La cumbre climática virtual de Biden: diplomacia sin contacto humano

El presidente estadounidense quiere reafirmar el liderazgo de Estados Unidos en el escenario mundial

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden FOTO: Andrew Harnik AP

No habrá manos que estrechar ni palmadas en la espalda, ni habrá encuentros cara a cara. Esos pequeños momentos humanos que definen el arte de la diplomacia se reducirán a imágenes en una pantalla. El presidente Joe Biden, un político muy activo, organiza esta semana una importante cumbre climática con decenas de líderes mundiales, todos ellos “atrapados” en Zoom.

Biden ha dejado claro que quiere reafirmar el liderazgo de Estados Unidos en el escenario mundial, incluido el cambio climático, después de cuatro años tumultuosos, a menudo introspectivos, del presidente Donald Trump. Y pese a que la Casa Blanca “vende” las reuniones telemáticas y esta cumbre virtual lo cierto es que el presidente no ha ocultado cuánto extraña la diplomacia con un toque más personal. “No hay sustituto para las discusiones cara a cara”, dijo Biden el viernes al dar la bienvenida al primer ministro japonés Yoshihide Suga a la Casa Blanca para su primera reunión de líderes mundiales en persona. “Agradezco enormemente la oportunidad de pasar tiempo con usted en persona e intercambiar nuestras ideas cara a cara”, agregó.

Biden ha expresado a sus asistentes y asesores cuánto extraña las interacciones en persona y los encuentros amistosos que suelen suceder al margen de las reuniones internacionales, momentos que a menudo pueden conducir a avances en la política exterior, según tres funcionarios de la Casa Blanca no autorizados para hablar en público. Y mostró su decepción por la naturaleza forzada de su primera reunión bilateral remota, celebrada con el canadiense Justin Trudeau en febrero.

La Casa Blanca ha anunciado que Moon Jae-in de Corea del Sur viajará a Washington en mayo para la segunda reunión presencial de líderes extranjeros de Biden. Y hay esperanzas de que el presidente haga su propio viaje al extranjero en junio. Pero hasta entonces, se han controlado las expectativas de importantes desarrollos diplomáticos, y la cumbre climática no es una excepción.

Transmitida 100% en directo, la cumbre estará más orientada a enviar un mensaje sobre el regreso de Estados Unidos a la lucha climática y empujar al mundo hacia un planeta más verde que sobre acuerdos o acciones específicas. No sé sabe lo que será realmente la reunión climática, pero los expertos saben lo que no es: no serán unas negociaciones similares a las que produjeron el histórico acuerdo climático de París de 2015.

En París, “cada coma, cada punto y cada oración se negoció 100 veces”, dijo Christiana Figueres, la exjefe de clima de la ONU que fue una de las principales arquitectas detrás de aquel pacto hace seis años. Por el contrario, la cumbre de esta semana, dice, “es una confirmación pública de la intención de cada país de presentar su mejor esfuerzo actual”. Los activistas climáticos pueden esperar que países como Japón, Corea del Sur o incluso China se sientan repentinamente inspirados por Biden y anuncien que dejarán de financiar las centrales eléctricas de carbón de otras naciones. Pero Henry “Jake” Jacoby, cofundador del MIT Center for Global Change Science, se ríe de la idea: “¿En una llamada de Zoom con 40 naciones del mundo mirando?”

En cambio, la cumbre trata de plantar semillas para una reunión climática de noviembre en Escocia, donde las expectativas y los riesgos son mayores. Pero debido a las restricciones en persona por la pandemia y al corto período de tiempo que lleva Biden en el cargo, la reunión de esta semana es más un espectáculo entre líderes, eso sí, transmitido a quien quiera verlo. La acción real llegará después.

La mayor parte de la diplomacia durante los próximos siete meses no la harán los presidentes, sino los diplomáticos, como los viajes recientes del enviado especial de Estados Unidos para el clima, John Kerry, dijo Nigel Purvis, ex negociador climático del Departamento de Estado en las administraciones. de Bill Clinton y George W. Bush. Las reuniones en persona en Escocia están destinadas a atarlo todo, lo que podría funcionar, dijo el lunes el secretario general de la ONU, Antonio Guterres.

Biden ha dejado en claro que comprende la necesidad de realizar reuniones de forma remota: primero, para salvaguardar la salud de los líderes, así como la de todos aquellos que acompañan la visita de un jefe de estado. Además, mantener las cosas a distancia ayuda a dar un ejemplo de que su administración aún desaconseja los viajes en medio de un aumento en las variantes de virus y casos de COVID-19.

Sin recuerdos ni anécdotas

Pero los encuentros virtuales le han jugado malas pasadas. Tuvo un problema con el botón para silenciarse en una recaudación de fondos remota y vio cómo la canciller alemana Angela Merkel se olvidó de silenciar su propia transmisión e interrumpió al primer ministro británico Boris Johnson durante una reunión virtual de líderes del Grupo de los Siete en febrero.

El alcance de la política exterior de Biden hasta este punto ha carecido de los pequeños momentos en medio de cumbres y visitas de estado destinadas a crear recuerdos para los dignatarios extranjeros. El presidente Barack Obama llevó a Dmitry Medvedev a una hamburguesería en 2010 cuando el presidente ruso visitó Washington. La hija menor de Obama, Sasha, que estaba estudiando chino en su escuela privada de DC en ese momento, tuvo un momento memorable practicando algunas frases simples con Hu Jintao de China durante su visita de estado en 2011.

La visita de Vladimir Putin en 2001 al rancho de George W. Bush en Crawford, Texas, incluyó una cena con barbacoa, una lección sobre cómo bailar el Cotton-Eye Joe y un paseo en la camioneta del presidente republicano.

Esos momentos son difíciles de crear en la era de la pandemia, pero eso no ha impedido que Biden y su equipo traten de llevar algunos pequeños detalles al arte de gobernar virtual. Por ejemplo, Biden abrió su reciente reunión virtual con los líderes de Australia, India y Japón con un video de George W. Bush hablando sobre los inicios de la coalición después del terremoto y tsunami de 2004 en el Océano Índico. Fue parte de un esfuerzo por enfatizar el bipartidismo y la continuidad en la alianza.