nicolas Cage, Amber Heard y William Fichtner. EE UU, 2011. Duración: 104 minutos. Acción.

«Furia ciega»: Cage, de serie B
«Furia ciega»: Cage, de serie Blarazon

Cansado, quizá, de una carrera que durante los últimos años no es ni carne ni pescado, y todavía caliente en la cartelera el ejemplo más reciente, «En tiempo de brujas», Nicolas Cage se ha liado definitivamente la manta a la cabeza y enfundado un buen par de pistolas al cinto (de esas cuya munición parece eterna) para protagonizar un bestial, exagerado pero divertido plagio de copia, un filme deudor del cine norteamericano de serie B realizado en los 70 al que tanto admiran, por otra parte, Tarantino, y, sobre todo en el caso que nos ocupa, Robert Rodríguez y el penúltimo Carpenter (entiéndase «Vampiros del desierto»). Una psicotrópica película en 3D un tanto defectuosa o de andar por casa debidamente influida por los cineastas mencionados no apta para todos los estómagos ni paladares que chorrea acción, sangre a cubos e incluye de propina alguna que otra escena gore y varios pares de senos femeninos al aire en homenaje, otra vez, a buena parte de los filmes realizados aquella salvaje década. Cage, teñido ahora de rubio intenso, encarna a un hombre dominado por el afán de venganza que persigue a los asesinos de su hija, pertenecientes a una secta y en cuyas manos está el bebé que tuvo poco antes de morir. Al igual que Charles Bronson aunque sin bigote y con un personaje valioso, el Contable, a las espaldas pegado, imparte justicia a su manera mientras siembra de cadáveres medio EE UU y se encamina hacia un final alucinado. Desajustes de guión, el atolondramiento del director Patrick Lussier y una evidente tendencia al exceso desmedido confirman lo complejo que resulta siempre emular lo ya emulado. Aunque el original ya fuera un estupendo disparate.