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Barcelona

El MNAC rescata del olvido al destacado orientalista Josep Tapiró

Los meticulosos retratos a la acuarela de santones y sufistas tangerinos conforman la vertiente más significativa de la exposición "Josep Tapiró. Pintor de Tànger"en la que se revaloriza la obra del olvidado pintor de Reus (Tarragona) fascinado por esta ciudad, situada a las puertas de África.

La exposición, que se podrá visitar a partir del próximo jueves, día 17, contiene 25 retratos a acuarela de Josep Tapiró (Reus 1836 -Tánger, 1931) que, durante 40 años, se dedicó a plasmar sobre el lienzo ese mundo desconocido del otro lado del Mediterráneo.

"A diferencia de otros orientalistas como Delacroix o Fortuny, la obra de Tapiró va más allá de los pintoresco y la ensoñación literaria", ha señalado hoy el comisario de la exposición Jordi A. Carbonell, quien ha explicado que el motivo de la desaparición del nombre del reusense de los anales de la historia del arte se debe, en gran parte, a su larga residencia en Tánger, además del hecho de que vendió la mayor parte de su obra en el mercado anglosajón.

Cien años después de su muerte, la obra de gran calidad de este artista celebrado en vida y olvidado después de su muerte, se encuentra dispersa por medio mundo y le sitúa en un lugar destacado en el contexto internacional.

Durante más de 40 años, Tapiró se instaló en la ciudad marroquí desde donde, como en una terraza, observaba ese mundo tan diferente que fascinaba a todos los orientalistas, pero en el que podía vivir con las mismas condiciones que en una ciudad europea.

"Tapiró pertenecía a ese mundo tangerino", ha señalado Carbonell refiriéndose a la aproximación casi científica a la sociedad magrebí del pintor, tan alejada de esa visión epidérmica y repleta de clichés que tanto caracterizaba la pintura orientalista francesa.

El pintor se sumerge e implica en aquella realidad y huye de los lugares comunes de moda desde el romanticismo, buscando la verosimilitud y rompiendo con el sueño oriental alimentado por los relatos de los viajeros y recreado por la literatura.

Haciéndose amigo de los musulmanes distinguidos y de los judíos de la ciudad, Tapiró consigue entrar en lugares hasta entonces vedados a los extranjeros y asistir a las ceremonias religiosas, lo que le permitió mostrar en su obra un rigor documental y un cuidado objetivismo.

Además del indiscutible valor documental de su obra, Tapiró fue un artista absolutamente extraordinario, de marcada personalidad y lenguaje propio, y un virtuoso acuarelista, en un momento en el que la acuarela era una técnica muy apreciada, sobretodo en el mercado anglosajón, donde él comercializaba sus creaciones, pues cada invierno el pintor de Reus se desplazaba a la ciudad del Támesis para vender -a precio muy elevados- sus últimas piezas.

Sus meticulosos retratos de santones, novias, músicos ambulantes, jerifes, bandidos, criados e indigentes, conforman la vertiente más significativa de este artista y muestran la pintoresca diversidad humana del Tánger del siglo XIX.

Durante décadas, su estilo se mantuvo casi inmutable, impermeable a cualquier innovación y siempre al margen de la modernidad, lo que se suma a los factores de su posterior olvido.

"Josep Tapiró. Pintor de Tànger", que se podrá ver hasta el próximo 14 de septiembre, junto a la exposición que el museo dedicará el próximo otoño al artista Carles Casagemas, inicia una línea de trabajo de recuperación y reivindicación de autores catalanes a través de muestras monográficas.