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Jesulín tira de la manta por Jesús Mariñas

Un nuevo culebrón está servido, la realidad siempre supera a la ficción folletinesca y televisiva de los mejores tiempos de Sautier Casaseca y Doroteo Martí. Fueron tan incomprendidos como aquella «Tómbola» de Canal-9, Mater et Magistra, aula magna de lo que ahora se ve despendolado por los platós. En los tiempos de Jesús Carrascosa ni apuntábamos las maneras destructivas que hoy reflejan programas acaparadores de audiencia.

La Razón
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Las 19 páginas que «¡Hola!» dedica a Jesulín y Campanario servirán como balón de oxígeno al exhausto repertorio de Belén Esteban. Lo que el torero larga abastecerá su arsenal. Si durante diez años calló en un silencio incomprensible que María José define como «sangre de horchata», parece que ya no podía más. O acaso le acucian urgencias económicas que lo han llevado a deshacerse de parte de su patrimonio. Bien lo detalla Jesús alejándose de «Ambiciones», tan emblemática como «Falcon Crest» o «Dinastía». Detalla, precisa y hasta amenaza, ojo: son 19 páginas sin desperdicio donde tan sólo una vez nombran a Belén. En toda la información sólo citan a «la madre de Andreíta» o a «la otra». Amaga Jesulín sin llegar a metérsela hasta el puño, matar no era su mejor faena: «Cuando escriba mis memorias contaré porqué eché de mi lado a la madre de mi hija, una niña a la que no descuido y de la que estoy informado hasta de sus más pequeños pasos». No es el padre desalmado, distante o pasota que nos vende la rubia de nariz reoperada que tan poco aportó a la gloria del barcelonés Vila Robira cuya esposa, Montse Folch, ha logrado que Montse Caballé, sobrina de la diva inextinguible que no tiene reemplazo, perdiese 39 kilos en un año. No todo consiste en alcachofa.

Duro, Jesulín asegura que «la peor puñalada de mi vida fue, cuando estando a la muerte, pedí que me trajeran a mi hija y no me lo concedieron». Acaso quería ofrecerle su último suspiro y Belén, vengativa, se negó. Dieciséis marcas colaboraron en este reportaje y Nati Abascal firma un estilismo no muy acertado. Apenas realza a Campanario salvo recogiéndole la melena e infumable es ese bolso-bandolera fucsia. Lo suyo es el glamour y no recrear lo cotidiano o vulgar. Nati es así de exquisita. Aunque igual lo añadió para remarcar cierto catetismo. Que todo podría ser con lo bien que la sevillana habla de Belén.