Irán desafía a Biden al subir su apuesta nuclear

El Parlamento aprueba una ley que aumentará el enriquecimiento de uranio y suspenderá las inspecciones a menos que EE UU retire sus sanciones

Una joven iraní pasa junto a un mural anti estadounidense en Teherán
Una joven iraní pasa junto a un mural anti estadounidense en TeheránABEDIN TAHERKENAREHEFE

A expensas de conocerse la postura de Joe Biden respecto al pacto nuclear con Irán y tras el asesinato la semana pasada del arquitecto del programa atómico del régimen de los ayatolás, Teherán apuesta por la vía de la confrontación ante el relevo en la Casa Blanca el 20 de enero.

Con una nueva ley aprobada el miércoles en el Parlamento, y que amenaza con poner en práctica si no se relajan las sanciones económicas de EE UU, se obligará al Gobierno iraní a «congelar» las revisiones de sus instalaciones nucleares por los inspectores de la ONU, así como impulsar el enriquecimiento de uranio por encima de los límites fijados en el pacto nuclear de 2015.

Con un Parlamento dominado por los «halcones» del régimen, Teherán apuesta por avanzar la carpeta nuclear ante la doctrina de «máxima presión» impulsada en los últimos años por la Administración Trump.

De ponerse en marcha la legislación, se dará dos meses de margen a los países europeos incluidos en el acuerdo para relajar las sanciones sobre los sectores petrolero y financiero, impuestas por Washington tras su retirada del pacto en 2018.

Además, se ordenará elevar el porcentaje de enriquecimiento de uranio hasta un 20%, así como el desarrollo de centrifugadoras avanzadas en las instalaciones de Natanz y Fordow. Esto rompería radicalmente con lo firmado con las grandes potencias en 2015, que estableció un límite de 3,67% de pureza en el proceso de enriquecimiento de uranio. Antes del acuerdo, Teherán había logrado llegar a cuotas del 20%, lejos aún del 90% necesario para ser usado en armamento nuclear.

El paso adelante del ala dura del régimen, junto al «misterioso» asesinato del científico Mohsen Fakhrizadeh –considerado como una zancadilla de Trump y sus aliados a su sucesor en el Despacho Oval–, ponen cuesta arriba las intenciones de Biden de reingresar a EE UU al pacto nuclear. Recientemente, el demócrata condicionó la retirada de las sanciones económicas y el regreso a los parámetros aceptados por el ex presidente Barack Obama a que Teherán «cumpla estrictamente con el acuerdo».

La iniciativa parlamentaria, que aún espera la luz verde del líder supremo, Ali Jmenei, no fue bien recibida por el presidente, el pragmático Hasan Rohani, ya que en su criterio «es dañino para los esfuerzos diplomáticos» que perseguía Irán para intentar aliviar la presión económica.

Pero ayer el ministro de Exteriores iraní, Mohamad Javad Zarif, marcó distancias al afirmar que Teherán no se plantea reformular ningún elemento del acuerdo nuclear con las grandes potencias. Zarif aseguró que, a pesar de las intenciones de Biden, no aceptarán límites sobre su programa de misiles o su apoyo a milicias de la región si Occidente no detiene su «comportamiento malévolo en Oriente Medio».

Desde Jerusalén, el «premier» israelí, Benjamin Netanyahu, también siguió tensionando el otro flanco en la «bienvenida» a Biden. «Sería un error, no debería volver a ese acuerdo defectuoso», aseveró. Para el líder hebreo, la firma de 2015 facilitó los fondos necesarios para que su gran enemigo regional se estableciera militarmente en Siria e Irak, así como para financiar a las milicias que operan bajo su influencia.

Sobre el asesinato del «padre del programa nuclear» de la semana pasada –que según las divergentes versiones del régimen fue obra del Mossad israelí en colaboración con grupos opositores en el extranjero–, el portavoz del Gobierno persa, Ali Rabiei, aseguró el miércoles que se identificaron a los responsables de la operación. Detalló que «diferentes aspectos del asesinato están siendo investigados, y cuando se llegué a una conclusión final se relevará a las partes».

Un año negro para el régimen de los ayatolás

Más allá de la ley y las amenazas, la incógnita es si Teherán logrará mantener su programa nuclear tras un año marcado por tres dolorosos golpes: el asesinato del comandante de las Fuerzas Quds Qassem Soleimani en enero; el sabotaje a la instalación nuclear de Natanz en julio; y la reciente perdida de Fakhrizadeh, que conocía todas las piezas del rompecabezas nuclear.