Sánchez levanta el veto a Kosovo

Es la primera vez que un presidente español participa en una reunión junto al representante de la ex provincia serbia, a la que no reconocemos como Estado. La UE tiende la mano a los Balcanes para frenar la influencia de China y Rusia

Pleno en el Congreso para solicitar la prórroga del estado de alarma ante el Covid-19
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el pleno del Congreso de este miércolesPool Pool

En política internacional nada son más importantes que los gestos. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, participa esta tarde con total normalidad en la cumbre europea con los Balcanes Occidentales que contará con la presencia de Kosovo, la región de mayoría de población albanesa que España no reconoce como Estado, tras su declaración unilateral de independencia en el año 2008.

Esto supone un cambio sustancial respecto a la postura mantenida por el anterior Ejecutivo, ya que en año 2018 el entonces presidente Mariano Rajoy decidió ausentarse durante la reunión de las mismas características que tuvo lugar en Bulgaria y que se celebró poco después del órdago independentista del 1 de octubre.

España es el único país de los cinco Estados europeos que no reconocen la soberanía de Kosovo –Chipre, Grecia, Rumanía y Eslovaquia- en seguir esta estrategia. Serbia, el país del que Kosovo se separó, también participó con normalidad en esta cumbre. Pero España ha puesto condiciones a este giro pragmático de la cita de hoy: no habrá banderas ni símbolos y Hashim Thaci, el representante kosovar, será nombrado por su nombre y no con su cargo de primer ministro. La presidencia croata ha puesto todo de su parte para facilitar las cosas.

Símbolo para los independentistas

Aunque este cambio no significa que España esté pensando levantar su veto al reconocimiento de Kosovo como un país independiente, a nadie se le escapa la importancia de este paso. Cuando el Gobierno de coalición con Podemos tocaba sus primeros compases, fuentes diplomáticas españolas definían este dosier como “una chinita en el zapato” y evitaban anticipar el modus operandi ante reuniones de este tipo. Es evidente que, al tratarse de una cita telemática debido a la epidemia del coronavirus, la delegación española tendrá mucho más fácil el evitar fotos incómodas y, por lo tanto, el simbolismo del encuentro será mucho menor que en otras ocasiones.

Los partidos independentistas siempre han considerado Kosovo como un símbolo de sus aspiraciones, a pesar de que la sentencia del Tribunal de la Haya en 2010 que avaló la soberanía de este territorio, en todo momento puntualiza que se trata de un caso excepcional.

En la primera comparecencia en el Congreso en el mes de febrero de la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, Bildu y Junts per Catalunya pidieron al nuevo ejecutivo el reconocimiento de la región de mayoría albanesa. La ministra se limitó a señalar el compromiso español en la normalización de las relaciones con Serbia. Fuentes españolas explican que sólo en ese momento nuestro país se plantearía el reconocimiento ya que no tiene sentido ser “más papistas que el Papa”.

Kosovo no ha recibido todavía el estatus de candidato a formar parte del club europeo y parece imposible que lo logre mientras no resuelva su contencioso con Belgrado, lo que da tiempo a España para seguir definiendo su posición.

Precisamente Macedonia del Norte consiguió junto con Albania la luz verde para empezar las negociaciones de adhesión en el mes de marzo después de haber cambiado su nombre tras llegar a una acuerdo con Grecia. La Comisión presidida por Ursula von der Leyen ha cogido el testigo del Ejecutivo anterior de Jean-Claude Juncker y pretende dar un impulso a la entrada de los seis países de los Balcanes que hacen cola para franquear la puerta del club europeo, con el propósito de que la región no quede a merced de potencias como China y Rusia.

La buena relación con los Balcanes, un auténtico polvorín a lo largo de la Historia, es una de las prioridades de una Comisión Europea que se autoproclama como geopolítica y quiere hablar “el lenguaje del poder". “Esta cumbre de Zagreb manda un fuerte mensaje: los Veintisiete están comprometidos con la región”, aseguró ayer el presidente del Consejo, Charles Michel.

Aunque el encuentro de ayer no estaba centrado en la entrada al club, el texto de conclusiones final resaltó la “perspectiva europea” de los Balcanes, con el objetivo también de que estos países avancen en las reformas exigidas para formar parte de la UE.

Está previsto que a finales de año se presente un paquete de ayuda económica y ayer el club comunitario ofreció 3.300 millones de euros para que puedan hacer frente al coronavirus, después de que Serbia tuviera que recurrir a la ayuda de China y Rusia en la primera fase de la pandemia, mientras los Veintisiete hacían caso omiso a las demandas de socorro.

Aunque la Comisión Juncker fijó 2025 como el año de la entrada progresiva de estos seis países, la nueva Comisión Europea ha endurecido el proceso a propuesta de Francia. Serbia y Montenegro negocian desde 2014 y 2012 respectivamente y Kosovo y Bosnia esperan recibir el estatus de candidatos.