Trump sigue con su purga y despide al jefe de ciberseguridad que negó el fraude

El presidente de EE UU prescinde de Krebs vía Twitter después de que rechazase las acusaciones de fraude electoral. Es el segundo alto cargo despedido a dos meses del fin de su mandato

Chris Krebs, en una imagen de archivoJonathan ErnstREUTERS

La carrera de Chris Krebs al frente de la Agencia de Seguridad de las Infraestructuras y Ciberseguridad, que forma parte de la Seguridad Interior, quedó sellada el pasado 12 de noviembre. Ese día, junto con los miembros del comité ejecutivo del Consejo de Coordinación Gubernamental de Infraestructura Electoral y otros destacados funcionarios, Krebs firmó un comunicado donde aseguraba que el proceso electoral fue limpio.

Suficiente para que el presidente saliente, Donald Trump, lo despidiera con un tuit, tal y como ya hizo anteriormente con el secretario de Defensa, Mark Esper, al que consideraba poco leal. Esper no respaldó a Trump cuando este propuso enviar tropas para reprimir las protestas del pasado verano. Y en la Casa Blanca de 2020 no hay dudas posibles ni capacidad para desobedecer los designios del líder.

«La declaración reciente de Chris Krebs sobre la seguridad de las elecciones de 2020 fue muy inexacta», ha escrito Trump, «ya que hubo fraudes y trampas masivas, que incluyen personas muertas que votaron, observadores a los que no les permitieron asistir a los lugares de votación, “fallos” en las máquinas de votación que cambiaron votos de Trump para Biden, votaciones tardías y mucho más». «Por lo tanto, con efecto inmediato, Chris Krebs ha sido despedido».

«Por lo tanto, con efecto inmediato, Chris Krebs ha sido despedido».

Era casi inevitable, después de que Krebs, que también ha sido asesor principal del subsecretario de Seguridad Nacional para la Protección de las Infraestructuras y director de Política de Ciberseguridad de Microsoft, sumara su voz a la del presidente de la Comisión de Asistencia Electoral de EE UU, Benjamin Hovland, la presidente de la Asociación Nacional de Secretarios de Estado, Maggie Toulouse Oliver, la presidente de la Asociación de directores de Elecciones Estatales, Lori Augino, el supervisor de elecciones del condado de Escambia (Florida), David Stafford, los miembros del Consejo de Coordinación del Sector de Infraestructura Electoral (SCC). 

Las elecciones del 3 de noviembre han sido «las más seguras en la historia de Estados Unidos», afirmaron. También explicaban que allí donde los resultados fueran demasiado ajustados los estados volverían a contar los votos. Algo que consideran un ejemplo prístino de respeto por las normas y estricta observancia del juego democrático.

En Georgia, por ejemplo, las autoridades tenían hasta la medianoche del miércoles para terminar el segundo recuento. De momento nada hace prever que el segundo recuento altere la victoria de Biden en ese estado.

En cuanto a las alegaciones de fraude, el secretario de Estado de Georgia, el republicano Brad Raffensperger, encargado de supervisar el proceso electoral, ha denunciado presiones dentro de su partido para intentar tratar de complacer al presidente Trump.

El todavía presidente, por su parte, asegura que «el recuento de Georgia es una broma y se está haciendo bajo protestas». Trump quiere que el gobernador actúe para no conceder el estado, que será objeto de una tremenda disputa electoral el próximo 5 de enero, cuando tendrá lugar la repetición de las elecciones al senado en Estado, con dos escaños en juego y, de fondo, el futuro de la mayoría en el legislativo. E

n total, durante el nuevo recuento en Georgia, han aparecido 2.755 votos que no habían sido contados en el condado de Fayette, de los que 1.577 habrían sido para Trump y 1.128 para Biden. Con lo que, según la emisora WSB-Atlanta TV, la ventaja de Biden decrecía en 500 votos, para situarse en 12.929. Antes, el lunes, otro condado descubrió otras 2.600 papeletas perdidas. De nuevo según la WSB, esto mejoró el margen en favor de Trump, que ha recortado la distancia respecto a Biden en 800 votos. Pero son mejoras poco sustanciales. Insuficientes. Muy por debajo del porcentaje necesario para cambiar la suerte electoral del estado.

Raffensperger, de hecho, ha señalado que las autoridades ya han concluido la auditoría de las máquinas de votación y ha asegurado que hay «signos de juego sucio».

Por decirlo como Krebs y el resto de profesionales al cargo de las agencias que supervisan la limpieza de las elecciones, «no hay evidencia de que ningún sistema de votación haya eliminado o perdido votos, haya cambiado votos o haya sido comprometido de alguna manera», y si bien abundan las «afirmaciones infundadas y las oportunidades de desinformación sobre el proceso de nuestras elecciones, podemos asegurarles que tenemos la mayor confianza en la seguridad e integridad de nuestras elecciones, y ustedes también deberían tenerlo».

Y Raffensperger ha ido más allá. Acusa al presidente de haber provocado su propia derrota. Habla de más de 24.000 votantes republicanos que participaron de las primarias mediante el voto por correo y que con ocasión de los comicios presidenciales decidieron quedarse en casa.

«Habría ganado por 10.000 votos. De hecho, suprimió, deprimió su propia base de votantes. Esas 24.000 personas no votaron en otoño. No votaron en ausencia porque el presidente les dijo: “No voten en ausencia, no es seguro”, y no votaron en persona». E

ntre tanto en Pensilvania, que el candidato Joe Biden ganó por una diferencia de 74.000 votos, el tribunal Supremo estatal tumbó la alegación del equipo legal de Trump, que alegaba problemas con los observadores. Por 5 votos a favor y 2 en contra el tribunal dijo que la ley había sido respetada y que las reglas fueron diseñadas tras un «cuidadoso análisis de cómo podría proteger mejor la seguridad y privacidad de las papeletas, así como proteger a sus empleados y a otras personas que estarían presentes durante una pandemia».