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El Editorial

La decisión de Alfredo P

Tiempo de lectura 4 min.

08 de julio de 2011. 22:31h

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9/7/2011

«Espero verles en mi otra vida política». La frase, pronunciada ayer ante los periodistas tras su último Consejo de Ministros, era de Alfredo Pérez Rubalcaba. El vicepresidente primero del Gobierno, portavoz del Ejecutivo y ministro del Interior anunciaba lo que, para todos, era sólo cuestión de horas: su pase a la primera línea del PSOE para encabezar la candidatura socialista a las elecciones generales. Con su decisión, fuerza la máquina del partido para acudir hoy al Comité Federal con el fin de ser proclamado, oficialmente, candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno. Algo que sin duda acompañará de un pormenorizado desglose de lo que será su campaña. Rubalcaba, un animal político de larga trayectoria desde los ya lejanos tiempos de Felipe González, intenta reinventarse y presentarse como «lo nuevo» en un momento crítico para su partido. No le será fácil vender su mercancía de más de lo mismo a unos electores que, si bien reconocen su buen trabajo en la lucha contra el terrorismo etarra y sus constantes golpes al entramado radical, no olvidan que su partido es el responsable directo –ya que del PSOE ha sido la responsabilidad de Gobierno–, de las actuales cifras del paro, que ronda los cinco millones de personas, y de unas políticas de ajuste económico que no se han detenido ante el sueldo de los empleados públicos o los pensionistas. No resultará fácil presentarse como alternativa cuando uno proviene del mismo Ejecutivo que lleva en paro técnico desde el anuncio de su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, de no volver a presentarse a unas elecciones generales. Algo que resulta más obvio aún a la vista del anuncio realizado ayer por Rubalcaba, que ha oscurecido todavía más la importancia de Rodríguez Zapatero, ya que debería ser el presidente el que anunciase la marcha de su vicepresidente, y no al revés, como ayer sucedió. Su pase a primer línea electoral deja una vacío de poder demasiado obvio ante el que pocos se preguntan ya cómo será cubierto en este desfallecido Ejecutivo. En su salto a la arena electoral, Alfredo P. Rubalcaba, como él mismo se ha vendido en los últimos días, lleva de fábrica su buena capacidad para comunicar y su camaleonismo ante situaciones complicadas. Sin embargo, y como hemos visto en los últimos días, ciertos coqueteos con las bases más izquierdistas de su partido o movimientos como el 15M le perjudicarán. En un momento de grave crisis económica y de ataques desde el exterior a nuestra deuda soberana no es de recibo que se cometa el error de cargar contra nuestras entidades financieras. De él se espera mayor responsabilidad que de ciertos ministros con sus ataques a nuestros bancos. Y más con las pruebas de estrés de la Unión Europea a las puertas. El horizonte político de Rubalcaba no es esperanzador, ni para él ni para su partido. Sin embargo, puede ser constructivo. Podría y debería serlo si trabaja con el ganador de las próximas elecciones generales en la recuperación de la riqueza y gobernabilidad de España.

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