Villa de Vallecas

El cura de Santa Eugenia pide ayuda a la EMVS para acabar con los balcones-domitorio

Un balcón acondicionado
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Los balcones del barrio de Santa Eugenia –en el distrito de Villa de Vallecas– son uno de los puntos negros de la pobreza en la capital. Tal y como adelantó ayer LA RAZÓN, son varias las terrazas que se alquilan a las personas sin recursos a un precio de 50 euros por mes si es descubierta y 80 si está cerrada. Un problema denunciado por Gonzalo Ruipérez, el párroco de la Iglesia de San Juan de Dios, que la junta de distrito desconocía y para la que ya han puesto en marcha los primeros trámites para reconducir la situación. Desde el Consistorio explican que están en contacto con varias asociaciones de vecinos del barrio, así como con otros actores sociales para buscar una alternativa habitacional a estas personas.

Y es que, el problema del alquiler de las terrazas ya ha sobrepasado el ámbito social y solidario y está en los despachos. «El concejal-presidente del distrito de Villa de Vallecas, Francisco Pérez me ha llamado para interesarse por la situación y la verdad es que es un gesto de agradecer que haya políticos preocupados por esta problemática», explica Ruipérez, que cree que la solución más duradera pasa por acomodar los pisos vacíos de la Empresa Municipal de la Vivienda (EMVS) para realojar a las personas que pernoctan en el exterior de las viviendas. «Hay cerca de doce balcones en los que duerme gente y, aunque no sé los datos exactos, es casi seguro que en Santa Eugenia y en los alrededores hay más pisos de la EMVS vacíos que personas pernoctando en terrazas», apunta el religioso.

Con Madrid en alerta amarilla por nieve y una previsión metereológica con temperaturas mínimas cercanas a los cero grados la situación se agrava para las personas que pasan la noche en los balcones. A pesar del frío atmosférico, el párroco de San Juan de Dios es optimista respecto al calor de los vecinos: «La solidaridad en Santa Eugenia es muy importante, porque somos un barrio pequeño y, al conocernos todos, no dejamos a nadie a su suerte», explica. Por eso, el sacerdote detalla que «a raíz de que el tema se empiece a conocer y a salir en los medios, la gente del barrio y de otros puntos de Madrid se va a volcar en las donaciones de alimentos y de mantas».

Solo para dormir

Los «inquilinos» a los que ayudan Ruipérez y sus feligreses pueden hacer uso de la cocina, del baño y de los espacios del interior de la vivienda que alquilan por 50 euros, la mayoría sin calefacción y sin electricidad, y utilizan el balcón para pasar la noche.

La mayoría de estas personas comparten una serie de características que permiten trazar un perfil común: son hombres provenientes de países de Europa del Este y de Hispanoamérica que acaban de llegar a nuestro país y que no tienen papeles en regla. Esta última circunstancia levanta un muro de silencio ya que «tienen miedo de explicar su situación», señala Ruipérez, aunque matiza que cuentan –además de con la solidaridad vecinal– con la asistencia sanitaria básica si acuden a los servicios de Urgencias de los hospitales madrileños.