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Kennedy vs Trump: dos polos opuestos

Los mil días de John F. Kennedy al frente de la Casa Blanca dieron pie a una de las presidencias más carismáticas y recordadas del pasado siglo XX.

Pese al poco tiempo que lleva Donald Trump en el Despacho Oval, poco más de noventa días, es palpable que su mirada política poco o nada tiene que ver con la de JFK

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Tiempo de lectura 8 min.

29 de mayo de 2017. 07:31h

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Víctor Fernández Barcelona. 29/5/2017

A mbos llegaron a la Casa Blanca por una ambición política, pero si pretensiones económicas. Cuando John F. Kennedy se convirtió en presidente de Estados Unidos formaba parte de una de las más destacadas fortunas del país. Había recibido desde muy joven su primer millón de dólares como regalo de su padre Joseph P. Kennedy. Donald Trump hace tiempo que tiene la luz y el agua pagados tras construir un imperio basado especialmente en el ladrillo.

Probablemente aquí se acaben los puntos en común de estos dos hombres, dos maneras de entender la política. Las diferencias nos demuestran que hoy estamos ante un presidente con un estilo propio, pero que tiene que ver con la realidad, mientras que Kennedy dedicó toda su vida a formarse para convertirse en el presidente número 35 de Estados Unidos, algo que hizo que tuviera los pies sobre la tierra. Porque JFK fue un líder que invitaba a soñar, incluso con el hecho de enviar un hombre a la luna cuando en aquellos tiempo parecía una utopía imposible siquiera de pensar. Trump está demostrando ser, en contraposición, una pesadilla.

El olfato de R. Stone

Fue en 1960 cuando por primera vez se emitió por televisión un debate presidencial. Kennedy se enfrentó contra Richard Nixon, quien había sido el vicepresidente de Eisenhower. Pero detengámonos en Nixon, en el candidato del Partido Republicano, alguien para quien todo valía con tal de ganar. La cara más oscura del conservadurismo, muchos años después, tuvo en un ambicioso joven con ínfulas llamado Roger Stone a uno de sus principales defensores, hasta el punto de que el personaje lleva hoy tatuado en su espalda el rostro de Nixon. En los años 80, cuando el presidente que tuvo que dimitir por el escándalo Watergate era prácticamente un anacronismo, Stone fijó su atención en un hombre al que vio maneras políticas como para emprender una carreras hacia la presidencia de Estados Unidos. Se trataba de Donald Trump y Stone ha sido –y parece que de alguna manera lo sigue siendo– su asesor. Y un último apunte sobre éste: es autor de un controvertido libro, «The Man Who Killed Kennedy: The Case Against LBJ», en el que intenta demostrar que Lyndon Johnson estuvo implicado en la muerte de su predecesor en el cargo.

Política bélica

No han sido pocas las ocasiones en las que Trump se ha mostrado como un presidente bélico, alguien fascinado con ganar guerras y hacer del de Estados Unidos el mejor ejército del mundo. Sus declaraciones planteando un futuro ataque militar a Corea del Norte retrotraen a los peores tiempos de la llamada Guerra Fría. Un tema que muy poco tiene que ver con la actitud de Kennedy en algunas de las crisis que vivió en la Casa Blanca, especialmente en sus enfrentamientos con la Cuba de Fidel Castro o en el inicio de lo que posteriormente fue terrible la guerra en Vietnam. En el caso cubano, especialmente durante la llamada etapa de los Trece días, la crisis de los misiles, JFK optó por una solución dialogada con la Unión Soviética, responsable de la presencia de armamento nuclear en la isla caribeña. Eso le provocó no pocos enfrentamientos con el ala más conservadora del Pentágono, personificada en el general Curtis LeMay. Por otra parte, tal y como aseguró Kennedy en una conversación televisada con el periodista Walter Cronkite, fue un firme partidario de ir sacando las tropas de Vietnam. «Es su guerra, no nuestra guerra», dijo. Cuesta trabajo imaginar a Donald Trump actuando de esta manera ante situaciones de similiar calado político internacional.

