“¡Han puesto a Cristo en cuarentena!”

Los feligreses de Roma cargan contra el cardenal que ha ordenado el cierre de 900 iglesias después de la suspensión de las misas. Las consideran “un servicio esencial” en estos momentos de crisis

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El Papa Francisco rezando el Ángelus en una pantalla gigante en el VaticanoAndrew MedichiniAP

La orden de cerrar las iglesias en Roma dada por el cardenal Angelo De Donatis para ayudar a contener la propagación del coronavirus ha puesto a cientos de católicos en pie de guerra. Algunos han recurrido a las redes sociales para criticar la medida de De Donatis, acusándolo de ceder ante el Gobierno. Uno ha llegado a decir que con esta medida se ha puesto a “Cristo en cuarentena”.

Los obispos y otros responsables católicos de todo el mundo están decidiendo cómo lidiar con la pandemia en sus propias diócesis y qué orientación deberían dar a la Iglesia de 1.300 millones de miembros en lugares desde Little Rock hasta Lyon, informa Reuters. Y Roma puede ser el escaparate en el que se miren la mayoría.

“Las medidas drásticas no siempre son buenas”, dijo sin embargo el Papa en un comentario improvisado ​​al comienzo de su misa matutina, que ha sido transmitida por Internet y televisada en vivo sin público para limitar las reuniones de personas. Lo cual deja lugar a la duda de si comparte o no la medida.

Francisco rezó para que Dios dé a los pastores “la fuerza e incluso la capacidad de elegir el mejor medio para ayudar a” los que sufren la pandemia “para que puedan proporcionar medidas que no dejen solo al santo pueblo fiel de Dios”.

Ayer De Donatis, vicario del Papa para la archidiócesis de Roma, ordenó el cierre de las más de 900 iglesias bajo su jurisdicción en principio hasta el 3 de abril. Anteriormente ya se habían cancelado las misas debido a la pandemia, reduciendo la asistencia a funerales y bodas y prohibido el darse la mano en señal de paz.

Aparte, los obispos italianos, de manera individual, pueden decidir si mantienen sus iglesias abiertas o no y de hecho muchas siguen abiertas en distintas zonas del país. El Papa es obispo de Roma y el cardenal es su vicario administrativo, y todavía no está claro si De Donatis ha buscado la aprobación del Papa para tomar esa decisión.

El Gobierno italiano cerró el miércoles todas las actividades comerciales en el país, excepto la de farmacias, tiendas de alimentos y otros establecimientos que ofrezcan bienes y servicios considerados esenciales. Los clientes deben acceder a ellos de manera individual a ser posible, mantener una distancia segura entre sí y, en algunos casos, usar máscaras quirúrgicas.

Los críticos dicen que se les debe permitir rezar en una iglesia, aunque con precauciones similares a las impuestas en las tiendas. Ellos lo consideran como un servicio “esencial”. “Mi corazón está hecho pedazos”, dijo en Twitter el padre Maurizio Mirilli, pastor de una parroquia de Roma. “Tengo que cerrar todo, incluso la iglesia... Me siento como un padre cuyos hijos le han sido arrebatados”. “Las iglesias cerradas en la capital del cristianismo es una herida que nos será difícil olvidar”, tuiteó Gaetano Strano. “La Iglesia es independiente del Estado y no estaba obligada a adherirse a las normas gubernamentales”, añade.