Johnson cede ante los rebeldes “tories” para mantener sus poderes especiales

El Gobierno británico se compromete a consultar al Parlamento las “medidas nacionales significativas” frente a la pandemia

Boris Johnson consiguió este miércoles el apoyo de la Cámara de los Comunes para que el Gobierno renueve los poderes extraordinarios concedidos en marzo para lidiar con el segundo pico de una pandemia que se ha cobrado ya la vida de más de 42.000 personas en Reino Unido. La covid-19 no da tregua y las autoridades ya han advertido de que las actuales restricciones sociales pueden alargarse durante seis meses e incluso endurecerse en caso de que la situación empeore. El Ejecutivo recibió 330 a favor y 24 en contra.

Pero el trámite no fue nada fácil para un «premier» cuyo liderazgo está cada vez más cuestionado tanto fuera como dentro de sus filas. Hasta el último minuto, el Gobierno tuvo que negociar con un importante grupo de más de 50 «tories» rebeldes que quieren que Westminster tenga más poder en la gestión de la crisis.

Han pasado ya seis meses del confinamiento de marzo y los «tories» son ahora menos indulgentes con el Gobierno, se muestran más escépticos con los consejos de los científicos y están más preocupados por la economía.

Para evitar un episodio que habría sido de lo más bochornoso, el Ejecutivo acabó cediendo a sus demandas. En el intenso debate previo a la votación, el responsable de Sanidad, Matt Hancock, anunciaba que «para medidas nacionales significativas, con efecto en toda Inglaterra o en todo Reino Unido, consultaremos al Parlamento». «Siempre que sea posible, realizaremos votaciones antes de que tales reglamentos entren en vigor», señaló.

«Pero, por supuesto, responder al virus significa que el Gobierno debe actuar con rapidez cuando sea necesario y no podemos retrasar las regulaciones urgentes que son necesarias para controlar el virus y salvar vidas. Estoy seguro de que ningún miembro de esta Cámara querría limitar la capacidad del Gobierno para tomar medidas de emergencia en aras del interés nacional», dijo.

Rapapolvo de “Mr. speaker”

Aunque Johnson salvó «in extremis» la revuelta, el episodio deja en evidencia la popularidad del primer ministro. El «speaker», Sir Linday Hoyle, no admitió a trámite la enmienda que habían preparado los rebeldes, cuyo cabecilla es nada más y nada menos que Graham Brady, presidente del llamado Comité 1922, que reúne a los «tories» sin cartera.

En cualquier caso, Hoyle mandó un duro mensaje al «premier», al que acusó de tratar al Parlamento con «desprecio». El presidente de la Cámara Baja lanzó una fuerte reprimenda a los ministros por usar poderes de emergencia de una manera «totalmente insatisfactoria» y por no dar a los diputados el tiempo suficiente para revisar las medidas.

«Con demasiada frecuencia, se han publicado importantes instrumentos estatutarios en cuestión de horas antes de que entren en vigor. Algunas explicaciones de por qué han entrado en vigor medidas importantes antes de que puedan presentarse ante esta Cámara no han sido convincentes y muestran un total desprecio por el Parlamento», en lo que se ha interpretado como la intervención más dura de un presidente de la Cámara en las últimas tres décadas.

Aparte de poner en duda los valores democráticos, los rebeldes consideran que las nuevas restricciones sociales impuestas en el noreste de Inglaterra -donde se registra el mayor número de rebrotes- son confusas. Y el propio Johnson vino a darles la razón. El martes, en el que posiblemente fue el episodio más embarazoso de su carrea política, el líder “tory” no atinó a explicar las medidas cuando le preguntaron sobre ellas en rueda de prensa.

“Si el propio Gobierno no entiende las reglas, ¿cómo pretende luego que los ciudadanos las cumplan?”, preguntaba el líder de la oposición Keir Starmer, quien no dudó en acusar al “premier” de “incompetente”. El laborista, no obstante, señaló que apoyará las restricciones respaldadas por los científicos para hacer frente a la pandemia.

En este sentido, el Gobierno no va a hallar confrontación. Pero Johnson tampoco querría encontrarse en un escenario en el que tenga que depender de la oposición mientras la disciplina de su propia formación se desmorona.