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Homar y Pou: aquí un viejo amigo

Cuándo: del 15 de enero al 2 de febrero. De martes a sábado, 20:00 h. Domingos, 19:00 h.

Dónde: Naves del Español-Matadero Madrid.

Cuánto: de 16,50 a 22 euros. Tel. 91.5 17. 73.09.

  • Lluís Homar, como Spooner, en una escena de «Tierra de nadie»
    Lluís Homar, como Spooner, en una escena de «Tierra de nadie»

Tiempo de lectura 8 min.

09 de enero de 2014. 22:01h

Comentada
9/1/2014

Spooner y Hirst llevan años sin verse. O quizá nunca se conocieron. Uno ha fracasado, el otro es un triunfador. O quizá no tanto. Quizá, quizá... Quizá sea «Tierra de nadie» la gran obra de Harold Pinter –el propio autor, fallecido en 2008, eligió un fragmento de esta pieza para ser leído en su funeral–, pero una cosa es segura: encierra en sus líneas la esencia de su escritura dramática, con encuentros claustrofóbicos y duelos psicológicos asistidos por el laberinto de la palabra. Xavier Albertí estrenó en 2013 en el Teatre Nacional de Catalunya este texto escrito por el Nobel inglés en 1974 y nunca antes visto en España. Ahora, llega al Matadero de Madrid, en español y con los mismos intérpretes, un cuarteto encabezado por Lluís Homar y José María Pou, junto a David Selvas y Ramón Pujol.

Para Homar y Pou supone reencontrarse tras su experiencia juntos en 2012 en «Hélade», aunque, matiza el primero, pese a lo que pueda parecer en estos dos referentes de la escena catalana –y española, en general–, no han coincidido mucho más, salvo en algún episodio televisivo. Spooner y Hirst tuvieron voz originalmente en dos «monstruos» de la escena británica, John Gielgud y Ralph Richardson. Y, curiosamente, justo el año pasado, casi a la vez que Homar y Pou estrenaban en la sala pequeña del TNT «Terra de ningù», Ian McKellen y Patrick Stewart hacían lo propio en Broadway con «No man's land» (en un doblete para la historia junto con «Waiting for Godot»). Repartos todos encabezados por actores de peso y ya con una importante trayectoria a sus espaldas. «Indudablemente, es necesario –reconoce Homar–. Los protagonistas son señores mayores, de unos 60 años, se supone que después de un recorrido de vida y de profesión, en la etapa en la que uno realmente se hace preguntas. En ese sentido, para mí ha sido muy gratificante». En lo que se distancia esta propuesta del montaje inglés es en su forma de abordar el humor de Pinter, muy subrayado en aquélla: «Hay momentos que la gente se ríe, pero en ese sentido, es distinto. Nuestra intención no es buscar el humor; está, pero partiendo de la situación que se cuenta», dice Homar de este montaje.

