Literatura

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Enrique Vila-Matas: «Con “Marienbad eléctrico” he creado una novela insólita»

El escritor Enrique Vila-Matas durante la presentación de su último libro "Marienbad eléctrico"
El escritor Enrique Vila-Matas durante la presentación de su último libro "Marienbad eléctrico"larazon

«Marienbad eléctrico» es el título del nuevo y más reciente libro de Enrique Vila-Matas, publicado por Seix Barral, una obra inclasificable que surge de su amistad y con la artista Dominique Gonzalez-Foerster.

«Marienbad eléctrico» es el título del nuevo y más reciente libro de Enrique Vila-Matas, publicado por Seix Barral, una obra inclasificable que surge de su amistad y con la artista Dominique Gonzalez-Foerster.

– Me gustaría empezar la entrevista preguntándole por una afirmación que aparece en su nuevo libro «Marienbad eléctrico»: «Voy a los hoteles igual que empiezo novelas, para tratar de cambiar de vida, para ser otro». ¿En este libro hay ese otro o Enrique Vila-Matas es real en estas páginas?

– Es verdad que aquí es más real porque yo no puedo inventar que Dominique Gonzalez-Foerster es rubia cuando es morena. Por lo tanto, me veo constreñido a contar cosas que ella también reconozca. He creado una novela inédita. Es, como dice un amigo, un libro único y sincero. Si se quiere clasificar se le puede llamar novela, instalación, texto de catálogo, ensayo... Esta cita de Marcel Duchamp a Pierre Cabanne lo define bien: «Intercambio, correspondencia, amistad...» Es algo que yo sitúo mucho en los años 20, en los felices años 20. En esa época de James Joyce y la generación perdida todo era extraordinario porque eran grandes conversaciones, borracheras y opiniones desinhibidas. Por eso, creo que era una época extraordinaria y me hubiera gustado vivirla. Eso de la gente hablando sin cesar en los cafés me gusta mucho. La primera vez que fui a París me impresionó ver a la gente hablar sin más, porque yo venía de un país en el que el vecino te espiaba.

–En su libro sí hay un café parisino que tiene un protagonismo especial y es el Bonaparte.

–Sí. Primero porque es el café al que yo iba cuando vivía en París. Está al lado de dos turistizados al que solamente van japoneses y es mucho más barato. No te cobran 10 euros por un café y es céntrico. Es normal. Hace muchos años que empezamos a ir a este sitio y un día descubrimos que habían puesto un ascensor. Eso fue un motivo para pensar cosas alrededor de esto, como una instalación. ¿Para qué nos han puesto un ascensor? ¿A dónde irá? Por eso mis conversaciones con Dominique son como instalaciones. Estamos allí casi como si fuéramos figurantes de una «performance» mientras conversamos.

– Ha hablado de cómo Dominique influye en usted y viceversa. Pero me hace gracia lo que señala al principio de su libro, cuando ella incluso influye en Eduardo Lago sugiriendo lo que luego sería uno de los ejes de su novela «Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee».

– Tuvo un gran efecto. Eduardo Lago salió disparado a comprar la novela inacabada de Nabokov de la que ella le habló. Dominique le dijo: «tú me recuerdas a Nabokov en «El original de Laura». Fue como algo mágico. Ella sabe conectar y atar cosas.

– Se define en su relación con Gonzalez-Foerster como un doctor Watson. ¿Por qué?

–Ella fue la que dijo en la última reunión que tuvimos, en el Musée Rodin, que estaba leyendo el primer libro de la serie de Sherlock Holmes, «Estudio en escarlata». Solamente dijo eso. Pero no sé por qué yo entendí que le estaba gustando mucho y tenía que ver con nosotros. Entendí a mi manera que los dos nos espiamos. Cuando lees ese libro, el espionaje de Watson se refiere a cuanto le sorprende el otro. Por eso, a la hora de escoger los dos papeles, honestamente me quedé con el de Watson. Al revés habría sido absurdo. Pero es cierto que existe este espionaje y todo lo que dice lo anoto mentalmente porque creo que son mensajes en clave.

–Hay un caso muy significativo en este sentido y es el artículo que le encarga la revista «Art Press» sobre Dominique Gonzalez-Foerster.

–Sí. Me encargaron un artículo sobre una de sus exposiciones, la que debía celebrarse en Madrid. Ella me dijo que escribiera lo que yo creía sería esa exposición. Entendí cómo funcionaba ella. Se había dado cuenta que yo imaginaba lo que hacía y seguramente pensó que lo yo escribía podía darle una idea.

–Ella podría haber imaginado «Marienbad eléctrico» antes de ser redactado.

–No tengo ni idea. Lo que sí es cierto es que ella estaba muy interesada en leerlo. Hay algún momento de «Marienbad eléctrico» que pasa en el sitio donde está teniendo lugar esta entrevista, en la librería +Bernat, cuando ella se queda en silencio y yo pienso algo. Claro, ese momento es muy arriesgado porque seguro que no fue así para ella. De hecho es muy bueno lo que dice del libro que define como «un gran film».

–¿No le ha tentado publicar la correspondencia que mantiene con ella por correo electrónico?

–Hemos publicado algún fragmento en el catálogo del Pompidou, el relacionado con el proyecto que nos ofrecieron hacer en Granada y que se ha diluido y que es mejor que no se haga. Lo de ser comisario no me apetecía porque es difícil si nunca lo has sido.