Edades

Kennedy aterrizó en el número 1600 de la Pennsylvania Avenue de Washington con 43 años, lo que lo convirtió en el mandatorio más joven de Estados Unidos. Eso no quiere decir que su estado de salud estuviera a la altura de la edad. Tras el magnicidio de Dallas hemos sabido que padecía varios problemas, desde la espalda –lo que le provocaba que cada día vestirse fuera un ritual de la amargura– a la enfermedad de Addison y que ocurre cuando las glándulas suprarrenales no producen suficientes hormonas. Donald Trump es, a sus 70 años, el presidente de más edad de Estados Unidos. Eso sí, en televisión, durante la campaña electoral, presumió de tener una salud de hierro.

El FBI

James Comey, que fue nombrado director del FBI por Barack Obama, ha sido destituido de manera fulminante por falta de confianza por Donald Trump debido a una investigación sobre la injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales y los supuestos vínculos con miembros del equipo de campaña del republicano. Sin embargo, las investigaciones sobre los vínculos del actual mandatario, especialmente de su yerno, con Rusia siguen en marcha. Por su parte, John F. Kennedy no lo tuvo nada fácil con quien durante décadas fue el todopoderoso director de la Oficina Federal de Investigación, J. Edgar Hoover. JFK y su hermano Robert, fiscal general de Estados Unidos en aquellos mil días, estudiaron la posibilidad de despedir a Hoover, un hombre que nunca vio con buen ojos al joven presidente, hasta el punto de acusarlo en privado de ser blando con el comunismo. Curiosamente él fue uno de los responsables de la investigación del asesinato de Kennedy, tratando de entorpecer cualquier sospecha sobre la participación de un segundo tirador en el magnicidio.

La Primera Dama

La imagen que nos transmite Melanie Trump resulta en algunos casos inquietante, especialmente por la frialdad que aparentemente demuestra hacia su marido Donald Trump. Una actitud radicalmente distinta a la relación –aunque compleja– de Jacqueline y John F. Kennedy, que no fue fácil, especialmente por las constantes infidelidades del presidente. Su esposa aguantó estoicamente su peculiar comportamiento –a veces al borde del ataque de nervios–, sin perder nunca las formas. Después de la pérdida del último hijo de la pareja, la relación de Kennedy con su esposa se había vuelto más sólida y habían desaparecido los nubarrones que los perseguían, de ahí que Jacqueline no dudara en acompañar a su marido en el que sería el último tramo de su vida: la visita mortal a Dallas en 1963.

Relación con la prensa

Sean Spicer se ha convertido en uno de los personajes más conocidos de la administración Trump, en parte por sus encontronazos con los periodistas, que lo han convertido en la diana de sus no pocas críticas. Spicer está en las antípodas de Pierre Salinger, encargado de informar al mundo de las actividades del presidente Kennedy, un hombre que nunca rehuyó conversar con los medios acreditados en la Casa Blanca. Cabe decir que JFK fue el primer presidente que supo adaptarse a la era de la televisión, compareciendo una vez a la semana ante la Prensa y, sobre todo, a las cámaras. Trump, que utiliza las redes sociales –Twitter, sin ir más lejos, casi a diario– como medio de comunicación, parece sentirse muy satisfecho con dejarse ver en los informativos de la cadena Fox. Nunca un presidente en Estados Unidos ha logrado tantas críticas de los medios de su país como el actual.

Grabaciones secretas

Una de las polémicas del actual inquilino de la Casa Blanca ha sido la posibilidad de que haya grabado las conversaciones de James Comey, ex director del FBI, hecho que ha resucitado el fantasma aún incómodo del Watergate y que ni se desmiente ni se confirma desde el entorno presidencial. Lo que sí es cierto es que Kennedy grababa cuanto sucedía en su despacho, algo que también hicieron antecesores en el cargo como Rooselvelt, Johnson o incluso Nixon. Buena parte de las grabaciones de JFK son hoy accesibles al público público y se guardan en la biblioteca presidencial que lleva su nombre en la ciudad de Boston. Gracias a ellas podemos saber, por ejemplo, las discusiones que se mantuvieron durante la crisis de los misiles de Cuba en 1962.

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