Éxito o fracaso

El actor suelta una risa cuando se le pregunta sobre el complejo mensaje de esta tragicomedia pinteriana: «Soy incapaz de resumirlo. Contar las obras me parece casi imposible. Ésta es tan abierta que uno puede decidir de qué quiere que hable». Y asegura: «Hay quien sugiere que, al final, en realidad ellos no se conocen, que todo lo que han contado del pasado no es verdad; no es la opción que hemos tomado nosotros. Hemos apostado por un final muy claro».Y remite al director, Xavier Albertí, como el más indicado para explicar la pieza: «Él es el padre de la criatura y un enamorado de este texto desde hace muchos años». De hecho, reconoce, al comienzo el texto no acabó de entusiasmarle y fue gracias al trabajo con Albertí que Pinter le enganchó. Algo parecido a lo que le ocurrió con Thomas Bernhard. Y es que Homar conoce bien a Albertí, director artístico del TNC y un viejo compañero de camino: le ha dirigido en varias obras, entre ellas la fabulosa «El hombre del teatro», de Bernhard, y, cuando el actor se animó a dar un paso como director con el reto de «Luces de bohemia», de Valle-Inclán (se vio a comienzos de 2012 en el Centro Dramático Nacional), Albertí firmó la dramaturgia y la música de su propuesta. «Para mí es un amigo, una persona que respeto y admiro y de la cual siempre aprendo», asegura Homar. «Tierra de nadie» sirve además como un buen escaparate a varias generaciones de actores catalanes: la de Pou (nacido en 1944), la de Homar (1957), la de Selvas (1971) y la de Pujol (1981). «Es un feliz encuentro –reconoce Homar–, de la mano, una vez más, de Xavier Albertí, que respeta las edades que pide la obra». Si bien, el actor subraya: «Estos últimos años en que he estado trabajando mucho por Madrid, me cuesta diferenciarme como actor catalán respecto de mis compañeros de aquí. Tengo muy buenos amigos, además de actores, en esta ciudad. Es verdad sí, que es una muestra de distintas generaciones, y sobre todo en este texto estamos muy bien sintonizados los unos con los otros». Algo que atribuye al director: «Xavier tiene una mano con los actores que es un gustazo: sabe cómo hacer los mecanismos muy faciles y con respeto hacia la persona para que todo suceda».

Pero hablemos de Spooner y Hirst, los viejos conocidos que se reencuentran en una noche cargada de alcohol: «Hay un proverbio chino que se pregunta: ¿es peor el éxito o el fracaso? –exlica Homar–. Aquí estamos ante dos personas que se encuentran una noche: ambos son escritores, uno ha triunfado y el otro ha fracasado. El primero, oh paradoja, no puede dejar de estar alcoholizado todo el día. Y el que se supone que ha fracasado es el que tiene la esencia de lo que es estar vivo como creador».

Pinter escribió «Tierra de nadie» bajo el influjo de «El viejo estadista», la última obra teatral de su admirado T. S. Eliott: «A otro nivel de lectura, esta obra podría ser un encuentro entre esos dos personajes; uno puede ser Eliot, el poeta maestro, y Pinter sería el otro. La obra está escrita justo después de su divorcio, cuando Pinter era guionista en el Hollywood más brillante y él se esta cuestionando al servicio de qué está el talento». Y añade Homar: «A mí me toca Spooner, el personaje de luz que sabe que servir al arte tiene sentido. En un momento, dice: ''Por el camino del arte, se llega a la virtud''. El arte tiene que ser una herramienta de conocimiento, el propio y el del otro: la obra, en ese sentido, nos viene de maravilla para saber a qué sirves, hasta qué punto uno se ha perdido en esa especie de selva, algo que también es muy lógico y muy humano que ocurra». En cambio, «las elecciones que ha tomado Hirst a lo largo de su vida le llevan a que no puede estar cinco minutos sin beber, porque es incapaz de mirarse al espejo».

A Homar parece no haberle ocurrido: sus proyectos combinan el cine (está a la espera de firmar una película que rodaría en Italia en abril o mayo), lo comercial (tiene pendiente una serie para TV3) y la pasión por las tablas: en octubre estrenará un monólogo en Cataluña y sigue de gira entre tanto, cuando puede, con «Adreça desconeguda» («Paradero desconocido»), que interpreta junto a Eduard Fernández.

«Tétrada»: pinter en formato breve

El Teatro de La Puerta Estrecha ofrece estos días (del 15 de enero al 26 marzo) «Tétrada», un montaje dirigido por Eva Varela Lasheras que reúne cuatro piezas breves de Pinter: «Con precisión» y «El nuevo orden mundial», ambas de su faceta más política, junto a «Una especie de Alaska» y «Estación Victoria», más características de su «teatro del absurdo». Dos ejecutivos que hablan mientras toman una copa, una mujer que despierta tras veintinueve años de letargo, tres hombres en una sesión de tortura y la conversación entre un controlador de taxis y un taxista son las tramas y personajes de estas piezas, en las que el autor denuncia un mundo atravesado por el ejercicio de la violencia.

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