Francia revive la amenaza yihadista

La Fiscalía investiga como terrorista el ataque con cuchillo que deja una policía muerta a las afueras de París. El agresor, que ha muerto tras ser detenido, gritó «Alá es grande»

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De nuevo un mismo «modus operandi» que vuelve a indicar la huella yihadista para sembrar el terror en Francia. Un ataque con cuchillo en una comisaría de Rambouillet, a las afueras de París, acabó ayer con la vida de una agente de policía de 48 años justo cuando terminaba su pausa para almorzar, sobre las 14:30. Después de resultar herido durante la detención, el presunto agresor también falleció. La Fiscalía antiterrorista ha asumido el caso ya entrada la tarde de ayer, lo que indica que existen cuanto menos suficientes indicios como para sospechar de un ataque terrorista. El fiscal nacional antiterrorista, Jean-François Ricard, explicó que su oficina se ha hecho cargo del caso «por el desarrollo de los hechos, que incluye elementos de localización».

«También por su realización, la modalidad del crimen, el tipo de víctima y las declaraciones del autor en el momento de los hechos», aseveró. Según fuentes cercanas a la investigación, el agresor habría gritado «Allah akbar», que quiere decir «Alá es grande» en árabe.

Según la televisión pública francesa, los documentos que han sido hallados entre las pertenencias del agresor indican –siempre que se trate de papeles auténticos– que éste tendría 36 años, de origen tunecino y llegó a Francia en 2009. El atacante no figuraba en ninguno de los ficheros de radicalización de las fuerzas del orden, de acuerdo con las fuentes consultadas por la emisora. Según la cadena BFM, el ataque no tendría nada de fortuito, y el presunto terrorista había hecho varias búsquedas previas para preparar la acción.

Las autoridades han abierto una investigación «por asesinato de persona depositaria de autoridad pública en relación con una acción terrorista» y por «asociación terrorista» que ha sido confiada de manera conjunta a la Dirección Central de la Policía Judicial y a la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI), el servicio de inteligencia interior.

Hasta el lugar de los hechos, a unos 60 kilómetros de París, se desplazaron a primera hora de la tarde el ministro del Interior, Gérald Darmanin, y el primer ministro, Jean Castex, que previamente había condenado a través de Twitter un «gesto bárbaro de una cobardía infinita».

Castex mostró de esta forma su apoyo a las cuerpos de seguridad, una vez más, blanco de ataques terroristas en un país que lleva años acostumbrado a un goteo permanente de este tipo de acciones. «No cederemos en la lucha contra el terrorismo islamista», sentenció el presidente Emmanuel Macron en un mensaje publicado en su perfil de Twitter entrada la tarde.

La líder ultraderechista Marine Le Pen no dudó en criticar la «laxitud» del Gobierno en cuestiones de seguridad como reacción al ataque terrorista de este viernes en París.

La localidad de Rambouillet se encuentra en el departamento de Yvelines, el mismo que la localidad de Magnanville, donde en 2016 un hombre mató con arma blanca a una pareja de funcionarios de Policía en su vivienda y posteriormente fue abatido por las fuerzas del orden. En este mismo departamento francés, el pasado 16 de octubre un profesor de secundaria, Samuel Paty, fue decapitado tras enseñar una imagen de Mahoma, un caso que extendió en el país el debate de la libertad de expresión o el derecho a la blasfemia.

Durante los últimos años, Francia ha sufrido una ola de ataques de milicianos islamistas o personas de inspiración islamista, que han acabado con la vida de alrededor de 250 personas. Ayer se sumó una más a la lista.