Guerra

Dudas en EEUU por la estrategia militar de Ucrania

Altos funcionarios de Washington critican que Zelenski mantenga dos frentes abiertos, en el este y el sur, porque le resta capacidad ofensiva

En Ucrania, la guerra contra Rusia es como mantenerse a flote llevando un salvavidas de 25 libras. Requiere toda su energía sólo para mantenerte a flote, casi sin que quede nada para nadar hasta la orilla. Y llegar a la orilla significa ganar. Es hacer retroceder a las tropas del Kremlin por completo y recuperar su territorio. Hoy, aunque el apoyo de Estados Unidos y otros países occidentales se mantiene, la confianza en que ese sea el resultado parece mermar.

El problema, según un grupo de altos funcionarios estadounidenses, está en la estrategia militar que se está aplicando en el sur del país. La contraofensiva de Ucrania enfrenta dificultades para romper las defensas rusas, en gran parte debido a una distribución inadecuada de sus tropas, de acuerdo con lo revelado por este grupo de oficiales que hablaron con el diario «The New York Times» bajo condición de anonimato.

Los expertos militares están cuestionando una operación en particular. Tiene que ver con el deseo ucraniano de cortar las líneas de suministro rusas en el sur del país, desconectando el llamado «puente terrestre» entre Rusia y la península de Crimea, ocupada por el Kremlin desde 2014. Sin embargo, en lugar de concentrarse en ello, los comandantes ucranianos han dividido las fuerzas de manera equitativa entre el este y el sur, lo que según los críticos estadounidenses les resta capacidad de alcanzar su objetivo.

El resultado de todo esto es que más tropas ucranianas se encuentran cerca de ciudades en el este, como Bajmut, en lugar de estar cerca de Melitopol y Berdiansk en el sur, frentes estratégicamente más significativos. De manera privada, parece que se ha aconsejado a Ucrania que concentre sus esfuerzos en el frente hacia Melitopol, la máxima prioridad de Kyiv, y que atraviese las defensas rusas, incluso si eso conlleva más bajas y pérdida de equipo. La advertencia insiste en que los ucranianos están muy dispersos y necesitan consolidar su poder militar en un solo lugar. Ya durante una videoconferencia en agosto, altos funcionarios militares estadounidenses y británico habían instado al comandante militar ucraniano, el general Valeriy Zaluzhnyi, a enfocarse en un solo frente principal, y parece que este consejo hasta ahora comienza a ser tomado en cuenta.

A pesar de algunos avances en el sur, algunos analistas militares consideran que el progreso puede ser insuficiente y que la lucha se desarrolla en terreno desfavorable para los ucranianos. Las defensas rusas están bien ocultas, y los soldados ucranianos a menudo las descubren solo cuando están muy cerca, aseguran las fuentes. Además, las condiciones climáticas y el terreno pueden jugar un papel importante, ya que la lluvia podría forzar una pausa en la contraofensiva en un mes o seis semanas.

Otra preocupación es que las fuerzas de asalto principales de Ucrania podrían quedarse sin energía para mediados o finales de septiembre. A pesar de algunos cambios en las tácticas, como el uso de artillería y misiles a larga distancia en lugar de entrar en campos minados bajo fuego, las fuerzas ucranianas pueden quedarse sin suficiente potencia de fuego para recuperar gran parte del territorio ocupado por Rusia.

Pero las advertencias no son todavía el presagio de un escenario desastroso para Ucrania. A pesar de los desafíos, los funcionarios estadounidenses no consideran que la contraofensiva esté condenada al fracaso y creen que los ucranianos están a tiempo de ir tomando territorio de manera metódica, sobre todo antes del invierno.

Esas dudas, sin embargo, han podido hacer eco en lo político. Esta semana, el presidente Volodimir Zelenski volvió a hacer un llamamiento de presión ante la OTAN para que se logre la incorporación de su país, dijo, «antes de que acabe la guerra». Bien dice el dicho popular que hay que pedir lo imposible para que al menos se escuche la plegaria. La solicitud no va a tener recorrido por ahora, sobre todo porque obligaría a Occidente a involucrarse más directamente en el conflicto. Pero todos coinciden en que sí es responsabilidad de Zelenski pedir ese imposible.

Mientras tanto, en lo retórico Estados Unidos sigue apoyando a Ucrania. El país acaba de anunciar que suministrará un nuevo paquete de ayuda militar a Kyiv, valorado en 250 millones de dólares y que incluye una gran cantidad de municiones. Según la portavoz de prensa de la Casa Blanca, la ayuda incluye misiles AIM-9M para defensa aérea, sistemas de detección de minas y misiles Javelin. Además, Washington dice que enviará una gran cantidad de municiones para distintos tipos de armas, como para el sistema de cohetes Himars, municiones de artillería de 155 y 105 milímetros y tres millones de balas.

Washington ha sido más que generoso, dentro de las limitaciones políticas sobre el papel que el país debería tener en Ucrania. Desde el inicio de la invasión, se han destinado unos 63.000 millones de dólares a Kyiv, incluyendo más de 43.000 millones en asistencia militar. El problema está en la duración de esa generosidad. Aunque el gobierno de Joe Biden ha dicho que respaldará a los ucranianos todo el tiempo que sea necesario, funcionarios europeos han dicho que les preocupa que la campaña presidencial de 2024 puede obligar al demócrata a forzar negociaciones a Zelenski sobre el fin del conflicto de una manera no tan beneficiosa, esto ante la ausencia de avances significativos de aquí al próximo septiembre.