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Trump cede ante Kim para firmar un pacto «histórico»

El presidente de EEUU, Donald Trump, asegura que el encuentro ha ido «mejor de lo imaginable» y que invitará a Kim Jong-un a la Casa Blanca. Ambos mandatarios acuerdan que el proceso de desnuclearización de Corea del Norte sea «muy rápido».

  • Kim y Trump, durante la firma del documento. Foto. Reuters
    Kim y Trump, durante la firma del documento. Foto. Reuters
Enviada especial a Singapur.

Tiempo de lectura 8 min.

13 de junio de 2018. 01:14h

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V. Pascual/Efe.  Enviada especial a Singapur. 12/6/2018

El presidente estadounidense, Donald Trump, se marchó ayer a casa con los deberes hechos tras la reunión que mantuvo en Singapur con el dictador de Corea del Norte, Kim Jong Un. La firma por la que Pyongyang reafirmó su compromiso con la desnuclearización le hizo anotarse un tanto único en su política exterior. Eso sí, a cambio, su país deberá ofrecer ciertas garantías. Washington se comprometió a no atacar ni derrocar a un régimen con el que hasta hace apenas medio año cruzaba amenazas de guerra nuclear. Para ello, anunció que suspenderá las maniobras militares conjuntas con Seúl, unos ejercicios calificados por el mandatario de «extremadamente caros, provocativos, e inapropiados» y que Corea del Norte siempre ha considerado una práctica de invasión de su territorio.

Desde primera hora de la mañana, la expectación en la ciudad Estado era máxima. Sus calles blindadas sirvieron de corredor para trasladar a los dos líderes hasta el hotel Capella de la isla de Sentosa, donde llegaron poco antes de las nueve. Trump se presentó en su limusina minutos después que Kim, quien se adelantó como muestra de respeto hacia alguien de mayor edad. Acto seguido, ambos mandatarios aparecieron caminando cada uno por un lado del porche enmarcado para la ocasión con las banderas intercaladas de Estados Unidos y Corea del Norte. Con semblante serio, Trump estrechó la mano de Kim, a quien se le veía un poco más nervioso.

La imagen por sí sola ya suponía una gran victoria. Para Kim, la legitimación como líder a nivel mundial. Para Trump, la satisfacción de cumplir un objetivo personal. En sus primeras declaraciones, ambos líderes ya se mostraron optimistas y antes de su primer encuentro, en el que sólo les acompañaron sus intérpretes, dejaban claras sus intenciones. «Vamos a tener un gran diálogo y, creo, un tremendo éxito; será tremendamente exitoso y es mi honor; tendremos una relación magnífica», afirmó Trump mientras, a su lado, un Kim ya más calmado echaba la vista atrás. «Los viejos prejuicios y prácticas actuaron como obstáculos en nuestro camino, pero los hemos superado y aquí estamos hoy», apuntó el tirano.

A juzgar por el desarrollo de los acontecimientos, el olfato de Trump para los negocios del que tanto había presumido no le falló. En los 38 minutos que duró su reunión a solas, salió convencido de que todo había ido «muy, muy bien». A continuación, la segunda ronda de conversaciones, que iba a reunir en la misma mesa a algunos de los pesos más pesados de ambos países, serviría para fraguar los cuatro puntos que incluía el documento firmado. El primero, establecer relaciones diplomáticas; el segundo, unir sus esfuerzos para construir un régimen de paz duradero y estable en la península de Corea; el tercero, trabajar hacia la desnuclearización completa de la península; y el cuarto, comprometerse a buscar y repatriar los restos de los soldados o prisioneros de guerra que perecieron en acción de combate.

Buenas intenciones a las que les faltaba un cuándo y un cómo que el líder estadounidense trató de aclarar en la rueda de prensa posterior a la cita. Aunque no se reflejó en el documento, Trump indicó que en sus conversaciones habían discutido los procedimientos e incluso Kim había afirmado que demolería unas instalaciones usadas para probar motores de misiles. «Verificaremos el proceso de desnuclearización con mucha gente de diferentes nacionalidades sobre el terreno», aseveró Trump, quien añadió que los detalles quedarían a cargo de las negociaciones entre sus respectivos equipos.

