Los mexicanos temen el contagio de EE UU y bloquean las carreteras fronterizas

Los vecinos de Sonora cortan los accesos que conducen a la playa desde la vecina Arizona, uno de los estados más afectados por la covid-19

U.S. President Donald Trump wears a mask while visiting Walter Reed National Military Medical Center in Bethesda, Maryland, U.S., July 11, 2020. REUTERS/Tasos Katopodis
U.S. President Donald Trump wears a mask while visiting Walter Reed National Military Medical Center in Bethesda, Maryland, U.S., July 11, 2020. REUTERS/Tasos KatopodisTASOS KATOPODISREUTERS

A pesar de que su país es el más afectado del mundo por el coronavirus, Donald Trump volvió a sorprender con una de sus afirmaciones difíciles de calificar. En una comparecencia desde Florida dijo que estarían «inundados» por el nuevo virus de no ser por el muro que ordenó levantar en la frontera con México.

«Especialmente por la covid-19, somos muy afortunados de que el muro se esté construyendo, sino estaríamos inundados, porque ellos tienen graves problemas», dijo.

La realidad es algo distinta y está dejando escenas impensables hace unos meses. Ahora son los mexicanos de los pueblos fronterizos quienes rechazan a los estadounidenses que llegan del norte por miedo a contagiarse. El pasado fin de semana, habitantes de Sonoyta en el Estado de Sonora y situado frente a Lukeville en Arizona, bloquearon con sus vehículos la carretera que llevan a las playas, muy populares entre los turistas.

EE UU sigue siendo el país más golpeado por el coronavirus con más de 3 millones de casos y más de 135.000 muertos. El sábado registró un nuevo récord de contagios diarios, 66.000, un mes después de que iniciase el proceso de reapertura que se ha traducido en importantes rebrotes.

Aunque en México la situación también es mala, casi 6.900 contagios en las últimas 24 horas y datos oficiales muy por debajo de los reales, la peor parte se la lleva el área metropolitana de la capital, mientras que los Estados del norte se mantienen más controlados, al contrario que sus vecinos del lado estadounidense que lideran los repuntes. En Arizona, Texas, California y Florida los contagios están aumentando de forma preocupante.

El descontento en la frontera, principalmente en el Estado de Sonora, comenzó a fraguarse hace varias semanas, cuando se produjo un aumento de casos en la capital, Hermosillo, después de que las autoridades anunciaran que el pico había pasado y la curva debía descender. En México esto se achacó al incremento de enfermos en Arizona y a la falta de control de las propias autoridades sobre los estadounidenses que cruzaban al sur.

El alcalde de Sonoyta, José Ramos Arzate, emitió un comunicado para disuadir la llegada de extranjeros. «Invitamos a los turistas estadounidenses a no visitar México con el fin de salvaguardar la salud de nuestra comunidad al existir un incremento acelerado de contagios en el Estado vecino de Arizona».

México y EE UU mantienen su frontera parcialmente cerrada desde el 21 de marzo. Solo están permitidos los desplazamientos esenciales por motivos laborales y médicos y el tránsito de alimentos, equipos médicos y medicamentos y combustible, mientras que los viajes turísticos, al menos teóricamente, están prohibidos.

El problema está en el doble rasero que aplican los agentes fronterizos. «La norma está clara para los mexicanos. Solo pueden cruzar si pueden demostrar que su viaje es esencial, pero los estadounidenses están pasando a México sin control», explica a LA RAZÓN Rodolfo Cruz, director de Estudios de Población en el Colegio de la Frontera Norte (Colef), una prestigiosa universidad con sedes en varias ciudades del norte de México.

El conflicto se hizo patente el pasado fin de semana, festivo en Estados Unidos por el 4 de julio. Dos días antes la gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich, había pedido ayuda al Gobierno federal para cerrar la frontera con EE UU ante el previsible aluvión de turistas. «Esa ayuda no llegó, pero sí le permitieron aumentar los controles», dice Cruz, de modo que se le impidió el paso a muchos turistas que tenían reservas hoteleras en Puerto Peñasco.

En el estado mexicano de Baja California, también aumentaron los controles, principalmente en la localidad de Ensenada. En Tijuana resulta imposible por el enorme tráfico diario, en Rosarito también llegaron turistas y los bares y restaurantes abrieron por encima del 30% permitido y en el Valle de Guadalupe se impusieron multas a negocios por no cumplir las normas. La preocupación es máxima por que las malas cifras de California se repliquen del lado mexicano.

Pasado el fin de semana, las autoridades relajaron los controles, pero los bloqueos han continuado impulsados por los vecinos, que siguen cortando el acceso a los turistas con sus vehículos.

«Los problemas seguirán hasta que se establezcan normas claras», añade Rodolfo Cruz. Trump y López Obrador acordaron en su reunión en la Casa Blanca que el cierre fronterizo se prolongará hasta agosto.