«Yo también soy taiwanés»

Las amenazas de China al presidente del Senado checo por visitar Taiwán merecen una contundente reprobación de toda la Unión Europea

El presidente del Senado de la República Checa, Miloš Vystrcil, debe “pagar un precio alto” por su reciente visita a Taiwán. Podría parecer el arranque de una nueva entrega de la saga cinematográfica de “El Padrino”, pero no es así.

Estas han sido las reales y amenazantes palabras que ha pronunciado el ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, contra el político checo por haber desafiado con su visita a la isla, “el principio de una sola China”.

El propio Vystrcil, que llegó a Taipéi el pasado 30 de agosto encabezando una nutrida delegación de 89 personas para profundizar intercambios bilaterales entre la República de China (Taiwán) y la República Checa, ha manifestado que se ha sentido “asustado” por las inapropiadas palabras del ministro chino, pero sobreponiéndose a la amenaza, pronunció un sentido discurso ante la Cámara Legislativa de Taiwán en el que destacó la importancia de los valores de democracia y libertad, criticó el comunismo y los regímenes opresivos y, finalmente, se llamó a sí mismo “taiwanés” utilizando el mandarín: “Wo shi Taiwan ren” (soy taiwanés).

Nuestra presidenta Tsai Ing-wen ha querido hacer saber a los países amigos de ideas afines que Taiwán no va a sucumbir ante este tipo de presiones sino que, al contrario, ello constituirá un incentivo para que el país participe de forma más activa en los asuntos internacionales. Y que la visita de Vystrcil, el político checo de más alto nivel que ha visitado Taiwán, impulsará nuevas visitas y extenderá los brazos a la colaboración con países amigos, con aquellos que comparten con Taiwán valores tales como la libertad, la democracia y los derechos humanos.

Como era de esperar, las graves amenazas chinas a un país miembro de la Unión Europea han provocado una seria reacción en dirigentes de diferentes países, como es el caso de Eslovaquia, Eslovenia y Alemania. La presidenta eslovaca, Zuzana Caputova, y el primer ministro esloveno, Janez Janša, han coincidido al calificar las amenazas chinas de “inaceptables”, y al subrayar que las relaciones entre la Unión Europea y China se basan en “el diálogo y el respeto mutuo”.

Por su parte, el Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Heiko Maas, ha subrayado que “las amenazas no tienen cabida en Europa”.

Pese a la gravedad de las declaraciones del ministro chino, que sobrepasan todos los límites aceptados por la diplomacia tal y como ésta es entendida en los países democráticos, no era necesario escuchar tales palabras de boca de un dirigente comunista para alcanzar conciencia de la actitud amenazante de China, puesto que hace mucho tiempo que el régimen autocrático chino ha dado ya sobradas muestras de sus pretensiones hegemónicas al resto del mundo.

China lleva meses intensificando las agresiones a sus países vecinos. Así ha ocurrido con India, con sus empeños beligerantes por controlar el Mar de China Meridional, y con la presencia de sus aviones que no paran de sobrevolar las aguas del Estrecho de Taiwán y de amenazar repetidamente el espacio aéreo de Taiwán.

Por si fuera poco, en los últimos meses hemos asistido al más grave ejemplo de cercenamiento de los derechos y las libertades con la promulgación de la Ley de Seguridad Nacional de Hong Kong.

Con su simbólico “yo soy taiwánes”, que pretendía hacer alusión al similar “yo soy berlinés” pronunciado en 1963 por el expresidente estadounidense John F. Kennedy en Berlín Occidental, con motivo del 15º aniversario del bloqueo de la ciudad por la entonces Unión Soviética, el presidente del Senado checo Vystrcil ha puesto también sobre la mesa la necesidad de que todos los países defensores de la libertad, la democracia y los derechos humanos deben permanecer unidos para acabar con cualquier intento de agresión de un tesoro tan valioso como lo son estos valores comunes.

Si la sociedad internacional, con la Unión Europea a la cabeza, no le da a China una señal suficientemente clara de aquello que no es admisible hacer, China considerará que puede decir y hacer lo que le venga en gana, y seguirá exigiendo el pago de “un precio muy alto” al resto de países libres y democráticos. La Unión Europea ha sido y es modelo de respeto por la libertad, la democracia y los derechos humanos, valores que China está continuamente despreciando con sus actitudes hostiles.

Es por ello que se echa en falta una respuesta clara, contundente y unificada de la Unión Europea -un “Yo también soy taiwanés”- ante tales agresiones, ahora más necesaria que nunca para que esta última entrega de “El Padrino” acabe al menos con un final feliz.Fdo: Embajador José María Liu