Daniel Ortega se adjudica el 74,99% de los votos en unas elecciones ilegítimas

La participación oficial fue del 65%, pero los organismos independientes aseguran que no llegó al 20% tras la persecución de las principales figuras de la oposición

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ha consumado su farsa electoral al otorgarse el 74,99% de los votos en las elecciones presidenciales. El exguerrillero sandinista se presentaba sin oposición real tras detener a cinco candidatos acusados de «traición a la patria», la huida al exilio de dos aspirantes presidenciales, la ilegalización de partidos opositores y los meses de durísima represión contra colectivos sociales como profesores, sanitarios o feministas. Ortega fue reelegido para su quinto mandato, cuarto consecutivo desde su regreso al poder en 2007, con una participación del 65,34%, según el Consejo Supremo Electoral (CSE) controlado por el gobierno. Los datos del régimen Ortega-Murillo son rebatidos por los organismos independientes. La plataforma Urnas Abiertas fijó la participación de los más de 4,4 millones de nicaragüenses llamados a las urnas en un 18,5%. El Gobierno ha otorgado un ínfimo porcentaje de apoyo a los partidos que la oposición denuncia que son «colaboracionistas de la farsa electoral», a los que llaman «zancudos». El informe de la presidenta del CSE, Brenda Rocha, concedió un 14,4% de los votos al candidato del Partido Liberal Constitucionalista, el diputado Walter Espinoza, y un 3,44% al reverendo Guillermo Osorno de Camino Cristiano Nicaragüense. La mayoría de países e instituciones internacionales rechazaron ayer los resultados por la falta de garantías democráticas.

Estados Unidos fue uno de los primeros países en pronunciarse sobre la ilegitimidad del Gobierno de Ortega. El presidente de EE UU, Joe Biden, calificó de «pantomima» las presidenciales en Nicaragua y amenazó con usar «todas las herramientas diplomáticas y económicas» a su disposición para exigir responsabilidades al régimen: «El presidente nicaragüense Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, orquestaron hoy [el domingo] una elección de pantomima que no fue ni libre ni justa. No fue democrática».

En un contundente comunicado el Alto Representante para la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, denunció que Ortega «había eliminado toda competencia electoral creíble» y pidió la liberación de los «presos políticos» en Nicaragua: «La integridad del proceso electoral quedó anulada por el encarcelamiento, el acoso y la intimidación sistemáticos de precandidatos presidenciales, dirigentes de la oposición, líderes estudiantiles y rurales, periodistas, defensores de los derechos humanos y representantes de empresas». En esta misma dirección, el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, calificó estos comicios como «una burla al pueblo nicaragüense, a la comunidad internacional y a la democracia». El Gobierno español rechaza los resultados de las elecciones por considerar que se han celebrado «en unas condiciones inaceptables y arbitrarias».

La UE, EE UU y la Organización de Estados Americanos (OEA) han amenazado con aumentar las sanciones contra el país centroamericano debido a la violación sistémica de los derechos humanos.

Pero no todo fueron críticas. Los regímenes afines al de Ortega saludaron su victoria. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, felicitó a Ortega y advirtió: «Nicaragua tiene quién le defienda». Los apoyos también llegaron de Rusia. Las elecciones se han celebrado de forma «organizada» y han cumplido con la legislación local, afirmó ayer el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, quien agregó que la cita con las urnas se desarrolló en medio de «presiones sin precedentes» sobre las autoridades de Nicaragua y denunció que EE UU protagonizó una campaña para evitar el reconocimiento de los resultados. Por su parte, el Gobierno iraní dio su enhorabuena «al gobierno amigo» de Nicaragua por la celebración de unas elecciones que calificó de «soberanas y en paz». «Que viva la libertad y la resistencia valiente del pueblo revolucionario de Nicaragua», se añade en el mismo mensaje en Twitter del ministro de Exteriores iraní, Javad Zarif.

Las potencias occidentales estudian cómo diseñar las sanciones para atacar a las élites corruptas y afectar lo menos posible a los 6,6 millones de nicaragüenses que afrontan graves problemas de pobreza y desempleo. El 44% de los hogares reportaron menos ingresos durante el primer semestre de 2021, según un informe del Banco Mundial actualizado el pasado sábado. El hambre en Nicaragua también ha aumentado. El 26% de los hogares admiten haberse quedado sin alimentos durante el último mes previo a la encuesta, un 8% más que el año pasado.

Un analista y catedrático nicaragüense residente en EE UU, que prefiere mantener su anonimato por temor a represalias, explica a LA RAZÓN que «la meta principal de la política exterior norteamericana en América Latina es preservar la estabilidad y de esa manera controlar los flujos migratorios hacia el norte». Ve complicada una salida democrática en Nicaragua: «La familia Ortega no tiene ningún proyecto, programa, o ideología más allá de su perpetuación en el poder. El modelo es un país controlado estrictamente por la familia Ortega-Murillo, cueste lo que cueste».

Por su parte, la abogada y vecina de Managua Ana Torres, nombre ficticio, relata a este diario que los nicaragüenses ya sienten el miedo de la deriva que ha tomado el país centroamericano y de las futuras sanciones: «Nos vamos a convertir en una segunda Venezuela. Nos vamos a comer entre nosotros. No va haber suministros».