El coronavirus incendia las cárceles de América Latina

Los motines se suceden en varios países. Los presos denuncian falta de medidas de higiene y protección ante la expansión de la pandemia

La historia se repite por todos los penales de América Latina, convertidos en “verdaderos infiernos”, “ollas a presión” donde los presos se hacinan en lamentables condiciones. Ahora además los internos reclaman mayores medidas de prevención por el coronavirus. Es un caldo de cultivo de enfermedades donde los reclusos se sienten como “ovejas en el matadero”. La preocupación por las altas tasas de contagio se hace eco en las cárceles. Y claro, llegan los motines.

En Argentina una reyerta entre internos en la cárcel de Coronda y un fuerte disturbio en un sector del penal de Las Flores -ambos de la provincia de Santa Fe- finalizó con cinco muertos, dos de ellos calcinados. “En Coronda hubo unos 300 amotinados y se pudo regularizar rápidamente. Lo que lamentamos enormemente es que se destruyeron los talleres de sastrería donde se fabricaban las máscaras, las cofias y todo lo necesario para esta emergencia", dijo el secretario de Asuntos Penales provincial, Walter Gálvez.

El conflicto en la cárcel de Las Flores fue más duro y se extendió hasta altas horas de la madrugada del martes. La unidad penitenciaria había quedado prácticamente fuera de control.

El Ministerio comunicó en las últimas semanas que casi la totalidad de los 45.000 presos en su sistema sobrepoblado aceptaron renunciar a que sus familias los visiten en medio del anuncio de compras masivas de barbijos y jabón.

Sin embargo, la tensión crece. El penal de Bouwer, uno de los principales en la provincia de Córdoba, fue uno de los primeros en elevar la tensión con un intento de revuelta y un manifiesto en vídeo de un detenido. El preso, Juan -un nombre asumido que pide para resguardar su identidad-, asegura: “Yo duermo con otros ocho chabones -hombres- en una celda en la que tienen que entrar cuatro".

“Los penitenciarios no usan ni barbijo ni guantes. Reclamamos por la higiene y por la comida, las viandas no llegan o vienen a medio cocinar. Se cortaron las visitas, nuestras familias nos traían la comida. Somos más de 50 tipos y nos dieron 20 jabones para que nos salvemos del coronavirus” agrega Juan.

“Estamos de acuerdo, pero la autoridad no está cumpliendo con la cuarentena. Se hacen cambios de guardia por semana con 2.150 efectivos y no están tomando precaución con los maestros, enfermos y otros. No están usando guantes ni barbijos ni cumplen con artículos de limpieza. No nos dejan pasar alimentos y la comida de acá es incomible” afirma. Los internos, además, reclaman que los jueces activen las salidas transitorias, que fueron suspendidas y que descompriman el hacinamiento con ellos y con quienes están esperando la libertad condicional.

23 muertos en Colombia

En Colombia, los reclusos de al menos diez centros penitenciarios se amotinaron la noche del sábado pasado por el hacinamiento y la falta de elementos para prevenir el contagio de coronavirus.

La ministra de Justicia, Margarita Cabello Blanco, informó que al menos 23 presos murieron y otros 83 resultaron heridos en la cárcel Modelo de Bogotá tras la revuelta. De los lastimados, 32 fueron derivados a centros hospitalarios.

Asimismo, el partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) publicó vídeos en los que se ve a personas presas golpeando las rejas y puertas de las prisiones, incluso prendiendo fuego a algunas de las paredes.

Fuga en masa de una cárcel de Brasil

Cerca de 700 presos fueron capturados el miércoles 18 de marzo tras una fuga masiva registrada dos días antes en medio de varios motines en tres centros penitenciarios en el estado de Sao Paulo. Las autoridades habían restringido las salidas temporales de las cárceles como medida para evitar la expansión del coronavirus.

Los 1.375 presos fugados pertenecen al régimen semiabierto, que les permite trabajar de día y les obliga a dormir en la cárcel, y tenían prevista una salida para pasar la Pascua con sus familias, que fue cancelada por las medidas adoptadas para enfrentar la pandemia.

El sistema penitenciario brasileño, considerado uno de los peores del mundo, tiene un déficit cercano a las 350.000 plazas, lo que desde hace años ha agravado gradualmente el hacinamiento en unos penales en los que, además, la atención sanitaria es precaria.

Venezuela: prisiones superpobladas e insalubres

La población de reclusos de Venezuela ha aumentado considerablemente en la última década, saturando las cárceles y llevando a muchas estaciones de Policía a convertir celdas de detención temporales en permanentes donde el acusado puede pasar meses o años a la espera del juicio.

Los centros de detención chavistas a menudo carecen de baños, las personas duermen en el piso y muchos reclusos pasan sus días sin camisas o zapatos, en parte para combatir el calor infernal de las instalaciones sin ventanas. A ello se une la incertidumbre sobre la verdadera dimensión de la enfermedad en el país, ya que la oposición acusa a Nicolás Maduro de ocultar los datos.

Pero la mayor preocupación es una eventual restricción a las visitas. Si bien esta medida podría reducir la exposición al virus, también puede limitar el acceso de los presos a los alimentos porque la mayoría de los reclusos dependen de los miembros de la familia para recibir la mayor parte de sus comidas.