Biden honra a las víctimas de Tulsa

En pleno debate sobre el racismo, el demócrata se convierte en el primer presidente de EE UU en viajar a Oklahoma para recordar el asesinato de 300 afroamericanos por una turba supremacista hace cien años

Vigilia en Tulsa para recordar a las víctimas de la masacre de 1921
Vigilia en Tulsa para recordar a las víctimas de la masacre de 1921 FOTO: Sue Ogrocki AP

Joe Biden hizo historia al convertirse en el primer presidente de Estados Unidos en visitar, en el día de su aniversario, el lugar donde tuvo lugar la matanza de Tulsa. Un lugar icónico, elegido por el demócrata para presentar una batería de inversiones concebidas para combatir la desigualdad, que azota algunos de los rincones más depauperados y olvidados de la geografía estadounidense. El dinero debe llegar a Greenwood, que fue el lugar de la tragedia, ya centenaria, así como los otros Greenwood que del South Bronx a West Baltimore, jalonan el país. Biden también tenía previsto reunirse con los últimos supervivientes de lo vivido en Tulsa, donde el 31 de mayo y el 1 de junio de 1921 una turba enloquecida de residentes blancos prendió fuego a buena parte del próspero barrio negro de Greenwood. En aquellos disturbios murieron entre 75 y 300 personas. Asimismo, 10.000 personas perdieron sus casas. El episodio ha quedado esculpido en la psique americana como uno de los más violentos de una historia prolija en disturbios y matanzas raciales.

«Hace cien años», dijo Biden, «la próspera comunidad negra de Greenwood en Tulsa, Oklahoma, conocida como «Black Wall Street», fue atacada sin piedad por una violenta turba supremacista blanca». A continuación explicó cómo «la destrucción causada en el vecindario de Greenwood y sus familias fue seguida por leyes y políticas que hicieron que la recuperación fuera casi imposible. Las calles estaban marcadas en rojo, lo que impidió que los habitantes de Tulsa negros pudieran ser propietarios de viviendas y acceder al crédito. Las carreteras federales construidas a través del corazón de Greenwood aislaron a las familias y las empresas de las oportunidades económicas. Y la desinversión crónica del gobierno federal en los empresarios negros y las pequeñas empresas negó a Black Wall Street una oportunidad justa de reconstruir». Para Biden, «estas son las historias de Greenwood, pero tienen eco en innumerables comunidades negras en todo el país».

Camino del acto, la portavoz de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, comentó que Biden escucharía a los supervivientes, fiel a su intención de incluir en el debate público sobre el racismo y la pobreza. Con sus medidas la Casa Blanca espera ampliar el acceso de los afroamericanos a la propiedad de vivienda y la propiedad de pequeñas empresas, en comunidades de color y comunidades desfavorecidas. Entiende que puede lograrlo abordando la «discriminación racial en el mercado de la vivienda», así como aumentando en un 50% los contratos federales con pequeñas empresas propiedad de ciudadanos pertenecientes a una minoría desfavorecida, lo que según Biden podría traducirse en «100 mil millones adicionales durante cinco años para que más estadounidenses a realizar sus sueños empresariales».

El 19 de junio, con el país en llamas tras las protestas por la muerte de George Floyd, su antecesor, el entonces presidente, Donald Trump, había elegido Tulsa para dar su primer gran mitin político de la campaña. Con el país al borde del ataque de nervios, en plena bancarrota emocional por los disturbios raciales, Trump escribió en Twitter que «los manifestantes, los anarquistas, los agitadores, los saqueadores y la gentuza que van a Oklahoma, por favor, entiendan que no serán tratados como lo han sido en Nueva York, Seattle o Mineápolis. ¡Será una escenario muy diferente!». Un espíritu muy diferente al que parece animar a Biden cuando explicó que «debido a que las disparidades en la riqueza se componen como una tasa de interés, la desinversión en las familias negras en Tulsa y en todo el país a lo largo de nuestra historia todavía se siente agudamente hoy. La familia afroamericana mediana tiene trece centavos por cada dólar de riqueza que poseen las familias blancas».

Entre otras medidas Biden anunció un Fondo de Revitalización Comunitaria, dotado con 10.000 millones de dólares para «proyectos de infraestructura cívica liderados por la comunidad, que creen servicios compartidos innovadores, desencadenan una nueva actividad económica local, brinden servicios, creen riqueza comunitaria y fortalezcan la cohesión social». También prometió 15 mil millones para nuevas subvenciones y asistencia técnica para «apoyar la planificación, eliminación o modernización de la infraestructura de transporte existente», nuevos créditos fiscales para «atraer inversión privada en el desarrollo y rehabilitación de viviendas asequibles para compradores y propietarios de viviendas de ingresos bajos y moderados», 5.000 millones de dólares en un nuevo programa, Liberando Posibilidades, que liberará fondos «para producir viviendas asequibles y ampliar las opciones de vivienda para personas con ingresos bajos o moderados». A todo esto, la Casa Blanca prometió 31 millones para programas de ayuda a las pequeñas empresas, incluidas labores de tutoría y asistencia técnica, a fin de «acceder a contratos federales y participar en inversiones federales en investigación y desarrollo».

En una comparecencia reciente Biden comentó que la primera prioridad de su Gobierno consiste en avanzar en la igualdad y dijo que el racismo sistémico no sólo es costoso y corrosivo, sino también inmoral y un lastre para el progreso. Medidas anteriores incluyeron la reforma del sistema penal, al no renovar contratos con cárceles privadas.