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El amigo y amante de las estrellas

La Filmoteca de Cataluña acoge una exposición con los retratos de los 60 y 70 del genial fotógrafo Terry O'Neill

  • A finales de los 60 abandonó su adorado Londres para ir a Hollywood y fotografiar estrellas como Robert Redford de «Los tres días del Condor»
    A finales de los 60 abandonó su adorado Londres para ir a Hollywood y fotografiar estrellas como Robert Redford de «Los tres días del Condor»
Barcelona.

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19 de febrero de 2018. 08:08h

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Barcelona. 19/2/2018

Carlos Sala - En el célebre café Beehave, en la londinense calle Charterhouse, Charlotte Rampling ojeaba distraída el The Daily Sketch. No tenía más que 17 años y demasiadas cosas que pensar. Delgada, de rostro melancólico y cierta fragilidad nerviosa, tenía que ir a su primer casting para una importante película. Estaba intranquila, insegura, y enfadada, muy enfadada, y no sabía por qué. Cerró un segundo el periódico y dejó la mirada perdida. «¿Lo está leyendo, señorita?», oyó entonces. Volvió en sí, vio un hombre guapo, vestido de tweed, enfrente suyo y de pronto sintió tanto asco y tanta vergüenza que la hicieron gritar con todas sus fuerzas, «¡siiií!». El hombre se disculpó tímido y se marchó de forma apresurada.

Volvió a abrir el periódico al azar y cayó en una fotografía extraña, la de tres jóvenes con guitarras y un cuarto de cara graciosa sosteniendo el platillo de una batería, en el patio trasero de la típica casa inglesa. Miró el titular del artículo y vio que era un grupo nuevo llamado The Beatles. Volvió a fijarse en la foto y pensó que uno de esos chicos le era muy familiar, aunque no sabía por qué. Sí, ya lo sé, pensó, The Beatles, su hermana le había puesto «Love me do», le encantaba. Intentó frenar las lágrimas, tranquilizarse, pero no pudo.

Miró el reloj. Era tarde, tenía que irse. Justo debajo del reloj reconoció al chico que le había pedido el periódico y sintió un escalofrío. Volvió a mirar la foto. ¡No podía ser! El joven cabizbajo que sostenía la guitarra negra era el mismo que ahora estaba sentado, cabizbajo, en aquel café. Volvió a sentir una gran vergüenza y pena, mucha pena. Se secó las lágrimas, intentó tranquilizarse, y cogiendo el periódico se dirigió a hablar con aquel chico.

«Toma, siento mi reacción de antes», le dijo Charlotte dejándole el periódico. «Salís muy bien en la foto», añadió. Era George Harrison. La miró confuso y tímido contestó, «era un gran fotógrafo». «Mi hermana era una gran fan vuestra, decía que ibais a ser lo mejor que le iba a pasar a la música desde Elvis», añadió Charlotte. Volvió a mirar el reloj, y se marchó. George Harrison no tuvo tiempo de reaccionar y la vio marchar, apenado de no haber ido a su encuentro. Charlotte se giró una última vez antes de salir del local y le sonrió. De pronto, sintió que compartía su tristeza con alguien. Su hermana hacía tres semanas que se había suicidado. Todavía no entendía por qué. De pequeña hacían un pequeño número juntas de cabaret. Estaban muy unidas. Durante el casting, pensó en eso, y en que los Beatles iban a ser la mejor banda del mundo. Consiguió el papel y aquel fotógrafo que inmortalizó por primera vez en prensa a los Beatles le haría con los años muchos retratos, tan cercanos, naturales y cálidos como aquel.

Aquel fotógrafo se llama Terry O'Neill y con los años se convirtió en el gran retratista del swingin' London de los 60 y el Hollywood cosmopolita de los 70. La Filmoteca de Cataluña acogerá del 1 de marzo al 23 de mayo una exposición que reúne 66 de sus mejores retratos de los años 60 y 70 con nombres que van de Paul Newman a Robert Redford, David Bowie, Elton John, Brigitte Bardot, Frank Sinatra, Faye Dunaway o Lee Marvin.

Una leyenda viva

O'Neill, que vendrá a inaugurar la exposición y un pequeño ciclo de películas relacionadas con la fotografía, es toda una leyenda. Semiretirado, su máxima de «yo sólo fotografía a gente que me gusta» le ha condenado prácticamente a la inactividad porque confiesa que las estrellas de ahora no le interesan lo más mínimo. Él ha sido el gran amigo de las estrellas, incluso su amante, casándose con actrices como Faye Dunaway o Vera Day y teniendo aventuras con modelos como Jean Shrimpton. Mike Mayers se inspiró en su carisma y reputación para el personaje de Austin Powers. Su reputación era tal que incluso su novia de entonces le prohibió ir a fotografiar a Marilyn Monroe porque decía que «solía acostarse con sus fotógrafos».

Su gran obsesión era ser invisible. Para ello no le importaba pasarse todo el tiempo que hiciera falta con sus retratados. Con Frank Sinatra, por ejemplo, estuvo 30 años acompañándole por todas partes. «Me decía que fuera a beber con él, pero yo le decía que no. No podía. Si estaba con él bebiendo en un bar, quién iba a hacer la foto. Yo quería ser quien tomase la foto», decía.

Su ética de trabajo es, por tanto, legendaria. A penas tocaba la bebida y siempre huyó de las drogas. Cuando fotografió a David Bowie en la época de «Diamond Dogs», lo vio tan drogado que aprovechó para fotografiarlo con un terrible perro sin que éste se inmutase lo más mínimo. Amigo de Michael Caine, de Dudley Moore, Richard Burton, de todos los ingleses que irían luego a Hollywood, fueron las mujeres las que más le inspiraron. La mejor, Audrey Hepburn. «Era imposible hacerle una mala fotografía», afirma. En los últimos años, O'Neill ha retratado a gente como Nelson Mandela o Pele en la apertura del Mundial de fútbol de 2014, sin embargo son sus recuerdos y sus mil anécdotas que son su mejor aval.

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