Barcelona

Alfombra roja en San Sebastián

Estrellas del séptimo arte brillan estos días en San Sebastián. El Festival de Cine atrapa todas las miradas, pero la ciudad bien merece un relajado paseo. Imprescindible tomar unos «pintxos» en la parte vieja o pasear descalzos por la Bahía de La Concha. Donosti engancha 

La escultura «Construcción Vacía, de Jorge Oteiza, marca un antes y un después en el Paseo Nuevo
La escultura «Construcción Vacía, de Jorge Oteiza, marca un antes y un después en el Paseo Nuevolarazon

Decir de San Sebastián que es una ciudad de película puede sonar a tópica y vaga descripción. Más ahora, cuando la alfombra (en esta ocasión negra) de la 58 edición del Festival de Cine cobija estos días los pasos de las grandes estrellas del celuloide nacional e internacional. Pero no es cuestión de falta de imaginación. Simplemente es una realidad objetiva. Y no hacen falta muchas horas pateando sus calles para entenderlo. Pocos minutos bastan para tener la corazonada de que Donosti pasará a formar parte de la lista de nuestros destinos favoritos, de esos que, aunque los visitemos una y otra vez, nunca decepcionan.

El río Urumea es nuestro primer compañero de viaje. En su orilla, el mítico dúo formado por el Teatro Victoria Eugenia y el Hotel María Cristina son dos paradas obligadas en la «ruta de las estrellas». Desde Mata Hari hasta John Malkovich, pasando por los geniales Alfred Hitchock o Woody Allen, han admirado la fachada neoplateresca del teatro y han sucumbido al cálido lujo que reina en el hotel.

Un poco más allá, el puente de Zurriola nos obliga a darnos de bruces con el Palacio de Congresos y Auditorium Kursaal, símbolo de la vanguardia donostiarra que el arquitecto Rafael Moneo concibió como dos rocas varadas frente al mar. Al caer la noche, su curiosa silueta iluminada queda grabada en la retina.

La ruta debe seguir por el Paseo Nuevo, bordeando el monte Urgull, fortaleza natural de la ciudad coronada por el castillo de la Mota. Y a la derecha, la inmensidad del Cantábrico. La imponente escultura denominada «Construcción Vacía», obra de Jorge Oteiza, marca un antes y un después en la caminata.

Desde aquí, empezamos a vislumbrar la panorámica de la Bahía de La Concha, pero todavía hay que esperar un poco para pisar su fina arena. Antes, toca descubrir el rostro más tradicional de la urbe. La primera parada es su puerto. Y es que, como si de un pequeño pueblo pesquero se tratara, la plaza Kaiarriba y el Paseo del Muelle rezuman las costumbres de antaño. El ajetreo nos deja pasmados y nos obliga a sentarnos en uno de los bares del lugar y chuparnos los dedos con un buen pescado fresco.

El alma de la urbe
Con fuerzas renovadas nos adentramos en la parte vieja de San Sebastián. Calles estrechas y rectas aguardan la esencia de la ciudad: incontables bares, restaurantes y sociedades gastronómicas. Imperdonable sería salir de aquí sin llevarse a la boca uno, dos o tres «pintxos», obras de arte en miniatura que hacen las delicias del paladar. Donosti sabe de cine.

El corazón del pintoresco casco viejo es la plaza de la Constitución, cuyas coloridas fachadas con números pintados en cada balcón nos recuerdan que en su día fue coso taurino. Las visitas forzosas pasan por la iglesia de San Vicente y la Basílica de Santa María, cada una en un extremo de la calle 31 de Agosto –la única que quedó en pie tras el incendio provocado por el asedio de las tropas inglesas de Wellington en 1813–.

La concurrida Alameda del Boulevard nos guía hasta el Ayuntamiento, antiguo casino cuyas paredes fueron testigos mudos de los mejores momentos de la «Belle Epoque» donostiarra. Aquí arranca la inconfundible Bahía de La Concha, considera por méritos propios una de las más bellas de España –si no la que más–. Merece la pena bajar unas pocas escaleras, quitarse los zapatos y recorrerla descalzos. La arena nos lleva hasta el confín de la playa de Ondarreta, culminada magistralmente por el Peine del Viento, tres esculturas de Eduardo Chillida.

Pero aún hay una cita pendiente: subir en funicular hasta el monte Igeldo, inmejorable mirador de la ciudad. Entre viejas atracciones infantiles y el runrún de la risa emocionada de los niños, la panorámica de San Sebastián nos deja boquiabiertos. No es para menos. Esta ciudad poco o nada tiene que envidiar al séptimo arte.

Cómo llegar. El Grupo Iberia ofrece hasta ocho vuelos directos al día desde Madrid y cuatro desde Barcelona a San Sebastián. También dispone de cómodas conexiones para viajar desde cualquier otro aeropuerto de la red de Iberia.
Oferta. La oferta de compra anticipada de iberia.com permite volar a Donosti desde sólo 29 euros por trayecto. Las tasas y gastos de emisión no están incluidos. (Precios vigentes al cierre de esta edición).
Más cómodo. Puede descargarse la tarjeta de embarque en el móvil o PDA para viajar a esta ciudad; así puede ir directamente a la puerta de embarque, sin necesidad de llevar ningún papel.
Más información. En la página web iberia.com, en Serviberia (902 400 500) y en agencias de viaje.