Trump, ingresado por covid en un hospital militar en la recta final de campaña

El presidente ha recibido una dosis de ocho gramos del cóctel experimental de anticuerpos, no precisa suministro de oxígeno y sigue “fatigado, pero con buen estado de ánimo”, informa la Casa Blanca

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue anoche trasladado al Centro Médico Militar Nacional Walter Reed en Bethesda (Maryland), donde permanecerá durante los próximos días como medida de precaución tras dar positivo junto a su esposa Melania de covid-19, según informó la portavoz de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany.

«El presidente Trump permanece de buen humor, tiene síntomas leves y ha estado trabajando durante todo el día», aseguró McEnany en un comunicado. «Por precaución, y por recomendación de su médico y expertos médicos, el presidente trabajará desde las oficinas presidenciales en Walter Reed», añadió. Las imágenes de televisión mostraron al propio Trump bajar del helicóptero por su propio pie, si bien no hizo ninguna declaración a la Prensa.

Los médicos instaron a la medida para que Trump pudiera recibir atención inmediata si fuera necesario, dijo un funcionario de la Casa Blanca. Una fuente oficial aseguró que Trump tiene fiebre leve y recibió una dosis de ocho gramos del cóctel experimental de anticuerpos de la farmacéutica Regeneron. Pero de momento no precisa suministro de oxígeno.

La noticia bomba ha puesto en jaque la campaña electoral. A pesar de las pruebas diarias, el cortafuegos de seguridad y las impenetrables medidas profilácticas el presidente Donald Trump anunciaba vía Twitter que tanto él como la primera dama habían dado positivo en el test de la covid. En el peor momento posible. A un mes de las elecciones a la Casa Blanca, fijadas para el 3 de noviembre, y a menos de dos semanas del segundo debate televisado frente a Joe Biden.

Imposible no recordar, de paso, que durante meses el presidente Trump minimizó la amenaza del virus. En febrero y marzo aseguraba que su incidencia apenas se limitaría a un par de casos bien controlados. En abril y mayo, durante los meses más duros, con los hospitales saturados y las personas muriendo a miles en ciudades como Nueva York, insistía en que la culpa era de los gobernantes locales.

Una táctica, por cierto, muy similar a la que siguió en España el Gobierno de Pedro Sánchez, igualmente incapaz de atajar el crecimiento explosivo de la pandemia. Durante meses Trump se negó a llevar en público una mascarilla. Por más que prohombres republicanos tan destacados como el ex vicepresidente con George W. Bush, Dick Cheney, llegaran a pedir que la ciudadanía use la mascarilla. Los verdaderos hombres llevan máscara, tuiteó su hija, Liz Cheney, acompañando el lema con una fotografía del viejo Dick ataviado con mascarilla y sombrero vaquero.

Toda una declaración de principios en un momento en el que la Casa Blanca había convertido las reclamaciones sanitarias de los CDC en material combustible para las guerras culturales, mientras Trump contradecía casi a diario las reclamaciones y consejos de sus expertos e insistía en la teórica eficacia de unos tratamientos que siguen lejos de mostrarse plenamente eficaces.

“Yo utilizo cuando considero que es necesario”, comentó Trump en una ocasión, haciendo mofa de Joe Biden, “no como él, que cada vez que le ves lleva mascarilla, puede estar a 600 metros y tener la mascarilla más grande que he visto”. De hecho hubo que esperar a finales de mayo para Trump compareciera finalmente con una mascarilla. Y fue por accidente, en una fotografía tomada entre bambalinas, durante una visita a una fábrica de componentes de Ford en Ypsilanti, Michigan. Preguntado por los medios admitió que había portado una, pero que no quiso llevarla delante del público o las cámaras para no «darle a la prensa el placer de verle» con una.

«En el área trasera tenía una máscara puesta», aseguró, «Tenía gafas y una máscara justo allí». En aquel entonces EE.UU. sumaba ya 96.432 muertes por el coronavirus y el modelo matemático de la universidad de Washington pronosticaba 147.000 muertos para principios de agosto. Hoy, 2 de octubre, son ya 208.000 muertos.

La noticia de que el presidente tiene coronavirus sorprendió, antes que a nadie, a los periodistas destacados en Washington, que lo vieron la misma noche del jueves. Pero apenas unas horas más tarde, y haciendo uso de su canal de comunicación favorito, Twitter, Trumo escribió que “Esta noche, @FLOTUS y yo dimos positivo por COVID-19. Comenzaremos nuestro proceso de cuarentena y recuperación de inmediato. ¡Lo superaremos JUNTOS!”. Para entender la magnitud y alcance del suceso bastaría recordar que Trump pertenece plenamente al segmento de población más expuesto a las posibles consecuencias letales del virus.

Tiene 74 años, una edad que lo sitúa en la zona alta de riesgo a sufrir complicaciones graves. Poco después el médico del presidente, Sean P. Conley, publicó un comunicado para zanjar las primeras especulaciones. “El presidente y la primera dama están bien en este momento”, escribe, “y planean quedarse en la Casa Blanca durante su convalecencia”. Conley aseguró que “el equipo médico de la Casa Blanca mantendrá una vigilancia constante”. Con un tono no exento de hosca gravedad hace votos para que el presidente pueda continuar “desempeñando sus funciones sin interrupciones mientras se recupera”.

Al parecer las alertas comenzaron a sonar después de una de las principales asistentes de Trump, Hope Hicks, anunciara que había contraído el virus después de viajar con el presidente varias veces esta semana. Hicks dió positivo tras regresar de Minnesota. “Ha dado positivo”, me acabo de enterar, dijo Trump el jueves durante una entrevista para FOX News, “Es una trabajadora incansable. Usa mascarilla muchas veces pero ha dado positivo”. Cadenas como la CNN aseguran que durante el viaje de vuelta a Washington en el Air Force One nadie del equipo de campaña, ni Hicks ni tampoco Jared Kushner, Dan Scavino y Nicholas Luna, usó la mascarilla. Tampoco lo habrían hecho durante la hora y media que duró el debate en televisión con Biden.

Ahora sabemos que el pasado jueves Trump sonaba afónico y parecía cansado y que a primera hora del viernes mostraba los primeros síntomas de la enfermedad. Que no sea asintomático transforma el diagnóstico en una amenaza de primera magnitud. Larry Kudlow, asesor económico de la Casa Blanca, ha asegurado delante de las cámaras de la Casa Blanca que ha hablado con Trump por teléfono y que sonaba bien.

En declaraciones a la CNN la presidente del Congreso, Nancy Pelosi, ha dicho que ojalá la funesta noticia de que el presidente ha dado positivo sensibilice a la población de lo extremadamente contagioso que es el virus. “El resto del país tiene que saber que incluso con las precauciones que se toman en torno al presidente, la gente es susceptible”. “Tienes que usar tu máscara”, añadió, “Tienes que hacerte la prueba”.

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