Irlanda del Norte: la gran damnificada de la salida europea

Aunque sobre el papel Irlanda del Norte seguirá formando parte de territorio aduanero británico, en la práctica la frontera comercial pasará a estar en el Mar de Irlanda.

Un mural reivindicativo en una calle de Belfast, en Irlanda del Norte
Un mural reivindicativo en una calle de Belfast, en Irlanda del Norte FOTO: Peter Morrison AP

En menos de un mes Boris Johnson podrá proclamar a los cuatro vientos que ha logrado su objetivo de sacar completamente a Reino Unido de la Unión Europea. O mejor dicho, a Inglaterra, Escocia y Gales, porque Irlanda del Norte sigue sumida en un mar de dudas: comerciales, políticas y territoriales.

Dentro del acuerdo que logró alcanzar Boris Johnson con el bloque comunitario allá por octubre, se incluye que Belfast seguirá alineada con ciertas normas del mercado único europeo, como aduanas o tarifas, al contrario que el resto de Reino Unido, que negociará un nuevo acuerdo comercial durante 2020. Aunque sobre el papel Irlanda del Norte seguirá formando parte de territorio aduanero británico, en la práctica la frontera comercial pasará a estar en el Mar de Irlanda.

El objetivo de este pacto es evitar una frontera física entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, ya que esto podría poner en riesgo los acuerdos del Viernes Santo de 1998 que pusieron fin al conflicto norirlandés.

Precisamente estos acuerdos de paz también fijaron que sería necesario un gobierno de coalición entre los dos partidos mayoritarios de Irlanda del Norte. Pero los católicos-nacionalistas y los protestantes-unionistas llevan desde las elecciones de enero de 2017 sin entenderse y el Parlamento de Stormont está parado desde entonces. Tal es el bloqueo político que atraviesa la región que si no se consiguen entender antes del 13 de enero, se tendrán que volver a repetir las elecciones.

Algo que quiere evitar el Ejecutivo de Boris Johnson, una vez ya ha conseguido encauzar la salida de la Unión Europea. El ministro para Irlanda del Norte, Julian Smith, tiene ahora la complicada tarea de conseguir que nacionalistas y unionistas acerquen posturas. No obstante, una nueva amenaza comienza a aparecer en el horizonte: la reunificación de Irlanda.

Mientras que en junio de 2016 los británicos optaron por la salida de la Unión Europea, desde Belfast se mandó un mensaje claro de que si por ellos fuera, no se produciría tal divorcio, ya que el 55% de los norirlandeses apoyaron la permanencia.

La frustración por verse fuera de la Unión Europea, unido al hartazgo por el bloqueo político, ha hecho resurgir con fuerza el sentimiento nacionalista y de reunificación con la República de Irlanda. Y recordemos que en el Acuerdo de 1998 también se incluyó una cláusula por la que en caso de que haya «evidencias que confirmen un cambio en la opinión pública sobre su estatuto constitucional» se podría convocar un referéndum sobre la reunificación de las dos Irlandas. Johnson podrá cerrar el capítulo europeo pero se le abren nuevos frentes territoriales en Irlanda del Norte y en Escocia que marcarán este 2020.