Primera gran prueba de fuego para el nuevo Gobierno israelí

Enfurecidos por lo que consideran un gobierno “traidor”, colectivos ultranacionalistas judíos reprendieron la “marcha de las banderas”

Manifestantes queman un póster con la cara del nuevo primer minisro de Israel, Naftali Bennet. Reuters
Manifestantes queman un póster con la cara del nuevo primer minisro de Israel, Naftali Bennet. ReutersIBRAHEEM ABU MUSTAFAREUTERS

La “Marcha de las banderas” programada para este martes era la primera gran prueba de fuego para el nuevo ejecutivo israelí. Enfurecidos por lo que consideran un gobierno “traidor” que se vendió a la izquierda y los árabes, colectivos ultranacionalistas judíos reprendieron la procesión hacia las puertas del barrio musulmán de Jerusalén. Hace poco más de un mes, en el “Día de Jerusalén”, el acto se paralizó a media tarde tras el lanzamiento de siete misiles desde Gaza hacia la ciudad santa. Supuso el inicio de la operación militar “Guardián de los Muros”, que dejó un saldo de más de 253 muertos en Gaza, y 12 en Israel.

Ante los fundados temores de que podría acarrear un nuevo estallido del conflicto –el establishment de seguridad imploró su cancelación-, el ejército israelí desplegó baterías antimisiles de la “Cúpula de Hierro” en los accesos a Jerusalén. En las comunidades fronterizas con la Franja de Gaza, se prendieron al menos 20 incendios por lanzamientos de artefactos incendiarios.

Los palestinos jerosolimitanos protestaron por su convocatoria, ya que conlleva órdenes policiales de desalojar el área de la Puerta de Damasco y el cierre de negocios ubicados en el trayecto del recorrido. Ayer, 2.000 policías fuertemente armados custodiaron a los más de 2.000 jóvenes judíos, que transitaron las callejuelas de la ciudadela hasta llegar al Muro de las Lamentaciones. Finalmente, su entrada fue por la puerta de Yaffo, en la parte occidental de la disputada urbe.

La patata caliente para el tándem formado por Naftali Bennet y Yair Lapid llegó prematuramente. Apenas dos días después de hacerse historia por la entrada de una facción árabe a la coalición, el líder del islamista Ra’am, Mansour Abbas, consideró que la marcha “es una provocación exagerada, un intento de incendiar la región por intereses políticos”. Y prosiguió: “no hay duda de que su objetivo es retar al nuevo gobierno y desgastarlo con eventos explosivos, que supondrán una escalada que costará vidas humanas, como ocurrió el mes pasado”.

Apenas minutos después del inicio de la marcha, 27 palestinos resultaron heridos en choques con la policía israelí. Dos de ellos, heridos con balas de goma, fueron hospitalizados.

Como era previsible, la ira de la juventud del sionismo religioso se enfocó en Naftali Bennet. El líder de Yamina, que en el pasado lideró el consejo Yesha –que agrupa las colonias judías de Cisjordania-, renunció a apoyar un gobierno netamente derechista bajo mando de Netanyahu. “Bennet el mentiroso”, le increparon en los eslóganes, recriminándole su promesa incumplida de no aliarse con Lapid.

La reprogramación de la marcha reivindica la “liberación” de Jerusalén, cuando su parte oriental fue capturada por Israel en 1967. Los palestinos lo perciben como un acto provocativo, en que “colonos judíos reclaman su soberanía sobre territorio ocupado”. La mayoría de la comunidad internacional no reconoce la autoridad israelí sobre la parte oriental, y apuesta por resolver su estatus en un acuerdo negociado entre las partes.

Dos chicas jóvenes, residentes en la colonia de Itamar, exclamaron: “estamos felices, estuve en la marcha cancelada en Mayo, y nuestra presencia aquí no es solo para celebrar la unidad de Jerusalén en 1967. Es nuestro presente y nuestra ciudad, ¿porque debo temer? El señor está con nosotros”.

Entre gritos racistas contra los residentes palestinos del lugar, los concentrados se agruparon frente a la puerta de Damasco, pero una barricada policial les impidió cruzar por este sensible acceso.

Ante una enorme presencia de prensa extranjera, Ayman Odeh, líder de la Lista Árabe, consideró que “es una vergüenza ocupar a otro pueblo, no hay de lo que enorgullecerse. La decisión del gobierno de permitir a los fascistas bailar aquí no es en favor del interés colectivo. Solo un estado palestino al lado de Israel solventará el conflicto”.

Simcha Rotman, del “Sionismo Religioso”, respondió ante los reclamos de renunciar a parte de del control sobre la ciudad: “hoy, por la gracia de Dios, la bandera de Israel sigue erguida sobre toda Jerusalén. La pérdida de soberanía e intimidación duró ya demasiado, y el gobierno actual se rendirá ante quienes apoyan el terror”.

“Sionismo es el Monte del Templo”, rezaba una pancarta, reclamando el dominio israelí sobre el lugar más sagrado para el judaísmo. Conocido por los musulmanes como la Explanada de las Mezquitas, es el tercer lugar más sagrado del Islam.