Pilar Medina Sidonia: «No me avergüenzo de mi madre»

Entrevista en exclusiva a LA RAZÓN, donde, a la espera de la sentencia, valora el juicio de su familia como herederos de la «duquesa roja»

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07 de noviembre de 2015. 18:08h

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8/11/2015

Pilar de Gregorio, conocida como Pilar Fernandina, aunque el título, por culpa de una ambición familiar ajena a ella, lo haya perdido, está inmersa en varios pleitos por pertenecer a una de las familias nobiliarias españolas más antiguas, junto a los Alba y los Medinaceli.

Los Medina Sidonia han estado batallando, por lo que el Código Civil dice que es suyo, como herederos de la llamada «duquesa roja», durante catorce jornadas en un juzgado de Sanlúcar de Barrameda.

Sesenta millones de herencia, en una estimación a la baja realizada por la Junta de Andalucía, por Tinsa y por Susana Bardón, a quien se lo encarga la contadora partidora designada por la propia duquesa de Medina Sidonia. Una estimación que los herederos aceptan, aunque sea muy inferior al valor real, es lo que está en juego. La herencia legítima de los tres hijos que tuvo Luisa Isabel Álvarez de Toledo ha quedado vista para sentencia.

La aristócrata, en una maniobra confusa, provisionando su fundación con los bienes que les corresponderían a sus tres hijos, quiso evitar que ellos heredasen hasta la legítima que el Código Civil reconoce se sea noble o plebeyo. En la única entrevista que ha concedido a un medio de comunicación, Pilar Fernandina nos aclara algunos puntos, en la medida que su abogado le aconseja, ya que el proceso se encuentra a la espera de una sentencia que llegará previsiblemente antes de que acabe 2015. Conviene ser cautos.

–¿Después de catorce sesiones de juicio qué le ha sorprendido?

–Que el archivo no estuviera asegurado y que el acuerdo con la UNED para microfilmarlo, que estaba casi con el contrato ya firmado para llevarlo a cabo y que a mi madre no le iba a costar nada, no se hiciera y también, que el índice esté incompleto y que mi propia madre lo hiciera constar.

–¿En lo personal ha descubierto a otra madre que no conociese?

–No. La idea que yo tenía de ella y de todo lo que pasó no ha cambiado nada, sigo sabiendo y pensando lo mismo. Lo que me costó era hablar de cosas personales y de mi intimidad en público. Lo más difícil fue hablar de la última vez que la vi, eso fue duro.

–¿Cómo era su madre?

–Una persona diferente. No era una madre al uso, como madre y como persona era atípica que tenía una parte muy buena con muchos valores y también, hay una serie de cosas en la que no estaba de acuerdo con ella y, por eso, he puesto esta reclamación. No me gusta juzgar a mi madre y las cosas íntimas y personales se quedan entre ella y yo. Tenía una serie de convicciones muy particulares que eran suyas y las defendía. Por ejemplo, ella pasó un año en la cárcel por protestar por la contaminación nuclear en Palomares y ahora se ha visto que se tienen que llevar la arena contaminada y nadie ha reconocido esa lucha que ella mantuvo y por la que estuvo en prisión.

–¿Una mujer preocupada por los demás pero no por los hijos?

–Nunca fue una relación de madre e hijo al uso. Ella se casó muy joven sin estar definida como persona y se encontró con tres hijos. Estuvo en la cárcel por defender sus ideas, no por nada vergonzoso, y mis padres se separaron cuando yo tenía tres años, lo que también significó un escándalo en aquellos años, cuando no existía ni ley del divorcio. No la juzgo ni me avergüenzo de mi madre.

–Curiosamente, la viuda de su madre es su continuadora y no se ha preocupado de ustedes en los veinte años que ellas vivieron juntas.

–Ese matrimonio sólo duró unas horas. Ella nunca habló de su vida y tenemos que respetarlo.

–¿Qué impresión tiene del juicio?