Los expertos se apresuraron a criticar el acuerdo por no aportar nada nuevo a lo ya pactado en la cumbre intercoreana del pasado abril con el presidente de Corea Sur, Moon Jae In. Nada que ver con el entusiasmo de ambos líderes, cuya sintonía era analizada al detalle por la comunidad internacional, atenta a una cita esperada desde hace casi 70 años. Mientras Trump lo describía como un acuerdo «muy completo» que «resolvería un problema muy grande y muy peligroso para el mundo», Kim afirmaba que se trataba de un pacto «histórico» que «supone un cambio tremendo que deja el pasado atrás». Para Hoo Chiew Ping, profesora de Estudios Estratégicos y Relaciones Internacionales en la Universidad de Malasia, lo relevante fue la confianza que Trump mostró en Kim. «Pese a que el pacto no es integral, como afirma el presidente Trump, y los puntos principales de la declaración conjunta no aportan nada nuevo, el americano confía en Kim para implementar lo acordado», declaró a LA RAZÓN. La palmada en la espalda con la que Kim despidió a Trump antes de poner rumbo a Pyongyang empujó al americano a asegurar que ayer comenzó una «nueva era de prosperidad» para Corea del Norte.

Encuentro histórico

A Singapur no se le ha pasado ningún detalle, y no es para menos. La ciudad Estado será hoy la testigo principal de un encuentro histórico que, de tener éxito, supondrá el verdadero punto de partida para traer de vuelta la paz a la península de Corea después de casi 70 años. Desde que en 1950 Corea del Norte, respaldada por la antigua Unión Soviética y China, invadiera el Sur –aliado de Estados Unidos–, dando pie a una de las contiendas más sangrientas de la historia, el armisticio que se firmó tres años después entre Washington y Pyongyang dejó técnicamente en guerra a los dos lados del Paralelo 38 hasta nuestros días.

A lo largo de estos años, las pruebas nucleares y los lanzamientos balísticos del Norte, junto al hundimiento de submarinos y barcos y las maniobras militares entre Washington y Seúl, han mantenido vivo el conflicto. De poco han servido las negociaciones a seis bandas o el restablecimiento temporal de las relaciones entre Norte y Sur que, en ocasiones, devolvieron momentáneamente la armonía a sus ciudadanos. Por eso, el hecho de que Donald Trump y Kim Jong Un, los dos líderes de EE UU y Corea del Norte –enemigos desde que terminara la Guerra Fría–, compartan hoy mesa en el hotel Capella de la isla de Sentosa por primera vez en más de medio siglo, ha devuelto la esperanza a aquellos que habían dado todo por perdido.

Así es como se siente Kim Jin A, una camarera surcoreana que trabaja en el restaurante de comida coreana Sinmanbok, en el barrio singapurense de «Little Korea». Kim, de 51 años, contó a LA RAZÓN cómo la reunión de hoy ha llenado de optimismo de nuevo a su familia. «Mis padres huyeron de Corea del Norte por la guerra y llegaron por separado a Corea del Sur, donde se conocieron y casaron. Mi madre escapó con 21 años junto a su madre y una hermana. Su padre había muerto y allí sólo le quedó un hermano. No sabemos si está vivo o muerto, pero mi madre, de 89 años, sólo quiere volver a su pueblo para comprobarlo y morir allí», afirmó emocionada.

El sueño de su madre es el de ella y el de sus cinco hermanos, para quienes la paz supondría la vuelta a sus raíces. «Ojalá vayan bien las negociaciones, me gustaría ver a los coreanos vivir en paz y dejar de sufrir por la separación de sus familias», deseó.

Kim, que llegó a Singapur hace tan sólo un año con dos de sus hijos, sabe perfectamente qué va a hacer hoy. «Tengo que trabajar, pero estaré pendiente de las noticias en el móvil, va a ser muy interesante ver qué es lo que sale de aquí», indicó. Aun así, se lamentó de que si el resultado es positivo y se inicia un proceso, que se prevé largo, para normalizar las relaciones entre ambos países, «es posible que a mi madre, que es muy mayor, no le dé tiempo de volver hasta la provincia de Hwanghae, desde donde huyó en 1953».

Sentado en la mesa de otro restaurante de la zona, Yun Ju-yong, de 26 años, es del mismo parecer. «Todos pensamos igual, que se termine la guerra», aseguró a LA RAZÓN. Este joven nacido en Seúl y que llegó a esta rica ciudad hace poco más de dos años para aprender inglés explicó que tiene previsto celebrar el resultado de la cumbre con sus amigos coreanos si se llega a un acuerdo. De la misma forma, los miembros de la Asociación Coreana en Singapur, se reunirán hoy desde las 8:30 hora local para ver en directo el encuentro que les puede permitir volver a un país en paz la próxima vez que viajen a Corea del Sur. Pese a conocer las limitaciones de un proceso que requiere la firma de otros actores, han empapelado las calles de Tanjong Pagar, el barrio conocido como «Little Korea», con carteles que muestran una paloma con una rama de olivo expresando su anhelo por el éxito de la cita entre EE UU y Corea del Norte.

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