El gobierno del cambio en el tablero internacional

La expansión de los asentamientos pondrá a prueba la fortaleza de la alianza entre EE UU y la UE con el futuro ejecutivo

El todavía primer ministro en funciones Benjamin Netanyahu y el secretario de Estado de EE UU,   Anthony Blinken en su reciente visita a Israel
El todavía primer ministro en funciones Benjamin Netanyahu y el secretario de Estado de EE UU, Anthony Blinken en su reciente visita a IsraelMENAHEM KAHANA / POOLEFE

A la mayoría del mundo le agarró por sorpresa. Ya casi nadie apostaba por el vuelco en Israel. A mediados de mayo, cuando se estaba librando la guerra contra Hamás en Gaza, Benjamín Netanyahu seguía siendo el interlocutor israelí para la comunidad internacional. Pero tras la firma definitiva con los apoyos necesarios para conformar el gobierno del cambio, Naftali Bennet (Yamina) podría convertirse en los próximos días en primer ministro. Como “Bibi”, maneja el inglés a la perfección y su perfil ideológico es casi calcado, pero hasta la fecha era un gran desconocido para el mundo. De hecho, se apunta su nula experiencia en diplomacia internacional como una de sus debilidades centrales.

Por el contrario, el líder del Likud maneja con habilidad –y diferentes lenguajes-, su estrategia interna y exterior. Y esta es una de sus últimas bazas para dinamitar a la coalición naciente: “Bennet no será capaz de frenar a Biden para que vuelva al acuerdo nuclear con Irán, ni detener las presiones de EE UU en la carpeta palestina”, anotó el analista diplomático israelí, Barak Ravid, recogiendo el alegato del todavía “premier” en funciones. El primer examen llegará cuando la Casa Blanca, que bajo mando de Trump dio carta blanca a todo, pida a Israel congelar la expansión de los asentamientos judíos en Cisjordania. Estas mismas exigencias marcaron la tensa relación entre Netanyahu y Barack Obama, y podrían reproducirse con un presidente demócrata –eminentemente proisraelí-, y un “premier” forjado en la extrema derecha.

En una entrevista que concedió ayer al canal 12, Bennet puntualizó que priorizará las buenas relaciones con Biden, pero que bajo ninguna circunstancia aceptará paralizar el crecimiento de las colonias. Con los ojos de la comunidad internacional puestos nuevamente en el conflicto palestinoisraelí tras la escalada de Jerusalén y Gaza, y sin el apoyo incondicional de Washington, los asentamientos será una balanza difícilmente sostenible.

En la reciente visita del secretario de Estado norteamericano, Anthony Blinken ni tenía a Bennet en sus planes. “Cuando se estaba preparando su agenda, las negociaciones para la coalición del cambio estaban muertas”, señalaron fuentes de la Casa Blanca a Ha’aretz. Pero el centrista Yair Lapid logró incluir un encuentro privado con Blinken, donde discutieron “los retos de seguridad y políticos que afrontamos, así como la especial relación entre EE UU e Israel”. Blinken también se vio en privado con el ministro de Defensa, Benny Gantz. Desde Yamina tomaron como una ofensa que Bennet quedara fuera de los encuentros, pero el equipo del diplomático estadounidense aclaró que “Lapid era quien tenía el mandato para formar el gobierno”.

La gran incógnita del ejecutivo israelí naciente será si logrará consolidar una política exterior unitaria, con facciones políticas que están a las antípodas en lo referente al conflicto con los palestinos, o asuntos geoestratégicos de vital importancia para el Estado judío, como la amenaza nuclear iraní.

División de la UE

Desde la Unión Europea (UE), principal donante de los palestinos, nuevamente quedaron a la luz las diferencias internas entre los 27 en lo referente a Israel y Palestina. Durante el conflicto en Gaza, se limitó a exigir “un cese de las hostilidades y la necesidad de una solución política para el conflicto”. En los últimos años, Israel demolió numerosos proyectos de ayuda humanitaria proporcionada por la UE en los territorios palestinos ocupados. Voces palestinas protestan por lo que consideran “excesiva tibieza” en la imposición de sanciones al Estado judío.

A la espera de saber si se impondrá el tono más liberal de Yesh Atid, o prevalecerá las posiciones más conservadoras de Yamina, Tikvá Jadashá e Israel Beitenu, el embajador de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en España, Musa Amer Odeh, consideró durante la reciente escalada bélica que “es hora de que España reconozca a Palestina”.