El calor y los genes, ¿la “vacuna” que protege al sureste asiático del Covid-19?

Apenas mil casos en una población de 650 millones de personas. Los especialistas apuntan estas posibles causas como explicación, pero advierten de que en realidad podríamos estar asistiendo al inicio de la proliferación de la pandemia en esta zona y que pronto podría explosionar

Una mujer con mascarilla hace sus plegarias en el templo de Leng Nuei Yee en Bangkok, este lunes
Una mujer con mascarilla hace sus plegarias en el templo de Leng Nuei Yee en Bangkok, este lunesSakchai LalitAP

Pese a su cercanía a China, y los muchos vínculos económicos y culturales, llama la atención la escasa incidencia del coronavirus en el sureste asiático: con más de 650 millones de habitantes, solo ha registrado -de manera oficial al menos- en torno a un millar de contagios de Covid-19 y una veintena de fallecimientos.

Según los datos aportados por la agencia Reuters este lunes, por ejemplo, en Camboya habría 12 contagiados y ninguna víctima mortal. En Filipinas, 14 víctimas y 187 enfermos; Tailandia, un muerto y 177 contagios; en Indonesia, 5 víctimas mortales y 172 casos. En Vietnam, 66 enfermos sin fallecimientos; tampoco en Singapur, con 266 afectados...

A partir de ahí, son varias las hipótesis que se plantean los especialistas para tratar de identificar las posibles razones que expliquen la diferencia tan abismal con lo que ocurre en Europa. “Hay muchos factores y es muy difícil dar con una respuesta concreta. Al menos yo no la conozco, pero hay posibles pistas”, comenta a LA RAZÓN Enrique Fernández -nombre ficticio que prefiere usar el máximo responsable de microbiología de uno de los grandes hospitales de España en solidaridad con todos sus compañeros-. En España está claro que influye nuestra forma de vida. Vivimos en proximidad, nos abrazamos y besamos con frecuencia, a diferencia de otras culturas, empezando por el mundo sajón, donde el contacto físico no es una expresión de afecto habitual. También la edad de la población... “

"Tenemos una de las poblaciones más envejecidas del mundo, con importantes enfermedades de base, que toma muchos medicamentos, se mueve y está muy activa... En esos países la población es muy joven y tiene otra forma de vida”, añade Fernández.

Pero este especialista pone el acento también en la genética. Partiendo de la premisa de que “todavía no sabemos apenas nada del coronavirus”, asegura, “es posible atribuirlo a las diferencias genéticas entre las distintas poblaciones. Una de las teorías es que el receptor celular, el enzima conversor de la geotensina , ACE-2 -al que se sujeta el Covid-19-, tenga una distribución distinta entre unos grupos étnicos y otros, y por tanto pueda haber un tropismo mayor o menor, o que el virus tenga una capacidad mayor o menor de invadir las células del receptor".

"Puede que la incidencia de enfermedad -prosigue- no sea idéntica a igualdad de edad, de sexo y de enfermedades subyacentes dependiendo de una raza o de otra. No me consta que sea así, pero sí consta que esa distribución del encima receptor o su tipo no es igual en todas las razas. Pero la respuesta sencilla, insisto, es que no se sabe. También es posible que dependa de las distintas mutaciones. Y que lo que vemos ahora no sea lo que vivió China.”

El calor, la gripe y los murciélagos

Respecto a la temperatura, “sabemos que es muy importante con el virus de la gripe. Desaparece rápidamente cuando la temperatura externa es elevada. Esto por tanto podría ocurrir con el Covid-19”, añade este especialista español.

“No esta probado, pero tenemos evidencias empíricas de que a los coronavirus no les gusta el calor. Lo vimos con el SARS en 2003: la enfermedad se disipó con el calor”, asegura a Efe el doctor israelí Rafi Kot, fundador del Family Medical Practice en Vietnam, donde reside desde hace 32 años y donde ejerce de consultor del Gobierno para gestionar la crisis del Covid-19.

Para sostener la hipótesis del calor, además del bajo número de infecciones en la zona y las experiencias pasadas, Kot expone el caso de los murciélagos (posible origen de la actual epidemia), portadores de más virus que cualquier otro animal, solo que no enferman por ellos. “Es una superbomba, no hay animal mejor para propagar enfermedades: coronavirus, rabia… es increíble. Pero no se pone enfermo. Y eso ocurre porque cuando vuela tiene que generar mucha energía, lo que aumenta la temperatura corporal. Y la alta temperatura corporal no les va bien a los coronavirus”, explica.

Pero tanto al especialista español como al israelí les sorprende el reducidísimo número de afectados en todo el sudeste asiático. “A mí me parece que aparte de estas circunstancias que he citado, solo es una cuestión de tiempo y de test”, dice Fernández.

En esa línea podría estar el incremento registrado en las cifras aportadas hoy por las autoridades sanitarias de todo el sur de Asia, lo que aumenta la posibilidad de que se propaguen rápidamente brotes que colapsen las normalmente infradotadas instalaciones médicas en una región que alberga a una cuarta parte de la población mundial.

Aumento de casos en las últimas horas

El virus ha afectado poco la zona, pero las medidas que han controlado la pandemia en China es poco probable que funcionen en las áreas pobres y superpobladas del sur de Asia, alertan los especialistas. “En comparación con los países desarrollados como Estados Unidos y China, será difícil (hacer cumplir) el distanciamiento entre las personas, especialmente en las zonas marginales”, declaró hoy a Reuters Giridhara R. Babu, epidemióloga del Instituto Indio de Salud Pública de la ciudad de Bengaluru. “El entorno de millones de ciudadanos está abarrotado de gente y puede no ser práctico pedirles que mantengan una distancia mínima entre ellos”, añade Babu.

A ese riesgo hay que añadir aspectos socioculturales y económicos que pueden agravar el problema. Malasia informó ayer de 190 nuevos casos de coronavirus, la mayoría vinculados a un evento religioso en una mezquita al que asistieron 16.000 personas de varios países. Alrededor de 14.500 malayos y 1.500 extranjeros asistieron a la reunión religiosa entre el 27 de febrero y el 1 de marzo en una mezquita cerca de Kuala Lumpur, dijeron las autoridades de salud de Malasia. En la vecina Brunei, 45 del total de 50 casos se han relacionado con la reunión religiosa, dijo el domingo el Ministerio de Sanidad.

En Filipinas por ejemplo se están produciendo aglomeraciones para someterse a la prueba, lo que paradójicamente podría aumentar los contagios. Por el contrario, en países como Tailandia el coste del test puede suponer la tercera parte del salario, lo que desincentiva a los ciudadanos.

De todas formas, las autoridades de toda la zona se empiezan a coordinar junto a India y parecen haber aprendido la lección -mala- que ha dado Europa. Se han apresurado estos dos últimos días a cerrar fronteras, cancelar vuelos desde China y el Viejo Continente, y a suspender clases y actos culturales. Pero hasta ahora han sido miles los turistas occidentales y chinos que los han visitado esta región del mundo y también hay mucha población asintomática. También gente que vive aislada y con poca información, con una porosidad preocupante de fronteras entre países. La cuestión ahora es si esas medidas llegarán a tiempo. La respuesta, en apenas unas semanas.