«La lucha armada es lo más eficaz ante la dictadura de Ortega»

Luis Fley, ex comandante de la Contra nicaragüense defiende en una entrevista a LA RAZÓN «recurrir a la violencia» ante «los asesinatos impunes»

Luis Fley se tuvo que exiliar en Miami ante la persecución del régimen de Daniel Ortega
Luis Fley se tuvo que exiliar en Miami ante la persecución del régimen de Daniel Ortega

Luis Fley, nacido en Managua en 1951, vive su exilio en Orlando (EE UU) como una especie de regreso al pasado. El ex precandidato presidencial por Fuerza Democrática Nicaragüense y excomandante de la Contra nicaragüense, que combatió en los años 80 al Frente Sandinista de Liberación Nacional de Daniel Ortega, huyó en julio de su país 40 años después de salir a Honduras el 13 de julio de 1981 para organizar la guerrilla armada contra “el autoritarismo socialista”. “Entré por la frontera de México y los policías me robaron todo el dinero”. Fley, apodado comandante Johnson, plantea la necesidad de volver “a la lucha armada” 40 años después “ante el control absoluto, el asesinato de opositores y la impunidad de Ortega”.

La simpatía al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) está en el nivel más bajo de su historia: apenas un 8% de los nicaragüenses simpatiza con Ortega, apunta esta semana CID Gallup ¿Es posible sacar a Daniel Ortega del poder? ¿Cuál es la estrategia de la oposición a corto y medio plazo?

La oposición dentro de Nicaragua está actualmente neutralizada. Hay que ser claros. Los paramilitares de Daniel Ortega, la represión policial y el sistema judicial tienen reducidos a la oposición a la mínima expresión. No se pueden reunir. No pueden hacer ninguna actividad sin ser acusados de estar conspirando contra el gobierno. La esperanza está en la presión que pueden ejercer la UE, España, EE UU, Canadá y la OEA. Conozco a la dictadura de Ortega desde hace 40 años. No va a permitir que se realicen elecciones de acuerdo a los estándares internacionales. Ortega quiere imponer un régimen de partido único como Corea del Norte. Convertir a Nicaragua en una dinastía.

FOTO: La Razón La Razón

-Usted retiró su candidatura a la Presidencia de Nicaragua en julio, se exilió en Orlando (EE.UU.) y calificó de “antipatriótico” presentarse a estas elecciones presidenciales del 7 de noviembre ¿Por qué?

-No había ninguna garantía. Participar sin padrón electoral verificado, sin reformas electorales y sin observación nacional e internacional era imposible. No había las libertades necesarias para participar. Ortega no acató las recomendaciones de la OEA ni de la UE.

-¿Es posible una salida democrática para Nicaragua con Ortega en el poder?

-Ortega no va a soltar el poder. En los años 80, hubo 50.000 muertos en la guerra civil para poder llegar a las elecciones de 1990. Ese cambio de 1990 no nació por obra y gracia de la magia. Hubo una guerra civil. Cuando los rebeldes de la Contra estaban a punto de derrotar a Daniel Ortega por las armas, tuvo que negociar ante la disyuntiva: Caía militarmente o concedía elecciones libres. Hoy, 30 años más tarde, no existe la opción armada. Pero debe serte franco: la opción armada es la más eficaz para deshacerse de las dictaduras totalitarias como la de Daniel Ortega. Es la única alternativa. El pueblo tiene que ejercer el derecho a la rebelión consignado en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Si la violencia fue buena en contra de Somoza, que quedó como un niño frente a las atrocidades de Ortega, ¿por qué no va a ser buena en una rebelión del pueblo nicaragüense por liberarse de esta dictadura? Está bastante lejano y no queremos más guerra. No queremos más sangre. Pero la comunidad internacional falla porque no tiene las garras para imponer las resoluciones. El dictador se burla de todas ellas. La UE, la OEA y Washington están quedando en ridículo.

-Su organización Fuerza Democrática Nicaragüense ¿Ha planteado recurrir a la violencia al resto de la oposición?

-Todavía no lo hemos planteado. Sin embargo, dentro de Nicaragua la gente está deseosa de empuñar un fusil y librarse de la oprobiosa dictadura de Ortega.

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-¿Lo sugerirán al resto de sectores en contra de Ortega señor Fley?

-Por supuesto. Pensamos que la lucha armada es el medicamento más eficaz contra la dictadura. Invitaremos a una reflexión cuando vean que las opciones diplomáticas fallaron. Las sanciones fallaron. A Ortega no le queda ningún apoyo. Su poder se sustenta en el ejército y los paramilitares. Tienen licencia para matar. Hay impunidad. Sin violencia, la única opción para que ceda es presionarle más. Y, cuando se vea obligado a negociar, prometerle que no será juzgado por crímenes de lesa humanidad.

-¿Ha habido muertes relacionadas con la actividad opositora?

-Sí, campesinos opositores han ido siendo asesinados paulatinamente los últimos meses. Dos tipos, una moto, una ráfaga de disparos y les matan. Hace una semana mataron a once campesinos en el Caribe norte. Ortega siembra el terror.

-Para un guerrillero como usted ¿Es inevitable ver la política un poco como la guerra?

-La política es la guerra por otros medios. Es conspirativa. Para deshacerse de dictadores, es más eficaz la guerra. En Nicaragua no hemos tenido república.

-¿Cómo fue su salida de Nicaragua?

-Ha sido difícil. Salir de tu país de manera precipitada no es un viaje planificado. Fue una salida de emergencia. Crucé por México y la policía nos robó el dinero que teníamos.

-¿Cómo se vive el exilio 40 años después? ¿Es muy diferente?

-Sí, es muy distinto. Es la segunda vez que salgo al exilio. A mi edad, es bastante incómodo. El 13 de julio de 1981 salí con un grupo hacia Honduras. Cuarenta años más tarde, estoy de nuevo en el exilio y en Nicaragua están los mismos que en la dictadura sandinista de los años 80. La medicina contra Somoza salió más dañina que la enfermedad. El exilio es molesto. Estoy aquí en Orlando con mi mujer. Ella es periodista y también trata de dar a conocer lo que ocurre en Nicaragua. Echo de menos a familia y amigos. Seguiremos bien porque tenemos la bendición de Dios.