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Israel, una historia de supervivencia

Las guerras con sus vecinos árabes y la amenaza terrorista han marcado las siete décadas de existencia de un país clave en Oriente Medio. Hoy sigue atrapado en el proceso de paz con Palestina y su rivalidad con Irán.

  • Varios jóvenes israelíes participan en la ciudad de Latrun en las jornadas de celebración del Aniversario del Estado de Israel
    Varios jóvenes israelíes participan en la ciudad de Latrun en las jornadas de celebración del Aniversario del Estado de Israel
Jerusalén.

Tiempo de lectura 4 min.

19 de abril de 2018. 03:10h

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Jerusalén. 19/4/2018

Israel comenzó anoche los festejos por el 70º aniversario de su fundación como Estado. El acto previo fue en homenaje a los caídos. En el día del recuerdo (Iom Hazikaron), se conmemoró a los 23.645 miembros de las Fuerzas de Defensa de Israel y policías fallecidos en atentados y a los 3.134 civiles víctimas del terrorismo. Inmediatamente después, se dio inicio a Iom Haatzmaut, el Día de la Independencia. Israel, uno de los países más pequeños del mundo en términos de territorio, celebra su 70° cumpleaños como una victoria. A pesar de haber sido atacado el mismo día de su fundación por cinco ejércitos de países vecinos que le prometían el exterminio, no sólo sobrevivió sino que se ha convertido en la nación con el Ejército más fuerte de la región. Lidió desde el comienzo con el rechazo de su entorno, ha librado varias guerras y sufre desde hace décadas los zarpazos del terrorismo en distintos frentes.

Sin embargo, la principal deuda pendiente es el logro de la paz con todos sus vecinos. Aunque Israel tiene acuerdos de paz con Egipto y Jordania, varias de sus fronteras son aún señal de peligro. Desde Líbano aún le amenazan 100.000 misiles en manos de la milicia Hizbulá y desde Siria se acrecienta la presencia iraní, declarado enemigo de Israel. Precisamente en estos días el Ejército está en máxima alerta por las explícitas amenazas de Irán de «vengarse» de Israel después de que Teherán atribuyese al Ejército hebreo el ataque con misiles contra la base T4 de Homs, en Siria, destruyendo varias instalaciones y matando a enviados especiales de Irán.

Y en medio de esta amenaza terrorista que no cesa se encuentra un proceso de paz con Palestina que ha encallado y para el que no se vislumbra un horizonte optimista. Menos aún con la decisión de Estados Unidos de trasladar su embajada a Jerusalén, lo que ha levantado ampollas. Durante todo este mes, los palestinos desde Gaza han organizado protestas masivas para exigir el retorno de los refugiados. Manifestaciones que el Ejército de Israel ha frenado por la fuerza dejando decenas de muertos, muchos de ellos, según el Gobierno, terroristas. La cuestión palestina es un asunto especialmente complejo y que divide a la propia sociedad israelí, partida casi por la mitad respecto a si debe o no haber un Estado palestino independiente. El propio primer ministro, Benjamin Netanyahu, fue partidario del doble Estado, pero hoy se desmarca de esta solución. Algunos miembros del Gobierno de coalición de Netanyahu proponen anexar a Israel parte de los territorios de Cisjordania que Israel conquistó en 1967. La dependencia del «premier» de partidos ultraortodoxos no facilita tampoco una negociación. La derecha considera –en parte por ideología y en parte por consideraciones de seguridad– que no se puede renunciar a dichas tierras, mientras que la izquierda advierte de que continuar la ocupación es trágico ante todo para el propio Israel. Si no hay separación de los palestinos, advierte, Israel dejará de ser un Estado judío y democrático. Tampoco ayuda a encontrar una solución pacífica el desafío que representa Hamas en la Franja de Gaza y las diferencias que mantiene con Mahmud Abas. La brecha sigue abierta.

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