Guaidó se encuentra con los exiliados venezolanos en Miami

El presidente interino venezolano ha dicho que están trabajando en todas las posibilidades para poder reunirme con su homólogo norteamericano

Juan Guaidó, al que más de 50 gobiernos del mundo consideran presidente de Venezuela, sorprendió a algunos de sus compatriotas en las calles de la ciudad de Doral, en el condado de Miami-Dade, y cantó con ellos el himno nacional, horas antes de su previsto “acto por la libertad” en Miami. Allí aseguró que “va a sacar a la dictadura” y construir un país mejor gracias a lo que han aprendido los venezolanos con el sufrimiento.

“Los venezolanos aprendimos a las malas que la democracia está siempre en juego”, dijo Guaidó, quien aseveró que no es cierto que Venezuela este “dividida” y subrayó que tampoco está sola, como ha demostrado la gira internacional que termina en Miami. “Venezuela está unida peleando por su dignidad”, afirmó en un acto “por la libertad” celebrado en el Centro de Convenciones del Aeropuerto de Miami, con capacidad para más de 7.500 personas.

Guaidó dijo que todos los venezolanos tienen que arrimar el hombro para que la lucha por la libertad y la democracia en Venezuela tenga éxito, incluidos los que viven en Estados Unidos. “Ustedes tienen un rol”, “los necesitamos a todos”, aseguró y les pidió “por encima de todo” unión y empujar “en una misma dirección”.

Guaidó aseguró que "en los próximos días" regresará a Venezuela y pidió a los asistentes que "estén atentos" a una gran movilización en Caracas.

Al acto fueron invitados todos los venezolanos del sur de Florida y los latinoamericanos en general y los cubanos y nicaragüenses en particular, así como autoridades de EE.UU., tanto del Partido Republicano como del Demócrata. También estuvieron presentes la madre de Guaidó, Norka Márquez, y varios senadores y congresistas, así como la senadora colombiana Paula Holguín.

A Juan Guaidó no le recibió el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, demasiado ocupado en agradar a sus socios en el gobierno, más partidarios de una criminal como Delcy Rodríguez. Todo hacía presagiar que hoy podía verse con Donald Trump. A fin de cuentas el hombre que tomó la antorcha de Leopoldo López y el presidente que siempre amenazó con intervenir para atajar la crisis política y humanitaria se encontraban separados por apenas 100 kilómetros. Trump cogía fuerzas en su retiro de Mar-a-Lago, en Palm Beach, después de una semana convulsa, marcada por las discusiones y votaciones en el Senado a cuenta del impeachment, mientras que el presidente interino de Venezuela estaba en Miami. Nada más normal, por otro lado, el encuentro de los dos líderes. Sobre todo teniendo en cuenta que Guaidó ha sido reconocido como presidente por más de 60 países, entre ellos EE.UU, España, Francia, Alemania y el Reino Unido.

En los últimos días ha mantenido entrevistas con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, el secretario de Estado de EE.UU, Mike Pompeo, el premier británico, Boris Johnson, la canciller de Alemania, Angela Merkel, o el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron, así como con el el vicepresidente de la Comisión Europea, Margaritis Schinas. El encuentro con Trump, muy anticipado por los opositores a la dictadura de Nicolás Maduro, encajaría en la gira triunfal de Guaidó por Florida, y especialmente Miami, donde se cuentan por miles los exiliados de la satrapía en bancarrota de Venezuela, así como los por los luchadores por la libertad en la Nicaragua de Daniel Ortega y en la Cuba castrista, permanentemente denunciados los dos países por todos los organismos internacionales encargados de medir la salud de las democracias a nivel mundial y el respeto a los derechos humanos.

Pero como quiera que el horario del presidente de los EE. UU. permanecía ayer impoluto, sin actividades de ningún tipo en la web pública donde puede consultarse, la gente optó por especular a partir de elementos circunstanciales. El principal de todos, las formidables medidas de seguridad entorno al lugar donde Guaidó hablaba, en el Centro de Convenciones del Aeropuerto de Miami, así como el hecho de que estuvieran a cargo del Servicio Secreto de EE.UU., encargado de velar por la seguridad de los presidentes. Entrevistado por el Nuevo Herald y el Miami Herald, Guaidó comentó que “como presidente encargado, dentro de una sociedad global... tenemos que evaluar todas las opciones, privilegiando siempre las que nos lleven en el corto plazo a un desenlace de la situación”.

También señaló que “en todo caso, los que han optado por situaciones más severas es la dictadura”. Añadió que “urge evitar que la dictadura, y sus aliados del régimen cubano, mantengan sus lazos con el crimen organizado y los traficantes de oro y drogas, pues son casi $200 millones al mes que están usando para financiar estos tipos de grupos irregulares”.

Preguntado por los reporteros del Herald sobre los rumores de que la Casa Blanca podría invitarle a seguir el discurso del presidente sobre el Estado de la Nación, el próximo miércoles, comentó que “estamos trabajando en todas las opciones para reunirnos, privilegiando de nuevo que estamos llegando ya al fin de nuestra agenda y debemos regresar pronto a Venezuela”.

El viernes, entrevistado por el "Washington Post, Guaidó encaró sin disimulo la amenaza de detención que pesa desde que desafió la prohibición de viajar al extranjero. El Post, después de comentar las reuniones del presidente venezolano con Pompeo y con Ivanka Trump, se preguntaba por Donald Trump y su disposición a reunirse con Guaidó. A fin de cuentas el pasado mes de marzo ya recibió en la Casa Blanca a su esposa, Fabiana Rosales. Aquel día Trump insistió en que todas las opciones estaban sobre la mesa y conminó a Rusia para que dejase de inmiscuirse.

Trump, que siempre ha mostrado su apoyo total a la oposición democrática, fue tan locuaz en varias de sus intervenciones que el mundo llegó a especular seriamente con la noción de una intervención militar en Venezuela. Por supuesto los riesgos eran enormes, el entramado militar que blinda a la dictadura había vuelto demostrar su compromiso con Maduro, y las esperanzas de millones de venezolanos volvieron a quedar congeladas. A la espera de un nuevo y decisivo impulso que, según Guaidó, podría pasar por el compromiso internacional con las sanciones. Al tiempo, explicó al Herald, no se prestarán a participar en unos comicios con los que el régimen trata de tomar el control de la Asamblea Nacional, última trinchera de las libertades en un país más allá del colapso.