Testigo directo en Italia: Salvoconducto solo para ir a la farmacia

Quienes no lleven un permiso para salir de casa en la ciudad italiana pueden ser multados o detenidos por la Policía

El permiso se puede descargar directamente de la web del Ministerio del Interior, pero han aprobado ya tantos decretos y hay tantas versiones que la gente no tiene muy claro cuál es el bueno. Por si acaso, Stefano, el dueño de la tienda de fotocopias del barrio romano de San Giovanni y representante de los comercios de la zona, lo tiene ya listo para que los vecinos vayan solo a comprarlo. Lo rellena uno mismo y especifica los motivos por los que ha salido de casa. Si no se lleva encima, la propia Policía lo puede facilitar, pero si el transeúnte no tiene motivos de fuerza mayor para moverse puede ser sancionado con hasta tres meses de cárcel y 206 euros de multa.

Los agentes merodean la tienda de Stefano, pero no para pedirle el permiso, sino para obligarle a poner un precinto entre el mostrador y la clientela que asegure el metro correspondiente de distancia. Negocios como el suyo permanecen abiertos, al considerarse un bien básico, aunque siempre que mantengan el protocolo de seguridad. «Entendemos las medidas y las respetamos, pero los comerciantes del barrio hemos firmado una carta para mostrarle al Gobierno que en las últimas semanas apenas hemos facturado nada», sostiene. Hoy el Ejecutivo tiene previsto aprobar un decreto de ayudas por valor de 12.000 millones de euros, ampliables hasta 25.000, aunque la mayoría consideran que no será suficiente.

Sólo unos cuantos negocios se salvan de la quema. Ya ni siquiera las iglesias. Además de Stefano y sus fotocopias, permanecen abiertos quioscos, ferreterías y estancos, pero sin apenas clientela. En las farmacias se han acabado las mascarillas y el gel desinfectante, pero las medicinas y el resto de productos están garantizados. También el dinero en los bancos o la comida en pequeñas tiendas o supermercados. Aunque aquí la situación es todavía mucho más curiosa. Los clientes hacen cola en la calle, con una separación de tres o cuatro metros entre cada uno. «Va más o menos rápido, yo creo que la mayoría de nosotros hemos entendido que ésta es la situación que tenemos y lo hemos aceptado», asegura Franca, a punto de que le llegue su turno.

Las tiendas permiten un número muy limitado de clientes a la vez dentro del establecimiento, de ahí el sistema. Lo realmente llamativo además es que no hay nadie regulándolo, más que un empleado que llama al siguiente, y son los propios italianos quienes lo han asumido como normal. Dentro, los estantes están más o menos como siempre. Ayer hubo largas colas de camiones en la frontera entre Austria e Italia, aunque el transporte de mercancías continúa activo. Las mayores quejas llegan de los empleados, para quienes no hay teletrabajo que valga. En Brescia y Módena, en las zonas más afectadas, hubo incluso huelgas de trabajadores de fábricas que también querían parar.

Quienes sí han tenido que hacerlo a la fuerza son Silvina y Marco, dueños de un restaurante en Roma. «Se lleva muy mal, no se trabaja, pero es necesario, hay que estar en casa», asegura ella. Si ha salido es sólo porque tenía que resolver unos trámites con un abogado. A su lado, un señor se acerca a los agentes de la Policía local porque continúa sin saber muy bien qué es lo que se puede hacer y lo que no. Tanto que el Ministerio del Interior tuvo que precisar que no está prohibido salir a dar un paseo al aire libre, siempre que no se entre en contacto con otras personas. Entre las actividades permitidas, y especificadas en una circular emitida por el Gobierno, está sacar al perro a la calle, salir a correr o circular en bici en solitario. Sin embargo, no se recomienda la práctica del deporte, porque en caso de lesión los hospitales no están capacitados para atender más pacientes. Las avenidas están vacías, los italianos están dando una lección de obediencia. Aunque siempre hay quien se salta la norma, pues la Policía informó de que había registrado unas 2.000 denuncias de gente que andaba por la calle sin ningún motivo que lo justificara.

Ayer las cifras lo volvieron a demostrar. Se registraron 189 fallecidos más con coronavirus, por lo que la cifra de víctimas mortales ya supera el millar. Además, otros 12.839 están actualmente contagiados, de los que más de 1.100 están en cuidados intensivos. Médicos y enfermeros continúan trabajando a destajo, con historias desoladoras como las que llegan desde Bérgamo, donde su alcalde ha dicho que «hoy el drama es no poder curar a los mayores de 80 años, pero dentro de 10 o 20 días no tendremos camas con respiración asistida tampoco para los jóvenes». En Milán se plantean construir un hospital para los enfermos por coronavirus, como el que se levantó en Wuhan en tiempo récord. Pero sin los recursos de China, no es más que un proyecto.