La UE y el nuevo pacto migratorio: ¿Quién gana y quién pierde?

Bruselas debe buscar ahora cómo superar las tensiones entre los países que exigen un mecanismo de cuotas obligatorias para acoger a los migrantes y aquellos Estados que rechazan dicha posibilidad

La Comisión Europea presentó este miércoles su propuesta para reformar la política de migración y asilo que “entierra” la idea de cuotas obligatorias para el reparto de la acogida de refugiados, pero plantea un sistema voluntario con varios niveles de solidaridad con los países con mayor presión migratoria y apuesta por reforzar la frontera exterior de la Unión Europea y agilizar las expulsiones de los migrantes que lo logren estatus de refugiado.

Sin embargo, continúan existiendo grandes diferencias entre los Estados miembro respecto a cómo gestionar la llegada de refugiados a la UE. A Bruselas no le queda otra que buscar la manera de superar estas tensiones entre quienes reclaman un mecanismo de cuotas obligatorias para la acogida de los migrantes, como España, y aquellos que rechazan de plano esta posibilidad, como Hungría, Polonia o Eslovaquia.

Roger Kelemen, analista político de la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey), explica a LA RAZÓN su punto de vista sobre este nuevo pacto de migración de la Unión Europea. Cree que la propuesta de reforma adquirió mayor importancia a raíz del gran incendio que tuvo lugar en Moria, el mayor campo de refugiados de Europa, el pasado 9 de septiembre. Asimismo, no tiene muchas esperanzas puestas en este intento de Ursula von der Leyen de crear una política coherente en migración y asilo: “La Comisión Europea espera hacerlo mejor ahora y dedicar más recursos que en la ola migratoria de 2015, pero tengo serias dudas de si lo lograrán", asegura.

-¿La reforma migratoria podría ser un intento de cuadrar un círculo que se ha resistido durante años y que ha impedido a la UE tener una política coherente en migración y asilo?

-La Comisión Europea lleva prometiendo impulsar una reforma importante de la política de migración y asilo desde hace tiempo. La urgencia de esta reforma adquirió mayor importancia a raíz de la trágica situación que se vive en el campo de refugiados de Moria. Este pacto migratorio que ha propuesto la UE es ciertamente un intento de crear una política coherente y viable, pero dudo ciertamente de que tenga éxito. La propuesta de la Comisión parece problemática en muchos aspectos y ni siquiera podemos estar seguros de qué elementos de la misma aguantarán en el procedimiento legislativo.

-¿Es la Comisión Europea quién debe determinar el número de migrantes que cada país de la UE debe ayudar a retornar a su país de origen o a quedarse en su territorio?

-La determinación de lo que supone un “reparto de la carga” equitativo no puede dejarse así como así en manos de los Estados miembro, ya que muchos se negarían a asumir la responsabilidad de ocuparse de una parte razonable de los migrantes y algunos se podrían negar a ayudar. Contemplando este panorama, creo que sí hay un papel importante aquí que debe desempeñar la Comisión. Sin embargo, no creo que determinar el número de inmigrantes que cada país debería aceptar o ayudar a regresar a sus lugares de origen sea el principal problema al que se enfrenta la UE. Ya en 2015 cuando la UE acordó su primer plan de reubicación de refugiados, la Comisión propuso una fórmula de reparto de la carga que aprobó una amplia mayoría de los Estados miembro. El problema fue que luego no cumplieron con estos compromisos y la UE tampoco obligó a cumplirlos. Dicho esto, se trata de hacer cumplir, no de calcular cuál sería el reparto justo para cada país.

-¿Países como Polonia, Hungría o Eslovaquia serían los grandes “ganadores” de este nuevo pacto migratorio?

-Es cierto que este pacto migratorio refleja un enfoque más duro hacia los migrantes que el que hemos visto antes en la UE y que no hay cuotas “obligatorias”. Entonces, la UE se está acercando más a la línea de los gobiernos de derecha como el de estos países que mencionas, haciendo hincapié en controles fronterizos más estrictos y retornos forzados. El aspecto más extraño e inquietante de la reforma es el concepto de lo que se conoce como “patrocinio del retorno”. La Comisión sugiere que si un país de los Veintisiete no quiere ayudar con la carga de los refugiados ni acoger a solicitantes de asilo pueden, por el contrario, ofrecerse como voluntarios para ayudar a otros Estados a devolver un cierto número de migrantes rechazados a sus países de origen. La idea es aprovechar los recursos de los gobiernos que están en contra de los migrantes haciéndolos actuar como agentes de deportación para otros Estados. Esto me parece, por decirlo de alguna manera, bastante ridículo.

-La UE está trabajando con Grecia en un proyecto para construir un nuevo centro “más moderno” que albergue a las aproximadamente 12.000 personas que lo perdieron todo en el incendio de Moria. ¿Qué opinión le merece?

-La UE quiere evitar que campamentos como el de Moria se conviertan en residencias a largo plazo para inmigrantes que se encuentran en una especie de limbo. Aseguran que pretenden ayudar a los Estados miembro a acelerar el proceso de toma de decisiones en la frontera exterior de la UE para que se pueda decidir en cuestión de días qué migrantes son admitidos y cuáles devueltos a sus países de origen. La idea de que la Unión Europea vaya a ayudar a aquellos Estados en primera línea migratoria y a procesar a los solicitantes de asilo no es nada nuevo: la UE ya abordó este tema durante la ola migratoria de 2015 al establecer una serie de “puntos calientes”. No obstante, estos campamentos de puntos críticos carecían de la infraestructura necesaria o del personal adecuado. Al poco tiempo se vieron abrumados y todo se convirtió en un auténtico desastre humanitario. Ahora la Comisión Europea espera hacerlo mejor y dedicar más recursos esta vez, pero siguen existiendo serias dudas de si lo lograrán.