De los “bad hombres” a las “fantásticas personas”, así ha cambiado Trump respecto a los latinos

El presidente republicano se ha lanzado esta semana a cortejar a los hispanos. Trump trata de reconciliarse con un electorado tradicionalmente demócrata con la promesa de proponer una vía para la nacionalización de los «dreamers»

Donald Trump llegó a la Casa Blanca con un discurso marcadamente anti inmigración. En la imagen, visitando una parte del muro con México en San Luis (Arizona)
Donald Trump llegó a la Casa Blanca con un discurso marcadamente anti inmigración. En la imagen, visitando una parte del muro con México en San Luis (Arizona)Evan VucciAP

En unas elecciones que pueden resolverse por diferencias mínimas, sometidas a la presión de imponderables como la evolución de una pandemia, y adobadas por los cambios de un humor de un presidente inmanejable, pocos votos más codiciados que el de los latinos. El último campo de batalla tiene que ver con la marca de comida Goya, objeto de un boicot promovido por activistas y políticos contrarios a Donald Trump después que el CEO de la empresa, Robert Unanue, declarase su apoyo al presidente.

Por más que incluso la categoría resulte incompleta y ambigua. Pocas semejanzas existen entre los inmigrantes de origen centroamericano que trabajan en los monocultivos de California con los descendientes del exilio cubano en Miami, que tampoco son monolíticos y rehuyen las etiquetas. Y aunque el candidato Joe Biden goza de una intención de voto entre los latinos cercana al 59% frente al 41% que acumula su rival, el analista Matthew Yglesias ha recordado que «Hillary Clinton ganó el 66% de sus votos en 2016». O lo que es lo mismo: la distancia a favor de Biden, siendo notable, está todavía lejos de la que obtuvo la ex secretaria de Estado. Un número, el de Biden, que Yglesias califica de sorprendente a la vista del trato que han ocupado los latinos en los discursos del actual presidente.

U.S. President Trump holds signing ceremony at the White House in Washington
El jueves, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva en la Casa Blanca para fomentar la Prosperidad hispánica en EE UUKEVIN LAMARQUEReuters

En junio de 2015, el magnate descendía las suntuosas escaleras mecánicas de la Torre Trump para anunciar, rodeado de colaboradores, acólitos y periodistas, su candidatura a las primarias republicanas. Al mismo tiempo, prometió restaurar la perdida grandeza del país y denunció el peligro de una invasión bárbara, compuesta de delincuentes sexuales y trafican que surcan las aguas del Río Grande y cruzan los desiertos del suroeste.

En octubre de 2016, a menos de un mes para las elecciones, el entonces candidato Trump pronunciaba su primera palabra en español: “Bad hombres” (hombres malos). “Tenemos algunos ‘bad hombres’ aquí y los vamos a expulsar”, dijo sobre los hispanos.

Hoy, la melodía suena muy distinta. El miércoles, Trump recibió en Washington al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, cubriéndolo de elogios. Celebraban la entrada en vigor, el 1 de julio, del acuero de libre comercio entre Canadá, EE UU y México (USMCA).

Los mexicanos son «gente fantástica» y «muy trabajadora», indicó Trump. Unas palabras que contrastaban con el Trump de 2016 que no dudaba en llamarles violadores, delincuentes y traficantes de droga.

Al día siguiente, Trump mantuvo reuniones con destacados representantes de la comunidad latina, incluidos empresarios. Definió a los latinos de «tesoro». De paso firmó una orden ejecutiva, la Iniciativa por la Prosperidad Hispana, donde celebra «las muchas formas en que los hispanos han contribuido a nuestra nación», y los desafíos «que afrontan para acceder a oportunidades educativas y económicas».

En otro gesto a la comunidad, Trump anunció el viernes en una entrevista con la cadena Telemundo que impulsará un decreto migratorio que contendrá una vía para que los «dreamers», un grupo de jóvenes llegados al país de forma irregular junto a sus padres, tengan una vía para la ciudadanía. «En las próximas semanas, voy a firmar una ley migratoria», anunció, precisando que será una orden ejecutiva, pero sin precisar el contenido.

Para entender la importancia del voto inmigrante e hispano conviene recordar que no es lo mismo, pues muchos de los que se reconocen como latinos llevan asentados en EE UU durante muchas generaciones. Incluso entre los de primera generación son muy distintos los intereses de quienes recibieron su nacionalidad hace años que los de aquellos que acaban de naturalizar su situación legal recientemente.

Ahora, en EE UU hay más de 23 millones de inmigrantes naturalizados como ciudadanos que, por tanto, pueden votar en las presidenciales, lo que, según el Pew Research Center, representa algo así como el 10% del censo.

Según el centro de estudios sociales, el 16% de estos inmigrantes ha nacido en México, y el 56% de todos los votantes que han obtenido la ciudadanía vive en cuatro Estados con amplio porcentaje de habitantes hispanos, California, Nueva York, Texas y Florida. En total, se estima que hay 62 millones de latinos viviendo en EE UU, por los 50 millones que había en 2010.

Según escriben en un estudio reciente del Population Reference Bureau, el 71% de este incremento es fruto de la natalidad, frente al crecimiento de la población de origen asiático y blanca no hispana, «impulsado por la migración internacional neta». Los factores principales que explican el «rápido crecimiento de la población hispana» son los «niveles relativamente altos de inmigración de América Latina» –principalmente de México–, que han contribuido a un gran número de latinos en sus primeros años de maternidad, en comparación con otros grupos raciales y étnicos».

En su orden, Trump presume de haber acercado la «educación de calidad» a los hispanos, que ofrece «múltiples vías para el éxito económico» y subraya que «hoy los estadounidenses tienen más caminos hacia la prosperidad que cualquier generación anterior, y es necesario asegurar que los hispanos tengan todas las oportunidades de acceder a estos caminos y cumplir sus aspiraciones educativas y económicas».

El cambio de actitud hacia los hispanos pudo corroborarse el viernes en Florida, donde Trump se presentó como el candidato de la democracia liberal frente a los apóstoles del socialismo. «Vamos a luchar por Venezuela», dijo Trump. «Vamos a luchar por nuestros amigos de Cuba, saben que lo hemos estado haciendo al igual que en otros lugares».

Asunto distinto es que esto signifique algo en el cuadro general del voto, que podría inclinarse todavía más hacia Biden si la campaña demócrata comienza a gastar grandes cantidades para consolidar y expandir su base hispana.