¿Vuelve Capriles?

La posibilidad de que el ex candidato presidencial termine por ser catalogado de colaboracionista del régimen ya resulta real

«Yo mismo aún no se si votaré o no. (Porque) el verdadero dilema es si luchamos o no luchamos. Hoy la gente no está pendiente de las elecciones parlamentarias de diciembre. No piensa en eso cuando está en una fila intentando obtener gasolina». Estas palabras de Henrique Capriles lo han convertido en noticia en las últimas semanas. Desde un rol secundario a partir del 2014 y con una imagen venida a menos en los últimos años, el ex candidato presidencial, ha provocado un verdadero tsunami a lo interno de la oposición venezolana y en el propio gobierno interino que lidera Juan Guaidó.

El llamado a votar por parte de Capriles en las venideras elecciones parlamentarias de diciembre y orquestadas por el propio Maduro, lo aleja de Guaidó, de su propio partido Primero Justicia y de la posición de la Casa Blanca con respecto a la crisis política que vive Venezuela. Sin embargo, la postura –aparentemente conciliadora– lo ha acercado a la Unión Europea y a algunos aliados naturales del chavismo; por ejemplo, Rusia y Turquía.

La intención de tender puentes con el «bando opuesto» reposa –según Capriles– en la necesidad de «destrancar el juego» y encontrar una solución definitiva para un cambio de gobierno. En términos políticos, podría concluirse que Capriles ha conseguido abrir un espacio nuevo en el debate público. La posibilidad de ir a elecciones –incluso reconociendo la trampa anticipada y el sistema electoral cargado de vicios– podría generar un nuevo momentum en la lucha por la conquista de la libertad y la democracia. Por ejemplo, ante un eventual fraude, habría nuevas razones para relanzar la actividad de calle, habría nuevos argumentos para que el ánimo popular se reavive, se ejerza una mayor presión y se intente definitivamente romper el dique que sostiene al dictador venezolano.

Por otro lado, esa estrategia resulta, cuando menos, muy arriesgada. Para que ese principio estratégico opere realmente y cobre sentido, es necesaria la convocatoria masiva a votar y, por supuesto, una respuesta positiva a ese llamado. De lo contrario, el chavismo ganará nuevamente la elección corriendo solo, la comunidad internacional volverá a desconocer la legitimidad de dichas elecciones y finalmente el juego seguirá, no solamente atascado, sino más enredado. En otras palabras, Capriles parece apostar a ganar espacios sobre la base de una jugada maravillosa, espectacular; pero, improbable de ser exitosa. En caso de que le salga bien, se convertirá en héroe, de lo contrario, podría estar «cavando la tumba» de su futuro político.

La posibilidad de que el ex candidato presidencial termine por ser catalogado de colaboracionista del régimen ya resulta real. Maduro, gracias a este movimiento desesperado de Capriles, podría estar logrando, una vez más, el objetivo de seguir fracturando a su oposición, de poner a pensar a la Unión Europea, al Vaticano y a los noruegos, en una posible y renovada ronda de infructuoso e inútil diálogo que le permitiría ganar tiempo y reacomodarse en el tablero político.