–Ha sido muy satisfactorio para nosotros, las pruebas han ido bastante bien. Estamos contentos pero hasta que el juez no dicte sentencia no sabemos nada. Creo que antes de que acabe 2015 tendremos una decisión. No se han dictado medidas cautelares y hay que esperar. Yo lo que quiero es que el archivo y el patrimonio se salven y se mantenga unido y ésa es una de las razones por las que litigo.

–No es de piedra, ¿qué es lo que más le ha dolido?

–Esta historia ya está procesada desde hace mucho tiempo, no he ido al psiquiatra para afrontarla, lo he superado por mi misma tomándola como mejor he podido. Yo sé cómo es mi madre desde los dieciséis años y he aprendido a vivir con ello, aunque al principio me costase. Soy de tierra de huracanes y llevo bien las turbulencias.

–Si se falla a su favor, ¿cuántos herederos hay y cuánto hereda cada uno?

–A mi hermano mayor le correspondería la legítima con el tercio de mejora, a mi hermano pequeño y a mí, la legítima estricta y Liliane Dahlmann tendrá unos derechos. Lo que sí te puedo decir es que mi madre le dejaba el tercio de libre disposición, y que ya está empleado en la constitución de la fundación. Así que la fundación es legal sólo en un tercio de libre disposición el resto es inoficioso porque ahí están los bienes que nos corresponden y cuando se ejecute la sentencia, yo tendré que pagar el 46 por ciento de impuestos de lo que el día de mañana me corresponda.

–¿Este pleito es una cuestión de amor propio?

–No solamente de amor propio. Nosotros tenemos derecho a la herencia de nuestra madre y por qué no vamos a ejercerlo como cualquier español. Además, no pedimos que ese patrimonio se disperse porque es imposible, ya que está declarado Bien de Interés Cultural con unas condiciones establecidas.

–¿Es consciente de pertenecer a una familia con los ingredientes perfectos para convertirse en serie televisiva, verdad?

–Haré todo lo posible por evitar todo lo que sea susceptible de autorizarse y, desde luego, no contará con mi aprobación nada de ese tipo. Estoy cansada de la exposición mediática; mucha gente tiene litigios que se resuelven en los tribunales, no es nada nuevo y por supuesto que no siento vergüenza porque no hay cosas vergonzosas, no somos delincuentes, ni estafadores. La manera de vivir de mi madre la he sabido siempre, sólo me extrañó que se casara horas antes de morir porque tuvo tiempo de hacerlo mucho antes, si hubiera querido. Cuando mi madre fue a la cárcel yo la veía como a Juana de Arco porque tenía doce años. Nunca me avergoncé ya que fue por defender sus ideas, por encabezar la manifestación antinuclear en Palomares.

No saludar al duque de alba si no te lo encuentras de frente

Pilar de Gregorio y Álvarez de Toledo es la segunda hija del matrimonio de la duquesa de Medina Sidonia con Leoncio González de Gregorio.

Es escritora y profesional del arte. Una mujer elegante, discreta y de formas tradicionales. Ayer, por ejemplo, cuando tomábamos un té en la cafetería Mazarino de Madrid vimos en una mesa cercana a Carlos Fitz-James, Duque de Alba y quise acercarme a saludarle, ella me dio una clase de protocolo: «sí nos lo hubiéramos encontrado de frente sí podríamos, pero ir hasta su mesa a cortarle la conversación con su amigo no es correcto».

Pilar tiene una sorprendente bipolaridad de cabeza; clásica en las formas y liberal de mente. Si uno la escucha hablar deducirá que su vida es de todo menos típica y no sólo por las circunstancias de haber nacido en una estirpe noble con ocho siglos de historia, también por su propia voluntad. Se casó y se divorció tres veces, tiene dos hijos y su estado civil ella lo califica de «náufraga del matrimonio».

Durante doce años fue conocida socialmente como la duquesa de Fernandina o Pilar Fernandina; aún hoy se la sigue reconociendo como tal, aunque por un ansia posesiva un sobrino litigará con ella, por ese título y lo acabaran perdiendo ambos, con la gran contradicción de haber sido su propia madre, la duquesa de Medina Sidonia, quien se lo cedió y sus dos hermanos lo aceptaron ante notario.

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