“Lukashenko ha declarado la guerra a los medios y periodistas independientes”

Hanna Liubakova, periodista bielorrusa e investigadora del Atlantic Council, explica a LA RAZÓN la represión política en Bielorrusia

El autócrata Alexander Lukashenko se encuentra cada vez más aislado internacionalmente
El autócrata Alexander Lukashenko se encuentra cada vez más aislado internacionalmente AP

El régimen bielorruso ha profundizado su aislamiento tras acordar la Unión Europea cerrar el espacio aéreo con Bielorrusia y ampliar las sanciones por el desvío de un vuelo comercial para detener a un periodista opositor, Roman Protasevich, incidente en el que solo cuenta con el respaldo de Rusia. La situación de los medios independientes dentro de Bielorrusia es cada vez más difícil, como explica a LA RAZÓN la bloguera e investigadora del Atlantic Council Hanna Liubakova, quien asegura que Alexander Lukashenko quiere demostrar que la crisis política del país está creada por el ruido de las redes sociales y no por su propia incapacidad para liderar Bielorrusia.

¿Está Lukashenko cada vez más acorralado dentro de Bielorrusia?

Así es. Él se siente inseguro en su posición actual. Después de meses de protestas en las calles y en las redes sociales, Lukashenko se mantiene en el poder gracias a la represión de las fuerzas del orden. El Gobierno necesita aumentar constantemente el nivel de la represión y de miedo sobre la gente y eso provocó la semana pasada una situación horrible que llevó al encarcelamiento de periodistas. En este contexto de malestar creciente, él necesita demostrar que es capaz de detener a sus enemigos incluso si están en el cielo o en el extranjero. Hasta el domingo, la lucha de Lukashenko contra sus oponentes a favor de la democracia había sido un asunto casi exclusivamente doméstico. Sin embargo, el aterrizaje forzoso de un avión comercial y el secuestro de pasajeros que volaban de una ciudad de la UE a otra representa una escalada importante. No sé si él sabía a lo que se podía enfrentar tras una acción así, pero ahora es muy importante que Occidente haga saber al régimen que no va a pasar por alto sus acciones y que tomará medidas.

¿Cómo está haciendo la prensa independiente su trabajo en medio de esta crisis política?

El Gobierno ha declarado la guerra a los medios y periodistas independientes de Bielorrusia incluidos los blogueros. La libertad de expresión nunca ha gozado de buena salud en el país pero desde el año pasado se ha convertido en una guerra con la que Lukashenko quiere dejar claro que no hay espacio para los periodistas independientes. El dictador pretende demostrar que son las redes sociales y no su propio desgobierno, las violaciones de los derechos humanos y la pobreza creciente lo que ha movilizado a los bielorrusos a protestar contra él. Es una situación que genera mucho miedo para la prensa. Muchos han tenido que abandonar el país. Los que siguen dentro muchas veces se tienen que autocensurar para poder seguir trabajando. Pero nunca van a desaparecer. La gente quiere seguir informándose, muchos comparten vídeos e información sensible de lo que ocurre. Así que esconder esa información va a resultar difícil para el régimen.

¿Ha dejado la gente de salir a la calle para protestar contra el presidente?

El malestar que vimos en agosto, después de las elecciones presidenciales, no ha desaparecido, la situación no se ha calmado. La gente no se va a rendir, sigue oponiéndose a Lukashenko. Ahora no sale a la calle a protestar por la represión tan dura que existe. Los ciudadanos saben que si se manifiestan en la calle van a ser arrestados.

¿Cree que las sanciones servirán para debilitar al régimen de Lukashenko?

Después del secuestro del avión, la Unión Europea y la comunidad internacional deberían elaborar una estrategia con consecuencias hacia Bielorrusia y convertir al país en una prioridad. Las sanciones anunciadas no son suficientes. Para que sean eficaces deberían ser más ambiciosas y apuntar a los recursos financieros de Lukashenko y de todos aquellos que son responsables de las violaciones de derechos humanos, los oligarcas. La propaganda del régimen quiere hacer ver que sin Lukashenko no hay futuro y que el país se caerá a trozos. Por eso, una estrategia minuciosa de Occidente daría esperanza a los bielorrusos. En paralelo, esa presión debería forzar a los representantes del régimen a abrir negociaciones con las fuerzas opositoras para unas elecciones creíbles y a la vez para liberar a todos los presos políticos que hay en el país y al cese de la violencia.