Brexit: lo que no se quiso contar del divorcio

El frío invierno, la demanda navideña y los problemas de la covid-19 agravan las consecuencias negativas del Brexit

La bandera británica ondea sobre la de la Unión Europea ante el Parlamento en Londres, Reino Unido
La bandera británica ondea sobre la de la Unión Europea ante el Parlamento en Londres, Reino Unido

Tim Oliver, director de Estudios de la Universidad de Loughborough (Londres), cree que el Gobierno de Boris Johnson no ha dicho toda la verdad sobre las consecuencias del Brexit y augura que los problemas derivados de la salida del Reino Unido de la Unión Europea se dejará sentir durante los próximos meses, entre ellos la escasez de gasolina ante la falta de camioneros y otros productos básicos.

Un ministro francés ha dicho que la escasez de combustible y alimentos en Reino Unido muestra que el Brexit fue un «fraude intelectual». ¿Comparte esta reflexión?

El Brexit fue impulsado por argumentos políticos que triunfaron sobre la economía. El resultado ahora es una economía en apuros. El Gobierno de Reino Unido, dirigido por un gabinete formado en su mayoría por partidarios del Brexit, ha ignorado constantemente las advertencias de la industria, los académicos, los diplomáticos y los funcionarios sobre los problemas de anteponer la soberanía nacional frente a realidades prácticas en temas como el comercio, las regulaciones y el empleo. El Gobierno británico sigue creyendo que puede y debe hacer valer alguna forma de ruptura con la UE, incluso si la realidad cotidiana de las empresas va por otro camino. Un ejemplo lo vemos en que el mercado y el poder regulador de la UE siguen siendo fundamentales para las operaciones comerciales con Reino Unido.

¿Se resolverá esta crisis en los próximos meses? ¿Cómo de eficaz está siendo el Gobierno en la gestión de esta crisis?

La situación seguirá siendo volátil porque la resistencia económica de Reino Unido se ha debilitado significativamente. El frío invierno, la demanda navideña y los problemas continuos relacionados con la covid-19 continuarán sumando presiones a la gran cantidad de problemas que han desembocado en el Brexit, entre ellos la escasez de trabajadores en algunas áreas, que ha dejado a Reino Unido con poca o ninguna capacidad o plan viable en sectores económicos clave. La respuesta del Gobierno todavía es anteponer la política a la economía. No están dispuestos a admitir que las decisiones políticas fueron un error o que tardarán mucho más en tener un efecto positivo de lo que pensaban. Pueden hacer cambios a corto plazo, con medidas como la oferta de visas de emergencia para transportistas y trabajadores avícolas europeos, pero tienen claro que serán medidas de emergencia a corto plazo que no los desviarán del rumbo que están decididos a tomar.

¿Aumentará la dependencia de Reino Unido de los bienes y suministros de la UE en un futuro próximo?

El «efecto Bruselas», es decir, la atracción de vivir junto a la UE, de ser una parte previa y, por lo tanto, estar íntimamente conectado y moldeado por la UE, no desaparecerá. Uno de los efectos del Brexit es que ha revelado cuán europeo es Reino Unido como país. En todo caso, el Brexit está impulsando a Reino Unido a alinearse más junto al resto de Europa en su política, sociedad, economía y en su posición internacional. Este es el resultado de tendencias a largo plazo junto con el embrollo político creado por el referéndum de 2016 y los efectos de las negociaciones que vinieron después. El surgimiento del proeuropeísmo como fuerza política es uno de los cambios más importantes y evidentes. El Brexit ha enfrentado a los británicos con varias realidades en torno a la economía, la sociedad y el lugar que ocupa en el mundo Reino Unido, y que demuestra que es más europeo de lo que muchos habrán reconocido. Sin embargo, nada de esto debe interpretarse en el sentido de que la separación con Europa no se producirá ni se buscará, o que el pueblo británico finalmente votará para volver a la UE. Los esfuerzos del Gobierno actual para anteponer la política a la economía muestran cómo el deseo de separarse, o al menos de parecer que se separa, sigue siendo fundamental para la perspectiva del Gobierno actual.