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La defensa de Trump acusa a los demócratas de dar un golpe contra Trump

El abogado de la Casa Blanca asegura que lo que pretenden es “revertir” los resultados de las pasadas elecciones y evitar que el presidente se pueda presentar este año

Los senadores estadounidenses pueden insistir en sus afanes en pos de la verdad, pero las sesiones del «impeachment» tienen mucho de espectáculo para los previamente convencidos, de parapeto publicitario y señuelo electoral. Sucedió con las sesiones inaugurales, monopolizadas por los demócratas. Ha vuelto a repetirse en la primera jornada dirigida por la defensa, protagonizada ayer por abogados y consejeros como Pat Cipollone, Mike Purpura, Jay Sekulow y Patrick Philbin, entre otros.

En principio chocaba la pretensión del equipo legal de Trump y de veteranos senadores como Mitch McConnell, partidarios de una faena indolora y rápida, y del propio presidente, que parece más proclive a un proceso largo, espectacular, sujeto a giros imprevistos y con grandes dosis de espectáculo y morbo. Sea como sea los defensores dedicaron la mañana de ayer a demoler en apenas dos horas los argumentos de la acusación. Cipollone insistió en que los demócratas aspiran a alterar el resultado de unas elecciones sin haber presentado una acusación sólida, sin pruebas, sin nada más, en realidad, que el anhelo por traicionar la Constitución y a los electores.

«El ‘‘impeachment’’ no debería ser un juego, (los demócratas) deberían ofrecer hechos», aseguró Cipollone, quien insistió en que lo que se les pide a los senadores no solo «es revertir el resultado de las elecciones pasadas», al advertir que buscan también evitar que el presidente concurra a las elecciones de 2020. «(Los demócratas) están aquí para perpetrar la mayor interferencia en unas elecciones en toda la historia de EE UU», subrayó.

Purpura, metódico, eficaz, estuvo especialmente brillante cuando repasó el vídeo del demócrata Adam Schiff, presidente del comité de Inteligencia de la Cámara de representantes, leyendo una copia de la charla del 25 de julio entre el presidente Donald Trump y su homólogo ucraniano, Vladimir Zelensky. Aunque Schiff había avisado de que no existe una transcripción exacta, mezcló la lectura del documento con sus propias observaciones y bromas. El perturbador resultado provocó la airada reacción del presidente. «Esa no es la verdadera llamada», insistió Purpura. «No es la evidencia disponible. No es la transcripción», y «podemos ignorarlo, decir que estábamos bromeando, pero sucedió en una audiencia en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos en la que se discutía la destitución del presidente de los Estados Unidos».

Pero los abogados de Trump mintieron, por ejemplo, cuando trataron de convencer a la audiencia de que el actual inquilino del Despacho Oval luce un sólido currículum de plantar cara a Rusia, a cuyo líder, Vladimir Putin, generalmente ha dedicado los más rendidos elogios. De hecho, Trump ha llegado a dudar de la profesionalidad y hasta de la probidad de los servicios secretos de EE UU en sus denuncias frente a las injerencias rusas. Tampoco fueron fieles a la verdad al afirmar que la defensa de Trump fue excluida de los procedimientos del «impeachment». En realidad nunca quisieron participar, convencidos de que su tiempo de juego arrancaría en el Senado, blindados por una mayoría teóricamente infranqueable.

Tampoco sonaron excesivamente creíbles respecto al interés de la Casa Blanca y del propio Trump en cuanto a las sospechas de corrupción y nepotismo en Ucrania. De momento nadie parecía muy interesado en responder a la gran cuestión ahora, esto es, saber si los republicanos votarán a favor de permitir que haya testigos en el estrado, así como la posibilidad de entregar nuevos documentos. Pruebas como la grabación, realmente formidable, en la que puede escucharse a Donald Trump pidiéndole al asociado de Rudy Giuliani, Lev Parnas, que sacara a la entonces embajadora Marie Yovanovitch de su puesto en Ucrania. La charla, revelada por la cadena de televisión ABC, tuvo lugar durante una cena en petit comité, en 2018, y pone en solfa la insistencia de Trump en que no conoce de nada a Parnas.

Pero Parnas ya ha explicado a quien quiera escucharle, empezando por la NBC, que actuaba en representación de Trump. Afirmó en esta cadena que «el presidente Trump sabía exactamente lo que ocurría» y ha aceptado colaborar con los comités del Congreso. Tanto Parnas como otro de los supuestos afiliados del exalcalde de Nueva York y actual consejero de Trump, Giuliani, habrían recibido el encargo de controlar e incluso espiar a Yovanovitch. La diplomática siempre estuvo en el punto de mira de quienes, como Giuliani y Paul Manafort, ex jefe de campaña de Trump, sospechaban de su lealtad. Tanto Mike Pompeo, secretario de Estado, como las autoridades de Ucrania han prometido investigar las supuestas maniobras contra la embajadora. «Sabemos que no hubo quid pro quo en la llamada, sabemos que por la transcripción», afirmó Purpura. Mientras, Trump, justo antes de arrancar la sesión, llamaba en las redes sociales a conectarse con el serial de «Adam “Falsario” Schiff, Chuck “Llorica” Schumer, Nancy “Nerviosa” Pelosi, su líder, y el resto del Partido Demócrata de izquierda radical que no hace nada».

Para la senadora republicana Elise Stefanik apenas fueron necesarias dos horas para «destruir y destripar por completo la fallida acusación de Adam Schiff». Schiff, que por momentos parecía el objeto del «impeachment». Le respondió en rueda de prensa que sus colegas nunca entraron a discutir el contenido de las acusaciones, limitando su táctica a difamar a los acusadores.