Chipre retiene las sanciones contra Lukashenko

Supedita su apoyo a que la UE también emprenda castigos respecto a Turquía

Los Veintisiete siguen sin poner el cascabel al gato.  A pesar de que las cancillerías europeas han retirado su apoyo al presidente bielorruso Alexander Lukashenko al considerar que las últimas elecciones celebradas el 9 agosto  no cumplieron los estándares democráticos, las reservas de Chipre hicieron que ayer fuera imposible imponer sanciones a las personalidades vinculadas con el régimen.

El veto de Nicosia no se debe a una discrepancia de fondo sino que el país está aprovechando la ocasión para supeditar el apoyo a las sanciones a que los Veintisiete paguen con la misma moneda a Turquía. Para aprobar este tipo de castigos es necesaria la unanimidad de las Veintisiete, por lo que el “no” de un solo país es más que suficiente para torpedear cualquier decisión y lastrar el debate.  La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, pidió la semana pasada terminar con este tipo de regla numérica para que un solo país no pueda secuestrar la toma de decisiones.

A pesar de esto, la diplomacia comunitaria no quiere que el retraso en la adopción de sanciones sea interpretado como connivencia con el régimen. “Consideramos que estas elecciones son falsas. No reconocemos el resultado y, por lo tanto, no reconocemos la legitimidad de Lukashensko”, aseguró el máximo representante de la diplomacia comunitaria, Josep Borrell.

Turquía mantiene un peligroso contencioso tanto con Grecia como con Chipre después de que Ankara haya iniciado prospecciones de gas en  el Mediterráneo Oriental. Los dos países europeos alegan que, de esta forma, Ankara viola la ley internacional ya que estas operaciones están siendo realizadas en sus aguas territoriales.

Después de que el buque de prospección turco Oruc Reis regresara a puerto hace días, parecía que el diálogo podía reconducir la situación y los Veintisiete confiaban en no tener que tomar decisiones de manera precipitada.  Sin embargo, Nicosia  quiere que los Veintisiete eleven el tono contra Recep Tayyip Erdogan y no se conforma con este gesto de buena voluntad. “Nuestros valores y principios no pueden ser a la carta. Tienen que ser coherentes”, defendió ayer el ministro de Exteriores chipriota Nikos Christodoulides.

Con el veto chipriota, los dos conflictos que han sacudido fuertemente el tablero internacional en los meses de verano quedan intrínsecamente unidos y serán los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete los que deberán abordar la situación en la cumbre extraordinaria prevista para este jueves y viernes. Borrell pronosticó ayer un debate de “alto voltaje”.

La falta de resultados tangibles sobre Bielorrusa coincidió ayer con  la visita de Svetlana Tijanövskaya, la principal líder de la oposición. La joven política se ha visto obligada a huir a la vecina Lituania después de la violenta represión desatada en el país, tras las protestas por los comicios fraudulentos. “Los líderes de la UE tienen razones para no impulsar sanciones pero les he pedido que sean más valientes”, aseguró ayer Tijanövskaya quien también tuvo la oportunidad de dirigirse a los miembros del Parlamento Europeo.

Desde hace semanas, la diplomacia comunitaria prepara una lista con hasta cuarenta personas ligadas con el régimen a quienes se les podrían congelar sus bienes en suelo comunitario y prohibir el visado.  A pesar de que no hay discrepancias  sobre la necesidad de este tipo de pasos, la estrategia chipriota no es el único obstáculo, ya que las cancillerías siguen divididas sobre la posibilidad de incluir en el listado al propio Lukashenko. Aunque las tres repúblicas bálticas presionan para que el mandatario sea castigado, otras capitales son partidarias de un enfoque gradual que permita seguir negociando con Minsk y no romper todo los puentes.

Pedimos a toda la sociedad internacional que no acepte la legitimidad de Lukashenko porque no es legítimo a ojos de los bielorrusos. Nos ha robado el voto en estas elecciones. Solo con el apoyo de la sociedad internacional podremos ganar nuestra lucha por una Bielorrusia democrática”, pidió ayer Tijanövskaya.