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Más crisis menos divorcios

La Razón
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Algo de bueno tenía que tener la crisis y parece que va a ser que las cifras de los divorcios, como todas las demás, también descienden. No es que hayamos aprendido a querernos más y mejor, ni que tengamos más paciencia, sino que las penurias económicas entre dos son menos, y que en esos tiempos tan duros ya no es posible que se dé el cuento de la Barbie divorciada («¿que por qué es más cara que cualquier otra? Porque viene con el coche de Ken, la casa de Ken¿»), porque el Ken de turno no tiene ni con qué pagar la pensión que le asigna el juez y ella acaba por comprender que, contra el vicio de pedir, la virtud de no dar, máxime si no hay de dónde sacar. Así las cosas, en 2008 se han roto diez mil matrimonios menos que en 2007, lo que viene a suponer unas veintiocho rupturas menos cada día. No se cuántos divorcios se producían antes de más -aunque siempre he mantenido que el divorcio express abocaba a la falta de reflexión y, por tanto, se hicieran efectivos divorcios evitables-, ni cuántos habrá ahora de menos; pero lo cierto es que, a lo mejor, gracias a la crisis, hay familias que logran reconciliarse, convivir y que deciden que, verdaderamente, como en esa casa que se vuelve hogar, gracias a sus miembros, no se está en ningún sitio. Lo peor del asunto es que siempre habrá quien tenga que aguantar de más y lo mejor, que los hijos seguirán teniendo a su papá y a su mamá junto a ellos y que no tendrán que andar repartiendo, por casas distintas, las ropas y los afectos.