El 15-M de Seattle: La Policía desmantela la acampada por su deriva “ilegal y brutal”

31 detenidos en la operación de desalojo del campamento después de que se registrasen cinco tiroteos y muriesen dos adolescentes

Una manifestante protesta durante la operación de desmantelamiento del 15-M de Seattle tras convertirse en una zona sin Ley
Una manifestante protesta durante la operación de desmantelamiento del 15-M de Seattle tras convertirse en una zona sin LeyAron RanenAP

La Policía de Seattle estaba trabajando para limpiar la acampada anarquista bautizada como “zona libre de fuerzas de seguridad” -una suerte de 15-M americano- por su deriva “ilegal y brutal” después de semanas de violencia, incluyendo cuatro tiroteos y la muerte de dos adolescentes. Así informó el miércoles el jefe de Policía de la ciudad.

La utopía libertaria en Seattle acabó en lágrimas. Los antidisturbios finalmente han intervenido para cerrar CHOP (Capitol Hill Ocupation Protest) y detenido a 31 personas. La Policía concedió ocho minutos para que desalojaron los los ocupantes, muchos de ellos con tiendas de campaña y puestos diversos, que recordaban las estampas del español 15-M o las de protestas y acampadas del movimiento Occupy Wall Street.

La “Zona Autónoma de Capitol Hill” había sido creada por colectivos diversos, activistas y vecinos tras ser abandonada por la Policía, que desocupó su comisaría del distrito Este en mitad por las protestas tras las muerte de George Floyd, en Minneapolis, a manos de un agente de la Policía. Esta zona sin coches de Policía, varias manzanas de un barrio entre hipster y hippie, bastión de la cultura LGBT, cuajada de restaurantes, librerías, clubs de conciertos y comercios de lujo alternativo, meca del rock and roll alternativo a principios de los noventa, se había convertido, a ojos de muchos de los defensores del movimiento Black Lives Matter, en algo así como la demostración empírica de que era posible un suerte de revolución sociocultural en el tejido urbano estadounidense.

Pero en las últimas semanas la zona vivió hasta cinco tiroteos. Hubo dos muertos. Razones más que suficientes para que la alcaldesa, la demócrata Jenny Durkan, decretase su cierre y, de paso, enfrente la ira de unos votantes que parecen radicalmente dividido. Con CHOP cae uno de los principales caballos de batalla del activismo anti policía.

Ese que mezclaba las evidencias, como el hecho de que resulta imperativo desescalar la militarización de los cuerpos policiales, o como los justificados análisis de las brutales consecuencias económicas y demográficas en los barrios más pobres que arroja medio siglo de cruzada punitivista y puritana contra las drogas, con el adanismo de corte anarquista más disparatado y las soflamas adolescentes.

El presidente Donald Trump, que calgaba a lomos de un nuevo perfil nixoniano, acuñado a imagen y semejanza del de Nixon en 1969, acusó en Twitter a Durkan de confundir «la toma de control de su ciudad por los anarquistas», con «”el verano de amor”». También escribió que «Estos demócratas liberales no tienen ni idea. Los terroristas queman y saquean nuestras ciudades, y piensan que es maravilloso, incluso las muertes. ¡La situación en Seattle debe terminar ahora mismo!».

Durkan le respondió en una conferencia de prensa: «No necesitamos que nadie, incluido el presidente, siembre más divisiones, desconfianza y desinformación». En su opinión «la amenaza de invadir Seattle, dividiendo en incitando a la violencia, no solo es inoportuna, sería ilegal».

Al final a la alcaldesa no le quedó más remedio que atajar los «problemas reportados de seguridad, salud pública y contra propiedad en el área de East Precinct y Cal Anderson Park, que los manifestantes han ocupado durante las últimas semanas y que ha sido estropeado por una serie de tiroteos». Estaba cantado que CHOP acabaría así y que, por supuesto, no desaparecerá la Policía. Asunto distinto es si Seattle o Nueva York renegociarán los convenios colectivos con sus policías locales, fuertemente corporativistas, o si el país verá leyes menos permisivas con el uso de la fuerza.