El primer ministro holandés no visitó a su madre moribunda por las restricciones del Covid-19

Falleció a los 96 años en una residencia de ancianos en La Haya en plena pandemia

El primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte, obedeció sus propias normas decretadas para evitar la propagación del coronavirus. Así, el “premier” no pudo acompañar a su madre en sus últimas semanas de vida, pues él mismo había decretado que no se permitían las visitas a los centros de mayores por la covid-19. Rutte cumplió con todas las directivas a pesar de que se tratase de su propia madre.

La madre del primer ministro de Países Bajos falleció a los 96 años en una residencia de ancianos en La Haya, cerca de la casa del político liberal, quien mantuvo una relación muy cercana con ella y se encargó de cuidarla desde que enviudó en la década de los ochenta, informó ayer el Servicio de Información del Gobierno (RVD).

Según recoge la agencia Efe, Mieke Rutte-Dilling había estado viviendo en un hogar de ancianos de la capital política de Países Bajos durante los últimos años, para seguir estando cerca de su hijo, el más pequeño de seis hermanos, y, a pesar de que el nuevo coronavirus fuera detectado en esa residencia, la Covid-19 no fue la causa de muerte de la madre del primer ministro.

Gran tristeza

Además de la gran tristeza y todos los buenos recuerdos, mi familia y yo también estamos muy agradecidos de que hayamos podido tenerla con nosotros durante tanto tiempo. Ahora le hemos dicho adiós en un círculo familiar y esperamos poder lidiar pronto con esta gran pérdida en paz”, indicó Rutte a través de un comunicado.

Aunque no se hiciera público hasta el lunes, el fallecimiento tuvo lugar el pasado 13 de mayo, mismo día en el que primer ministro tuvo una reunión de crisis con las autoridades sanitarias y explicó en rueda de prensa las medidas de desescalada frente al coronavirus.

Un cierre para todos

El primer ministro neerlandés no había podido visitar a su madre desde el 20 de marzo, cuando el propio Rutte decretó el cierre al público de todas las residencias de ancianos para evitar que los más mayores se contagiasen, por lo que no pudo despedirse de ella, porque no fue hasta este lunes 25 de mayo cuando se volvieron a permitir las visitas en condiciones muy estrictas.

El padre de Rutte, Izaäk, que falleció a finales de los ochenta, perdió a su primera esposa, Petronella Dilling, mientras ambos estaban internados en un campo de prisioneros de guerra en Batavia, actual Yakarta, en julio de 1945, durante la Segunda Guerra Mundial.

A su regreso a Países Bajos después de la guerra, Izaäk contrajo matrimonio con la hermana menor de la que fue su esposa, con Mieke, con la que tuvo cuatro hijos más.

Aunque siempre se ha mostrado cauteloso con su vida privada, Rutte hablaba en las entrevistas con frecuencia y admiración de su madre, a quien visitaba todas las semanas desde que ingresó en la residencia, y con la que siempre mantuvo una relación muy cercana, lo que llevó ayer la noticia del fallecimiento a las portadas de los medios holandeses.