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Premios Príncipe de Asturias

El Príncipe pide un cambio moral para luchar contra la crisis

El heredero apostó en su discurso de entrega de los galardones por los valores éticos. «Debemos buscar la moderación donde haya habido excesos; ética donde haya habido abusos», dijo.

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Tiempo de lectura 4 min.

22 de octubre de 2010. 20:14h

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22/10/2010

OVIEDO-Momentos difíciles, época de retrocesos, incertidumbre y dificultades económicas. Esas fueron las palabras y la terminología que impregnaron los discursos de la ceremonia de entrega de los XXX Premios Príncipe de Asturias. Un vocabulario/espejo que refleja la coyuntura económica, política y social que atraviesa el mundo. Don Felipe lo resaltó con claridad, sin ambages, para todo el que quiera escuchar y desee comprender, claro. Hay que «construir una economía más competitiva y eficiente, ágil para adaptarse a los acelerados cambios que vivimos y que sea capaz de generar empleo». Pero a continuación matizó: «Una sociedad solidaria e inclusiva, en la que tantas personas sin trabajo sepan que su situación es tan solo transitoria, nunca una desesperanza sin final». Un recuerdo para los parados, para los que requieren apoyo y ayuda en estos años. Una manera de expresar la necesidad de cambio. Pero un cambio, cualquiera, requiere una modificación de las actitudes morales. Si no, es imposible. «Debemos buscar la moderación donde haya habido excesos; ética donde haya habido abusos. Y actuar así con realismo, coraje y rigor a partir de la integridad, el esfuerzo y la cultura del trabajo bien hecho», resaltó.


Los valores humanos
Y es que si ha habido un aspecto que ha enfatizado esta edición de los Premios Príncipe de Asturias son los valores humanos. En todas las categorías. Bauman y Touraine representan la preocupación por la deriva de una sociedad asediada por la crisis y la globalización, y con los derechos humanos en plena retirada. Maalouf, la defensa de las diferencias y la integración. La Sociedad y la Organización de trasplantes, junto a Manos Unidas y los científicos galardonados por sus investigaciones para reducir el dolor, la voluntad para mejorar y prolongar la vida. Richard Serra y los arqueólogos del yacimiento de Xi'an, la capacidad de transformación de la cultura  y difundir las ideas, la creatividad y la historia. Y la Selección Nacional Española de Fútbol, la superación por el camino de la sencillez, el tesón y el esfuerzo honesto. «Los tiempos de crisis –insistió Don Felipe– nos obligan a redefinir proyectos y modos de vida. Es en los momentos difíciles cuando los pueblos deben expresar más claramente la altura de sus ideales, su lucidez y su grandeza de ánimo. Demos mayor vigor e impulso a nuestra vida pública. Renovemos comportamientos y cambiemos actitudes. Generemos otra vez ilusión y confianza en proyectos que nos integran y cohesionen cada día más».

El príncipe de Asturias aprovechó la metáfora del deporte, la pasión que levanta el fútbol en la población, para lanzar un mensa. «Sois    –dijo refiriéndose a los jugadores– la España joven, ambiciosa y capaz, sin complejos ni renuncias; una demostración de que la juventud española actual está preparada para aspirar a las máximas metas». Indicó, sabiendo la difusión que tendrían las palabras que dirigiera a este equipo, el ejemplo que todos ellos han dejado entre los jóvenes: «Les habéis enseñado lo que se consigue con la noble lucha deportiva, manteniendo la voluntad y el esfuerzo hasta el último minuto del partido. Les habéis recordado cómo, con unión y compañerismo, con nobleza y confianza, se superan las caídas y las pruebas de la vida diaria. Sin perder la esperanza ni la templanza cuando hay que luchar cotidianamente, cada uno en la tarea que nos corresponde». No dejó, por supuesto, de comentar la repercusión que tuvo su victoria en el Mundial de Fútbol en un país que venía castigado por la economía: «En esos días, en las calles, plazas y casas de nuestros pueblos y ciudades nos hicisteis sentir la emoción y el orgullo de ser españoles. De pertenecer a una gran nación».

Don Felipe no fue el único en identificar los problemas y en apelar a la esperanza. Amin Maalouf, que durante  estos días no ha dejado de firmar libros, aprovechó esta oportunidad para describir en qué momento de la historia nos encontramos: «Si nos descuidamos, este siglo recién empezado será un siglo de retroceso ético; será un siglo de progresos científicos y tecnológicos, pero también un siglo de retroceso ético. Se recrudecen las afirmaciones identitarias, violentas y retrógradas, pierde fuelle el sueño europeo; se erosionan los valores democráticos».

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