El caso Khashoggi enturbia el reinicio de relaciones entre EE UU y Arabia Saudí

El príncipe heredero Bin Salman compara el asesinato de Khashoggi con las torturas del Ejército estadounidense en Abu Ghraib

Joe Biden aterrizó en Arabia Saudí el viernes para reforzar el rol de EE UU en la región. Pero desde su aterrizaje en Jeda, todos los focos se centraron en cómo sería su saludo con el príncipe heredero Mohamed Bin Salman (MBS), así como la incertidumbre sobre si la muerte del periodista saudí crítico Jamal Khashoggi saldría a relucir.

En un encuentro privado, Biden acusó a MBS de ser el responsable de ordenar el asesinato del reportero, que fue descuartizado en el consulado saudí en Estambul en 2018. “Hablé del tema al inicio de la reunión, y le conté lo que pensaba antes y ahora. Le dije que el silencio de un presidente de EE.UU. sobre violaciones de derechos humanos no es de recibo”, afirmó el líder demócrata.

Según informó el canal Al Arabiya, MBS comparó la muerte de Khashoggi con el caso de Shireen Abu Aqleh, la periodista palestina que fue abatida durante una redada del Ejército israelí en Jenín. “¿Qué hiciste con el caso de Abu Aqleh? Fue un suceso triste”, espetó el hombre fuerte de Riad. MBS alegó que su país llevó a cabo todas las investigaciones judiciales pertinentes sobre la muerte de Khashoggi, y que los culpables fueron llevados antes las cortes. “Dimos pasos para evitar que sucesos similares ocurran en el futuro”, concluyó.

Bin Salman se justificó diciendo que casos parecidos ocurren en otros lugares del mundo, donde también son asesinados periodistas. El joven príncipe saudí fue más allá, y acusó a Biden que su país cometió “errores similares en la cárcel de Abu Ghraib (Irak)”. Con ello, MBS quiso reflejar la “hipocresía” en las posiciones de Biden sobre derechos humanos.

Un informe elaborado por la CIA concluyó que el príncipe heredero ordenó directamente el asesinato de Khashoggi, mediante el envío de un equipo de agentes saudíes que se desplazaron a Turquía para asesinarlo y descuartizarlo. Tras el escándalo internacional desatado, ocho personas fueron inculpadas con penas de cárcel, pero MBS insistió en su inocencia.

En el caso de Abu Aqleh, la Casa Blanca fue blanco de las críticas de activistas propalestinos, después de revelar los resultados de una investigación forense sobre el proyectil que segó la vida de la reportera. La conclusión fue que la bala estaba demasiado dañada para aclarar si el disparo fue realizado por un soldado israelí, o milicianos palestinos que dispararon ante la llegada del convoy militar.

La familia de Abu Aqleh consideró el informe de “traición”, ya que todas las investigaciones publicadas previamente apuntaban la culpabilidad israelí en el incidente. Ante la polémica desatada, el secretario de Estado, Antony Blinken, invitó a la familia de la periodista a acudir a Washington para tratar el tema personalmente.

Más allá de los reproches, el objetivo de Biden era reparar las menguantes relaciones con Arabia Saudí, seguir promoviendo la integración de Israel en la región, y aclarar a otras grandes potencias que “no nos moveremos” de Oriente Medio. “No nos marcharemos y dejaremos un vacío que sea aprovechado por China, Rusia o Irán”, señaló el presidente norteamericano en su comparecencia en el Consejo de Cooperación del Golfo.

Compromiso en la región

La Casa Blanca busca reforzar la estabilidad en esta parte del mundo, que permita incrementar la producción y distribución de petróleo como mecanismo para contrarrestar el encarecimiento del gas.

Pese a que las tropas norteamericanas siguen desplegadas en bases por toda la región y siguen realizando ataques selectivos contra objetivos enemigos, Biden consideró que su Administración está afianzando una nueva doctrina geoestratégica, al dejar atrás la invasión y ocupación de Irak y Afganistán. “Estoy orgulloso de afirmar que la era de las guerras terrestres en la región, que implicaban grandes cantidades de soldados americanos, ya son historia”, comentó.

Crisis alimentaria

Además de presionar a los líderes del Consejo de Cooperación del Golfo para que respeten los derechos humanos, los derechos de la mujer o la libertad de expresión, Biden anunció ayudas por valor de un billón de dólares para apaciguar la hambruna en la región. Paralelamente, mantuvo encuentros privados con líderes de Irak, Egipto, Jordania o Emiratos Árabes Unidos (EAU), que en algunos casos supuso su primera toma de contacto desde que asumió el poder en 2020.

Mohamed Bin Salman, que ejerció de anfitrión del foro, insinuó que el reino saudí está dispuesto a incrementar la producción de petróleo, algo que desean desde Washington ya que en septiembre expira un acuerdo vigente con miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC).

Posición hacia Rusia

La Casa Blanca, que ha centrado su política exterior de los últimos meses en la invasión rusa de Ucrania, quiso aprovechar la ocasión para sumar fuerzas contra Rusia. Biden expuso imágenes de satélite, que supuestamente demuestran que oficiales rusos visitaron recientemente Irán para adquirir drones, que serán usados en el conflicto ucraniano.

Hasta la fecha, ninguno de los países árabes participantes en el foro ha aplicado sanciones contra el Kremlin. De hecho, los EAU se tornaron en un paraíso financiero para las fortunas de los oligarcas rusos, que buscaron nuevos destinos para esquivar las sanciones económicas impulsadas por Washington.

En el foro surgieron discrepancias entre los nueve miembros. Arabia Saudí, Bahréin y EAU buscan aislar y ahogar económicamente a Irán y sus proxis regionales, mientras que Omán y Qatar mantienen buenos vínculos con Teherán, y han servido como intermediarios para el diálogo entre Irán y EE UU respecto al plan nuclear iraní. Recientemente, Qatar albergó conversaciones directas entre oficiales norteamericanos e iraníes, mientras ambas partes siguen explorando vías para retomar el pacto nuclear firmado en 2015.

Saudíes y emiratíes también mostraron su frustración con Biden, que decidió revertir la decisión de su predecesor Donald Trump de catalogar a los rebeldes hutíes en Yemen como organización terrorista. EE.UU. tuvo un rol importante en el logro de un acuerdo de alto el fuego, que por ahora se preserva en el enquistado conflicto armado yemení.