Giro en Venezuela: Trump se abre a verse con Maduro y daña la alternativa a Guaidó

Tras la polémica, el presidente de EE UU matizó que sólo discutirá con el dictador «su salida pacífica del poder»

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Donald Trump estaría dispuesto a entrevistarse y dialogar con Nicolás Maduro. Al mismo tiempo habría perdido su fe en el proyecto democratizador que abandera el líder de la oposición venezolana, Juan Guaidó. Entrevistado por Axios, el presidente de Estados Unidos, subrayó, con matices, su aparente buena disposición para reunirse con el dictador, sobre el que pesa una orden de busca y captura por narcotráfico. «Tal vez pensaría en eso», dijo.

«A Maduro le gustaría reunirse. Y nunca me opongo a las reuniones». «Siempre digo que pierdes muy poco reuniéndote», añadió. Trump puede exhibir varios antecedentes al respecto. El caso más llamativo fue el del tirano Kim Jong Un, con el que celebró una cumbre histórica después de varios meses de amenazas mutuas.

Respecto a Venezuela la actitud de la Casa Blanca siempre fue radicalmente contraria a negociar nada excepto la salida del poder de Maduro. Hasta el punto de que ha rechazado cualquier concilio al más alto nivel. Cero concesiones y, en cambio, grandes gestos en favor de Guaidó.

Nicolás Maduro dio un discurso sobre un cartel en el que se leía: "Fuera Trump de América Latina" FOTO: Ueslei Marcelino Reuters

La aparente mano tendida a Maduro contrastaba tanto con las posiciones adoptadas por Washington que Trump reaccionó, vía Twitter, negando cualquier tentación pactista.

«A diferencia de la izquierda radical», ha escrito, «SIEMPRE estaré en contra del socialismo y con el pueblo de Venezuela. ¡Mi administración siempre se ha puesto del lado de la LIBERTAD y en contra del opresivo régimen de Maduro! Solo me reuniría con Maduro para discutir una cosa: ¡una salida pacífica del poder!».

Para añadir confusión llegan estos días las aseveraciones de John Bolton. En su explosivo libro de memorias el ex asesor de Seguridad Nacional sostiene que Trump dejó de confiar en Guaidó, decepcionado por la incapacidad de la oposición para labrar un cambio de régimen. Hasta el punto de que en habría calificado a Guaidó de ser «el Beto O’Rourke de Venezuela».

O sea, un tipo seductor, amable, articulado, decente. Pero básicamente incapaz de manejarse en el charco de cocodrilos del poder, idealista, inhábil, blando, insuficiente incluso, frente al tipo de retos que afrontan los políticos profesionales. No digamos ya en una circunstancias tan turbulentas y duras como las que atraviesa Venezuela.

No sólo eso, sino que Trump tendría en mucha mayor consideración a Maduro. Del dictador le atraería su instinto de supervivencia. Su probada capacidad de maniobra. Sus modos autoritarios. Nada nuevo: Trump ha mostrado bastante más afinidad con líderes de perfil populista, como el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, o directamente con autócratas como Vladimir Putin, al que ha elogiado en numerosas ocasiones, que con Angela Merkel o Emmanuel Macron.

Trump, por supuesto, tiene a su favor un historial de fidelidad a la causa de Guaidó, a quien calificó como el presidente interino de Venezuela. Sucedió durante la visita del opositor, a principios de febrero, a la Casa Blanca. Una cita sin periodistas, donde los responsables de comunicación del Gobierno de EE UU medidas «impactantes» contra Maduro en el siguiente mes.

Durante ese mismo viaje Guaidó estuvo reunido con el vicepresidente, Mike Pence, mientras que la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Stephanie Grisham, explicaba que «la visita supone una oportunidad para reafirmar el compromiso de los Estados Unidos con el pueblo de Venezuela y discutir cómo podemos trabajar con el presidente Guaidó para acelerar una transición democrática en Venezuela que pondrá fin a la crisis actual». «Los dos países», añadió Grisham, «continuarán trabajando con nuestros socios en la región para enfrentar la dictadura ilegítima en Venezuela, y nos mantendremos al lado del pueblo venezolano para asegurar un futuro democrático y próspero».

Todo esto después de que Trump, durante el discurso sobre el Estado de la Unión, al que Guaidó asistió como invitado de honor, le reiterase su apoyo con las palabras más firmes posibles.

«Maduro es un gobernante ilegítimo, un tirano que brutaliza a su pueblo. Pero el dominio de la tiranía de Maduro se romperá», dijo. Previamente, en otro viaje de gran contenido simbólico, la esposa de Guaidó, Fabiana Rosales, se reunió en 2019 con Trump.

Entre tanto Nicolás Maduro y otra docena de altos cargos políticos y militares de Venezuela han sido acusados por la fiscalía estadounidense de priorizar «el uso de cocaína como arma» e importar «la mayor cantidad de cocaína posible en Estados Unidos». Acusado de tráfico de drogas a gran escala y lavado dinero, Maduro añadía esta nueva muesca a su historial de acusaciones contra su régimen por violaciones de los derechos humanos, incluida la censura, la brutalidad policial, la tortura y la desapariciones de opositores. En palabras del fiscal del distrito sur de Nueva York, Geoffrey S. Berman, «los acusados traicionaron al pueblo venezolano y corrompieron a las instituciones venezolanas a fin de enriquecerse con el dinero del narcotráfico».