Kazajistán: primeros resultados

El país nunca se convertiría en un protectorado de Rusia, ya que su pueblo valora el derecho al autogobierno y la independencia

La alianza militar postsoviética liderada por Rusia, la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), al iniciar la retirada de los 2.030 soldados desplegados en Kazajistán
La alianza militar postsoviética liderada por Rusia, la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), al iniciar la retirada de los 2.030 soldados desplegados en Kazajistán Ministerio de Defensa de Kazajistán

La semana pasada Rusia y sus aliados retiraron sus fuerzas militares de Kazajistán donde la revuelta y el caos provocados por unas protestas económicas inicialmente pacíficas dejaron más de 225 muertos y causó un importante daño económico estimado en cientos de millones de dólares. Los acontecimientos no produjeron otra “revolución de colores”, y la situación vuelve a la normalidad, por lo que es necesario analizarla a fondo.

En primer lugar, debo mencionar que las protestas de Kazajistán no deben considerarse como una especie de guerra civil: la nación permaneció unida durante los disturbios tanto en su rechazo a la corrupción y la mala gestión como en su apoyo a la independencia y la soberanía del país. Comenzó como una protesta pacífica contra el aumento excesivo de los precios de la energía, se convirtió rápidamente en un intento de tomar el poder por parte de mercenarios profesionales, incluidos algunos del extranjero. La invitación de las tropas rusas bajo la égida de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva se produjo durante el momento más crítico de los disturbios, y las fuerzas se retiraron rápidamente ya que Kazajistán nunca se convertiría en un protectorado de Rusia, ya que su pueblo valora el derecho de su país al autogobierno y la independencia. Los esfuerzos de construcción de la nación kazaja, iniciados por el primer presidente del país, resultaron ser muy exitosos y produjeron una base sólida para el futuro desarrollo nacional.

En segundo lugar, yo diría que los disturbios de Kazajistán fueron el primer encuentro del espacio postsoviético con las consecuencias que la modernización suele acarrear a las naciones que optan por una vía “asiática” de desarrollo. Si uno se fija en la experiencia de Asia Oriental, se descubrirá que las modernizaciones de Corea del Sur, Taiwán, Indonesia y, por supuesto, China, empezaron con un régimen autoritario. El avance hacia un orden liberal y democrático pasó por enfrentamientos violentos comúnmente asociados a las dificultades económicas del cambio de poder. Más de 200 personas murieron en las protestas de mayo de 1980 en Gwangju, protestas que condujeron a la liberalización parcial en Corea del Sur que siguió a la transición de Park Chunghee a Chun Doo-hwan. Cerca de 1.200 personas perecieron en los disturbios de mayo de 1998 en Indonesia que produjeron la transición del gobierno de Suharto al de B. J. Habibie y allanaron el camino para el retorno definitivo a la democracia en 2004. Para mí, los acontecimientos en Kazajistán son del mismo tipo, y más bien curarán las deficiencias de los últimos treinta años en lugar de agravarlas.

En tercer lugar, los acontecimientos de Kazajistán demostraron que el presidente Tokayev reaccionó de forma correcta, ofreciendo algunas concesiones económicas al pueblo y asumiendo la corrupción buroocrática casi inmediatamente. Parece que el resultado sería una presión constante sobre los parientes y personas nombradas por el ex presidente Nazarbayev, pero la transición de poder que inició el primer presidente será aún más intensa. El gobierno recibió la orden de entregar un programa fiable de reformas económicas y todo el sistema de gestión de la propiedad estatal comienza a reformarse para aumentar el bienestar de la población. Las potencias occidentales, que representan más del 80 por ciento de las inversiones extranjeras directas acumuladas en Kazajistán, deberían, en mi opinión, apoyar estos desarrollos y ofrecer su ayuda al presidente Tokayev y a su equipo. Kazajistán merece avanzar por la vía “asiática” de la modernización en lugar de quedarse en una economía dominada por el Estado al estilo soviético que depende de la exportación de productos básicos y ser hostil al rápido progreso tecnológico.

Para resumir, diría que los disturbios de enero finalizaron la transición de poder al presidente Tokayev; no perjudicaron la política exterior independiente y multidimensional de Kazajistán; y crearon importantes incentivos para acelerar las reformas sociales y económicas. En un futuro próximo veremos hasta qué punto estas tendencias pueden beneficiar al pueblo kazajo.