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La Policía israelí pide imputar por corrupción a Netanyahu

Se analiza la presunta entrega de regalos a presidente israelí por parte de dos productores cinematográficos

  • Benjamin Netanyahu ha negado todas las acusaciones/Reuters
    Benjamin Netanyahu ha negado todas las acusaciones/Reuters
Jana Beris .  Jerusalén.

Tiempo de lectura 4 min.

14 de febrero de 2018. 01:01h

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Jana Beris .  Jerusalén. 13/2/2018

La Policía israelí recomendó ayer a la Fiscalía que impute al primer ministro, Benjamin Netanyahu, por soborno, fraude y abuso de confianza en dos casos por los que era investigado desde hace un año dentro del marco de los llamados «Expediente 1000» y «Expediente 2000». En el primer caso se investigó las relaciones de Netanyahu con los empresarios Arnon Milchen y James Packer de los que él y su esposa recibieron obsequios por un monto equivalente a aproximadamente 230 .000 euros. La sospecha es que se trataba de beneficios a cambio de decisiones que el «premier» podía tomar como jefe de Gobierno y que favorecería a dichos empresarios. En el segundo caso, se investigó los contactos de Netanyahu con Arnon Mozes, dueño del periódico «Yediot Ahronot» –del que también se pide la imputación– en relación al freno del rotativo rival «Israel Hayom» con procesos legislativos a cambio de una cobertura favorable.

Las recomendaciones de la Policía no conducen directamente a un juicio, ya que la decisión al respecto la debe tomar el Ministerio Público en base al estudio de las mismas. Cabe suponer que eso llevará al menos unas semanas. Pero sí son un elemento a tomar en cuenta por parte de la Fiscalía, ya que presentan un resumen de todo lo investigado y evalúan la fuerza de las pruebas recabadas.

En una alocución especial a la nación en directo, Netanyahu rechazó terminantemente las acusaciones y recordó que, de acuerdo a la ley israelí, las recomendaciones no juegan un papel jurídico. «Continuaré guiando a Israel con responsabilidad», recalcó, para a continuación añadir que «la verdad saldrá a la luz».

El primer ministro comenzó su intervención recordándole a la ciudadanía capítulos singulares de su biografía, como su desempeño como oficial en una unidad de combate en la lucha contra el terrorismo, así como sus años como exitoso embajador de Israel ante Naciones Unidas, destacando su «dedicación» al Estado. «Lo que me motivó siempre en esos momentos y me sigue guiando ahora es el constante deseo de desarrollar y proteger a Israel», aseveró. Además, añadió que «esta sensación de estar cumpliendo una misión es la razón por la que estoy aquí». Siguiendo con la línea que adoptó hace tiempo –la de presentarse como víctima de críticos que lo persiguen injustamente–, Netanyahu dijo que «desde que fui elegido como primer ministro, no he tenido casi un día de descanso sin difamaciones y acusaciones falsas en mi contra». Recordó también otras investigaciones policiales que fueron abiertas a lo largo de los años y que no condujeron a ningún juicio. «Como sé la verdad, digo que también esta vez terminarán en nada».

En los últimos meses, en más de una ocasión el «premier» ha alegado que la oposición no puede derrotarlo en las urnas y por eso promueve lo que llama «un golpe de Estado» a través de investigaciones policiales. Ayer no usó ese término, pero sí dejó entrever claramente su crítica a la Policía, afirmando que «una gran sombra pende sobre sus recomendaciones». Está claro que Netanyahu por ahora no piensa dimitir. «Seguiré convirtiendo a Israel en fuerza mundial en ascenso», señaló.

La oposición cree que Netanyahu debe dejar su cargo por el significado público y moral de la recomendación policial y para que el «premier» pueda desempeñar sus funciones con la cabeza enteramente dedicada a ello. Por ley, estaría obligado a dimitir tras ser declarado culpable en un juicio en la última instancia.

En 2008, cuando el entonces primer ministro Ehud Olmert estaba bajo investigación, Netanyahu, líder de la oposición, declaró: «Debo decir que hay razones para temer que un primer ministro que está hasta el cuello bajo investigaciones no tiene mandato moral y público para determinar cosas claves para el destino de Israel». Y agregó: «Es justificado temer que tome decisiones basadas en su interés personal en la supervivencia política y no en base al interés nacional. Lo correcto en sería que el Gobierno se vaya a su casa y devuelva el mandato a los votantes».

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