Andalucía

Rubalcaba sólo en la derrota

Ningún dirigente del PSOE arropó al candidato en su comparecencia. Desveló que le ha pedido a Zapatero un congreso federal inminente

Pérez Rubalcaba, ayer, saluda a sus simpatizantes tras ejercer su derecho al voto
Pérez Rubalcaba, ayer, saluda a sus simpatizantes tras ejercer su derecho al votolarazon

Madrid- Castigo sin paliativos. Las urnas hablaron y hablaron de forma contundente: arrolladora victoria del PP y hundimiento clamoroso de un PSOE que obtiene el peor resultado de la historia de la democracia. Su suelo estaba en 118 escaños que fue el resultado de 1977, pero durante toda la campaña electoral la barrera psicológica se había situado en los 125 escaños que obtuvo en 2000 Joaquín Almunia. Ni lo uno ni lo otro, los socialistas no pasaron de los 110 escaños, en buena parte porque en Cataluña el PSOE no logró los resultados esperados, ya que deja de ser primera fuerza política para dar paso a CiU –lo que podría invalidar a Chacón para la carrera sucesoria–. Y tampoco en Andalucía, tradicional feudo de los socialistas, donde se produjo un vuelco histórico en favor de los populares. El batacazo fue de tal envergadura que nadie salió a arropar al candidato Rubalcaba en la sede del PSOE en el momento de asumir en público la contundente derrota. Y nadie sabe si fue por voluntad propia o porque quienes allí estaban no quisieron formar parte de la foto de la derrota.

El PSOE camina ahora inexorablemente hacia un congreso federal. Y de eso se hablará, y mucho en la Ejecutiva Federal que presidirá hoy José Luis Rodríguez Zapatero. El propio Rubalcaba ya desveló anoche que había trasladado al secretario general, este es aún Zapatero, su convicción de que el PSOE debe celebrar lo antes posible un cónclave ordinario. Fue todo lo que dijo. Nada sobre su intención de si pujará o no por el liderazgo en ese inminente congreso que algunas fuentes aseguran podría convocarse esta misma semana, y no necesariamente esta mañana. Tampoco nadie lo esperaba, después de que en plena campaña Rubalcaba desvelara que la noche del 20-N no se iría, entre otros motivos porque no tiene cargo que abandonar.

Y más allá de la referencia obligada a la cuestión orgánica, Rubalcaba agradeció el apoyo de los 7 millones de españoles que han votado PSOE al tiempo que prometió estar a la altura «de acuerdo a nuestra identidad política, nuestros valores, nuestras convicciones y nuestro sentido de la responsabilidad con España. Los ciudadanos nos quieren en la oposición y así lo haremos», dijo. La noche no dio para más en la madrileña sede del PSOE, donde en toda la tarde no hubo ni banderas, ni sonrisas,, ni goteo de caras conocidas.... Sólo un hervidero de cámaras, fotógrafos y «plumillas» acreditados para grabar y contar las primeras reacciones. Y la verdad es que la calle Ferraz ya estaba teñida de negro y desolación antes incluso de conocer los resultados. Será porque esta vez el veredicto de las urnas era tan claro como esperado. Así que no hubo margen para el optimismo, ni para la lucubración, ni mucho menos para la intoxicación periodística. «El resultado será gris como el día», auguraba un alto dirigente dos horas antes del cierre de las urnas.

Quizá debió decir negro y no negro porque cuando Alfredo Pérez Rubalcaba llegaba al PSOE en torno a las dos de la tarde para almorzar con su equipo de campaña ya sabía que España quería cambio y cambio votaría. La crisis, la deuda, el paro, los recortes y la prima de riesgo eran una pesada losa que ninguna campaña electoral, por intensa que hubiera sido, podría levantar.